31/01/2022
*El Pasajero*
Por: Ramón Centeno
La última vez que sostuvo su mirada fue para medir el tiempo: eran las 9 y veinticinco de la noche. Llevaba una mirada profunda, inteligente, pero casi ausente, que a poco se iba sosteniendo con los últimos recuerdos en vida. En la ruta, Fernando entretejía a ratos retazos del destino dentro de aquella aventura sin retorno... y más adelante estaba su cuerpo que emanaba una inmensurable fuerza sobre aquel ambiente entristecido y adormecido.
En el primer puesto iban sus pensamientos que parecían balancearse, pequeños, oscilantes, como llama de una vela. Sus palabras se escucharon tan bajitas que no lograron despertar al chófer.
Su voz se desmenuzó.
Su aliento se paralizó.
Oí entonces, súbitamente, el aullar sostenido, el golpear de la brisa odiosa y terca. Tiritaban los halos de luz, crepitaban las puertas que, luego del impacto, quedaron selladas por la sangre. En ese momento, azotaba el revuelo de un invisible auxilio. Me sentía arrebatado y perdido como un pájaro que intenta volar en medio de huracán, en el centro mismo de una tromba monstruosa que pujaba por desarraigar el ambiente y llevarnos a todos con carretera incluida.
¡Sí!, el suelo se hundió bajo sus pies descalzos en un vacío insólito. Yacía allí, el único pasajero atrapado por el cinturón de seguridad. Miré a la infinita noche y vi las copas de los apamates inmóviles sobre un cielo iluminado, con ellos los musgos enmudecidos y petrificados, testigos de aquel hechizo nocturno, del ambiente frío que hacía ese día en Caracas.
Su cuerpo quedó vestido por una helada claridad como de plenilunio y su rostro moldeaba la interrogante “¿Por qué tan pronto?”. En medio de todo, la brisa golpeaba lo que estaba en su camino; el asfalto, el amasijo de acero, los árboles, las nubes y abría paso a aquel fatídico destino.
El 31 de enero del año 2021 fue el último viaje de Fernando Ríos. Los kilómetros entre la población de Tucupido en Guárico hasta Caracas acortaron los seis lustros de vida de quien vivió como el joven que dejó todo por servir a su país.
El relato anterior corresponde a los últimas horas en vida de un guariqueño que se convirtió en la