Juventud VBR Guacara

Juventud VBR Guacara Juventud del VBR en el Municipio Guacara del Estado Carabobo. ¡Contigo! Hacia el Poder Popular http://movimientovbr.org/

Declaración de Principios
El Estado aparece en la sociedad humana en el momento histórico en que una clase social empoderada, requería un instrumento de estabilidad política, para conservar sus privilegios dentro de una formación económico-social determinada. Para ello, creaban las normas e instrumentos de coacción y represión, que garantizaran sus privilegios, con la imposición de un orden legal

o normativo. La clase social dominante se encumbró en el poder, debido a las ventajas que les depara el hecho de ser propietarios de los medios de producción de riqueza social, legitimada por la Ley o norma jurídica que ellos mismos imponían. Así aparece por primera vez en la historia del planeta Tierra, la República Esclavista, con ese nombre y apellido debido a que el modo de producción era movido por esclavos, quienes eran comprados o conquistados en las guerras e incorporados a la sociedad esclavista, que se originó en la mal llamada Grecia democrática, que era una sociedad esencialmente esclavista, y en la Roma Imperial, donde predominaba el autoritarismo o tiranía, propio de las sociedades teocráticas, donde los mandatos derivaban de la autoridad espiritual suprema, reconocida y generalmente aceptada, en esas culturas. Luego del concilio de obispos cristianos de Nicea, en el año 325 de nuestra era, Constantino emperador de Roma, decreta al cristianismo como religión oficial del imperio, definido como universal: Católico y Apostólico, conforme a la reforma de los evangelios ocurrida en dicho concilio, con predominio del obispado romano con sede en la ciudad de Roma. A partir de esa fecha, sucedieron acontecimientos históricos que conllevaron al desmembramiento del Imperio Romano; se establecieron mandatarios de los estados feudales, legitimados por los obispos, que ungían al monarca de autoridad sobre sus súbditos por mandato divino. Súbditos o serviles al rey o monarca absoluto por mandato de Dios, con la bendición del Máximo Preceptor: El Papa. La servidumbre era económicamente pechada con emolumentos, pagos o tributos, al rey y su corte, a cambio de protección material o política y divina. Esto último, de los sacerdotes eclesiástico católico, leales al papado romano. Así transcurrió la llamada Edad Media, hasta el advenimiento de la sociedad moderna que hoy conocemos. Con la aparición del conocimiento científico y su correspondiente aplicación tecnológica a la Producción, especialmente en el campo de física, como fue la transformación de la energía eólica, hidráulica, y calórica, en energía o movimiento mecánico, sobre todo la calórica, que permitió el trabajo “in situ”, mediante la incorporación de la máquina de v***r, que transformó el mundo industrial de las ciudades feudales, donde prevalecía el modo de producción artesanal, que sucumbió al tornarse económicamente inviable, frente al arrollador progreso industrial que tenía lugar en las incipientes fábricas. La utilización del instrumento mecánico en la producción, y la mano de obra asalariada, logró la mayor producción de bienes materiales como jamás se había alcanzado en la historia de la humanidad, fue una revolución industrial. Revolución que trastocó el orden social en lo económico, surgiendo teorías científicas en torno a la productividad, valor, mercado y las relaciones de producción, esto último como objeto de estudio de la Economía Política, permitiendo la aparición de una nueva clase social en el Modo de Producción Capitalista: el proletariado, una categoría más de esa novel ciencia social, y en lo político dio lugar a la aparición de la República, fundamentada en la filosofía política de la ilustración, que propugnaba por modelo de mandato ideal, para regir la humanidad, frente al orden monárquico imperante. La revolución democrática burguesa en los Estados Unidos de Norteamérica y la de Francia, fue la respuesta, y siguiendo sus ejemplos, la revolución republicana hispanoamericana, propiciada por Francisco de Miranda, junto con otros venezolanos, capitaneados por el Libertador Simón Bolívar. La soberanía ya no residía en el poder divino de los reyes, sino en el pueblo. El ideal republicano de Simón Bolívar, las ideas pedagógicas de Simón Rodríguez y la consigna de Libertad y Tierras Propias de Zamora en la Guerra Federal, entran a engrosar el pensamiento político y económico del presente siglo venezolano. El Discurso de Angostura del Libertador, al inaugurar la República de Colombia, que igualmente soñaba el precursor de la independencia hispanoamericana don Francisco de Miranda, deberá ser un norte estratégico y metódico de la política de nuestros tiempos. Los cambios tecnológicos y científicos, presentes en la producción de bienes y servicios, así como la revolución cibernética, que permite el manejo masivo de datos y de información, en tiempo real, hoy al alcance de muchos, harán posible nuevos esquemas de participación política en una democracia que se fundamente en el protagonismo del pueblo. Los municipios serán el escenario natural de esas democracias. Los Municipios de la patria, herederos de los Cabildos, donde se debatió la gesta de emancipación de la España Colonialista, es históricamente una referencia que no debemos desdeñar. Los Municipios son nuestro legado histórico hispánico y americano, son la fuente del poder del pueblo emancipado del yugo del Estado o poder constituido, que siempre, dialécticamente, se contrapone al emancipador poder constituyente del pueblo soberano. Es indudable que la cibernética y el manejo de la informática en manos de los ciudadanos, en tiempo real, harán posible la contraloría social en el Municipio, para vigilar y controlar los planes formulados en el Concejo Local de Planificación Pública (Sala Técnica del Municipio), mediante la utilización de la información sistematizada, en manos del pueblo empoderado, circunstancia que está legitimada por disposiciones constitucionales desde 1999. Ahí reside el porvenir de la planificación local autónoma, en lo cultural endógeno, con el aprovechamiento de recursos energéticos para la vida, para la producción agrícola, para la industria sustentable, o para la producción de materias primas o semielaboradas para otros conjuntos industriales. Todo ello, realizado en el marco de una economía planificada, que permita el aprovechamiento racional de los recursos existentes en un Municipio. No cabe dudas que la revolución científico-técnica ha impulsado cambios transcendentales, de lo cual no ha escapado el quehacer político. Esta revolución por su profundidad y extensión, ha impulsados cambios más intensos que los derivados de la Revolución Industrial, pero sin la mácula de guerras fratricidas. La humanidad ha acrecentado el sentimiento antibélico después de la tragedia genocida de Hiroshima y Nagasaki. Ese sentimiento ha operado como una suerte de antídoto nuclear, que ha comprometido a la humanidad pensante a movilizarse contra las guerras, que incluso ha impulsado una nueva conciencia generalizada, respecto al doloroso balance que han dejado las clases dominantes con la generación de tóxicos y el consiguiente deterioro del medio ambiente y de la ecología planetaria, que tuvo su origen en la incontenible avidez por acumular riquezas, socialmente producidas, en pocas manos. Hoy hay una percepción distinta y existe una creciente toma de conciencia sobre la necesidad de evitar esos sacrificios, en procura de garantizar la supervivencia humana, la armonía y la paz mundial. La Democracia Participativa y Protagónica plantea un “cambio medular” en las estructuras políticas y administrativas del Estado moderno, porque la controversia entre gobierno y gobernados, es decir, entre el poder constituido (gobierno) y el poder constituyente (pueblo), da lugar a una confrontación esencialmente dialéctica, que conmoverá la conciencia de todos y necesariamente obligará a hacer del diálogo un paréntesis para la paz y la armonía entre los seres humano, atenazados por crecientes y diversas necesidades no resueltas. Así la sociedad avanzará cada día más, hasta lograr sacar de raíz el germen del odio y de la violencia social. La República ha ensayado dos modelos políticos de gestión extremos: el Liberalismo a ultranza, y el estatismo totalitario. El primero auspiciado por la supremacía financiera y política del imperialismo moderno: el Neoliberalismo; y el segundo, propiciado por la revolución rusa de comienzos del siglo XX: el Marxismo-Leninismo, devenido en Estalinismo para el resto de la intención revolucionaria socialista mundial. Modelos que han hecho crisis, con la caída y desmembramiento de la URSS, y la crisis acentuada y recurrente del Neoliberalismo económico mundializado. Rusia retrocedió al capitalismo salvaje, sumiendo a su pueblo en el Neoliberalismo, y paradójicamente también China se abre a la economía liberal, conservando los rasgos políticos, especialmente, el carácter autoritario del gobierno, para abrirle paso al Capitalismo de Estado, como vestigio del llamado Socialismo Real, cuyo Modo de Producción es el mismo que en el Liberalismo económico: Modo de Producción Capitalista, solo que el beneficio empresarial en éste, sería repartido socialmente en la función ministerial del Estado socializado. Ambos modelos extremos por sus resultados nefastos, sugieren para la humanidad un modelo intermedio: un plan estratégico mundial para el desarrollo de esa humanidad sin el peso que ocasiona el financiamiento de los Estados para la guerra. Se plantea que la empresa capitalista, liberal o de Estado, exista en función de la paz y en armonía con el medio ambiente; cuyos objetivos procuren el bienestar de los pueblos del mundo. La República Democrática fue el sueño del Libertador Simón Bolívar, utopía en su entonces, pero que se haría realidad tras la guerra federal de finales del siglo XIX, con los gobiernos del Mariscal Juan Crisóstomo Falcón (1863 – 1868) que consagró los fundamentos para la paz social para siempre en Venezuela: los Estados Unidos de Venezuela, y del General Antonio Guzmán Blanco (presidente del país en tres ocasiones:1870 – 1877; 1879 – 1884, y 1886 – 1887), que permitió la instauración de las instituciones republicanas modernas, que aunque copiadas de otras latitudes (Francia), en el aspecto jurídico y de funcionamiento del Estado moderno, permitió el ensayo constituyente de 1947, cuando se instauró constitucionalmente el voto universal, directo y secreto de los ciudadanos, posteriormente ratificados y consolidados en la constitución de 1961, en el gobierno de don Rómulo Betancourt, luego de la caída del régimen autoritario del General Marcos Pérez Jiménez. Así nació la Democracia Representativa, pero con marcada influencia norteamericana, lo cual dio lugar al bipartidismo, como esquema de dominación de la Oligarquía y la burguesía post petrolera nacional, que se apoderaron del Estado, hasta ser desplazados por grupos de poder extraños a nuestra nacionalidad, que terminaron copando a las instituciones del Estado, financieras y productivas, como PDVSA; de lo cual no escapó la educación superior, permitiendo la intervención neocolonial y/o imperialista del dominio mundial militar, en el ámbito económico y financiero nacional. Ocasionándose en el país no solo el deterioro constitucional generado por la corrupción y el dolo público, sino la miseria social ocasionada, inaudita en un país petrolero y con las empresas básicas en Guayana y el probado potencial hidroeléctrico con que contaba Venezuela. No acometió el emprendimiento de un desarrollo independiente, dejando a la deriva a un país y a una nación, indefensa ante el Neoliberalismo económico impuesto por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. El deslinde histórico e institucional democrático de nuestra era fue originado por la inherencia del Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial, factor exógeno, en nuestra economía que obligó al Estado a decretar severas medidas económicas incongruentes con nuestro desarrollo social, político, económico y cultural en general, ocasionándose en la población más sensible, al aumento de la tarifa del transporte público: el trabajador de a pie, y como consecuencia del aumento de la gasolina, medidas del llamado “Paquete Económico Neoliberal”, que se tradujo en la ignición de la insurrección popular del 27 de febrero de 1989 en Guarenas y Caracas, insurrección acéfala por carecer de una vanguardia revolucionaria que la dirigiera, pero con efectos de tal magnitud, que ocasionó un vacío de poder en el gobierno nacional de casi tres días, teniendo que recurrir éste, a la represión militar, con resultado de millares de mu***os y heridos: una masacre inédita en la historia de las luchas civiles venezolanas, dando lugar a la reflexión en el seno de las Fuerzas Armadas del país, cuyos miembros no eran ajenos al hambre y miseria que padecía el pueblo, en ese momento inmolado ante el altar de la rabia y desesperación, tal como está ocurriendo hoy en la Europa continental: España, Italia, Francia y Grecia, y en la insular Inglaterra. Esos eventos fraguaron una coyuntura histórica que motivó la irrupción de una importante facción del ejército, deslastrado de la formalidad constitucional en lo castrense, pero acrisolados doctrinalmente con el ideal Bolivariano, que convinieron derrocar el gobierno constituido a fin de erradicar la corrupción del Estado y llamar al pueblo a una Asamblea Constituyente originaria, democrática, participativa y protagónica, como se cumplió, pero esta vez, por la vía civil. Ciertamente, el golpe de Estado del 04 febrero de 1.992, que fue un fracaso militar, pero sin dudas que constituyó un éxito político, que impulsó el proceso con un germen revolucionario, traducido en la propuesta de la Democracia Bolivariana. La constitución de 1999 es el resultado de este proceso histórico fundamentado en el ideal bolivariano, el Poder Moral inscrito en ella como refuerzo supremo de la ética republicana, con el añadido tecnológico – informático en el Poder Electoral, garante de la legitimidad del Poder Constituido por el voto ciudadano. El Poder Electoral que tendrá que incursionar en todos los niveles donde deba intervenir el Poder Popular Constituyente, superando el principio de la representatividad por los principios de participación y protagonismo popular, participando en la planificación económica y social del país, en los Municipios, Regiones y Consejo Federal de Gobierno, en pleno ejercicio de su poder soberano y de contraloría social, así como su poder revocatorio y demás decisiones vinculantes. Es por ello, que cuando estamos en plena celebración del Bicentenario de aquel 5 de Julio de 1811, nosotros, militantes consecuentes con las ideas republicanas e independentistas, el pensamiento libertario y popular; el humanismo democrático y pedagógico de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora; ratificamos ante todas las venezolanas y venezolanos, nuestro compromiso con la Revolución Bolivariana, como un camino históricamente válido para la emancipación de nuestro pueblo, por cuya causa sostenemos la presente tesis política, en la que reiteramos nuestra absoluta adhesión a los principios, declaraciones y valores recogidos en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. En consecuencia, declaramos que somos una organización con fines políticos, esencialmente democrática, que lucha por el absoluto respeto de los derechos humanos, de las libertades públicas y del derecho a pensar libremente, sin que en las luchas políticas el pueblo corra el riesgo de represión alguna o de ser acosado o excluido, por las ideas que se asuman o se expresen. En consecuencia, rechazamos toda forma de intolerancia. Especialmente, las que se fundan en razones políticas, ideológicas, económicas, sociales, raciales o religiosas. Las ideas de nuestros oponentes las combatiremos en debates libres, por ardorosos que sean. PRINCIPIOS GENERALES

La política es una actividad de servicio por la Independencia, por la Libertad y por la Justicia, propia de los hombres, y por ende, reconocemos la estrecha conexión entre el accionar político y la libertad. Igualmente afirmamos que la política es una actividad pública y dada su naturaleza, estamos obligados a dar a conocer con absoluta claridad a la sociedad venezolana, respecto de los fines e intereses que movilizan a nuestra organización. Por ello, ratificamos que nuestras actuaciones serán transparentes frente a todos. Por la razones antes señaladas, declaramos que nuestro accionar político será finalista y en consecuencia, no seremos neutrales frente a la voracidad de las oligarquías, que en el afán de acumular riquezas, imponen una injusta explotación a los trabajadores, ocasionando el empobrecimiento de la mayoría de los venezolanos; no seremos neutrales frente a cualquier clase de injusticia, sin importar su origen o motivaciones; tampoco seremos neutrales frente a las pretensiones hegemónicas de cualquier gobierno imperialista o de sus aliados, encaminadas a dominar económica, financiera, científica, tecnológica y militar del mundo. Asimos, no se permitirá ni toleraremos la inherencia, en nuestros asuntos internos de gobierno extranjero alguno, que menoscaben la soberanía o autodeterminación del pueblo venezolano. Nuestra organización se unirá solidariamente a la voz de protesta de los ciudadanos, que enfrenten las injusticias en cualquier parte del planeta. Declaramos y reconocemos que la actividad política es de naturaleza polémica y conciliatoria al mismo tiempo. En consecuencia, seremos irreductibles en la lucha por fortalecer el pluralismo, la diversidad y la convivencia entre los venezolanos. Enérgicamente rechazaremos toda pretensión hegemónica de naturaleza política, ideológica o económica, por tratarse de circunstancias que limitan las libertades públicas, que son esenciales para garantizar la existencia de una sociedad verdaderamente democrática, tal como se proclama en nuestro Ordenamiento Constitucional. Declaramos nuestro reconocimiento y respeto a las instituciones que representan al Poder Público Nacional de la República Bolivariana de Venezuela. Particularmente, respetaremos el carácter apolítico de la Fuerza Armada Bolivariana. Declaramos que la actividad política, tanto en lo teórico como en el accionar que le acompaña, implica el concurso de diversos criterios, que dan lugar a múltiples manifestaciones, que contribuyen a enriquecer el debate sobre los destinos de la nación. Esto también permite identificar diversas formas de consenso que garanticen la convivencia, la libertad y la existencia de una sociedad plural y democrática, tal como se proclama en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Declaramos que la exclusión fundada en razones políticas, constituye un atentado a los derechos humanos. La exclusión fundada en esas razones provoca discriminaciones diversas, que inexorablemente conducen a una suerte de muerte civil de los ciudadanos excluidos, que quedan reducidos o imposibilitados para el ejercicio de cualquier otro derecho. Igualmente, afirmamos que no todos los ciudadanos tienen la misma capacidad para comprender y discernir respecto al complejo quehacer político. Por tanto, nuestro empeño acentuará sus esfuerzos por elevar la formación política e ideológica de nuestros militantes, quienes serán dotados de herramientas teóricas que permitan una clara comprensión de las controversias e intereses que se mueven en nuestra sociedad y respecto a las cuales debemos tener una clara percepción. En consecuencia, rechazaremos toda forma de dogmatismos, sectarismos, fanatismos, posturas unilaterales, cultos a la personalidad y otras formas de manipulación emocional, encaminadas a alienar la conciencia de las masas. Declaramos que las luchas que ha de emprender VANGUARDIA BICENTENARIA REPUBLICANA (VRB), tendrá como fuerza social fundamental a las trabajadoras y trabajadores, manuales e intelectuales, de la ciudad y del campo, reconociendo que la vanguardia histórica de la humanidad es el proletariado o clase social asalariada

VISION SOBRE EL MUNDO CONTEPORANEO. Hoy la humanidad presencia un espectacular proceso de diversificación cultural, sin precedentes históricos, que se nutre de la inmensa capacidad comunicacional, tanto de pensamientos como de información, a ritmos vertiginosos, en tal magnitud, que podemos afirmar sin exageración alguna, que vivimos una Era de la Complejidad: Ya no es posible sostener visiones simplistas, reducidas o encasilladas de los problemas de nuestros tiempos, porque la vida misma se ha tornado tan compleja, que ha desembocado en una encrucijada llena tanto de dificultades, como de alternativas. Ciertamente, la humanidad se debate entre escoger el camino del desarrollo capitalista, movido por el motor de la ganancia y el afán de acumular riquezas socialmente producidas; y la alternativa socialista, que se fundamenta en la solidaridad, el equilibrio social y económico, con el acento en el desarrollo humano. El Capitalismo ha entrado en una profunda crisis estructural, tal como lo pronosticaron los miembros del Club de Roma, conocido cónclave y vocero del capitalismo mundial, en 1972, cuando divulgaron el informe Los Límites del Crecimiento:

“… Si el actual incremento de la POBLACION MUNDIAL, de la CONTAMINACION, de la INDUSTRIALIZACION, de la PRODUCCION DE ALIMENTOS y de la EXPLOTACION DE LOS RECURSOS NATURALES se mantiene sin variación, alcanzará los límites absolutos de crecimiento en la tierra durante los próximos cien años.”

Ciertamente el capitalismo se fundamenta en la posibilidad de un crecimiento y desarrollo infinito. En el devenir, el capitalismo le ha dado certeza o viabilidad existencial a un tercio de la población mundial, que hoy vive en Europa, Japón, Estados Unidos, Canadá y parte de Rusia y China, países en donde se ha alcanzado unos aceptables niveles de progreso material, pese a que no hayan resuelto la contradicción esencial, respecto a la propiedad de los medios de producción y el proceso de dominación que de él deriva; ni han podido desaparecer totalmente algunos bolsones de pobreza que aún persisten en algunas naciones desarrolladas. Esta certeza existencial también incluye a los sectores privilegiados y a las capas medias de los países en desarrollo y de los países que integran la periferia subdesarrollada. No obstante, no podemos soslayar que para alcanzar los niveles de desarrollo que observamos, han tenido que sacrificar más de un tercio de los recursos disponibles en el planeta: Casi la mitad de los cuerpos de agua de la tierra están contaminados; se han depredado grandes extensiones de bosques y formaciones vegetales diversas y han desaparecido miles de especies biológicas; se ha roto el equilibrio térmico de la tierra, al extremo de intensificar los efectos de terribles fenómenos telúricos como tornados, tifones y huracanes. Además, nos encontramos en las vísperas de presenciar el derretimiento de los casquetes polares y tener que afrontar la amenaza de la progresiva desertización del planeta, como consecuencia del calentamiento de la atmósfera, que hemos heredado de esa alocada carrera en pos del progreso y del desarrollo científico, tecnológico e industrial. A estos pasivos ambientales también se suman el avance del fenómeno de la hiper urbanización, que se intensifica por el crecimiento desmedido de la población, que se asienta alrededor de las grandes urbes del planeta, en perjuicio de los recursos naturales, que obligan a la destrucción de grandes cinturones verdes y ha tornado más compleja la administración de problemas cotidianos como la seguridad de las personas y de los bienes, los servicios públicos y la dotación de viviendas. La tierra se encuentra agobiada por los desechos urbanos e industriales mal manejados, que se suman a aquellos desechos tóxicos provenientes de complejas industrias químicas que contaminan nuestros mares y océanos. A todo esto se suma la actividad de la minería que se expande sin garantías ambientales. En el caso venezolano, la selva amazónica recibe uno de los más graves embates. Nuestros suelos agotan progresivamente su fertilidad, debido a la explotación irracional e intensiva y al uso de agroquímicos, que han terminado por contaminar grandes reservas acuáticas subterráneas. De no ponérsele coto a este desenfreno destructivo, en la tierra escaseará el agua potable disponible para el consumo humano. En consecuencia, declaramos que la lucha por la defensa y la protección del ambiente, formará parte de la agenda de luchas y movilizaciones del VRB, por garantizar ambientes sanos e idóneos para vida humana. Por otro lado, las principales economías del mundo siguen acumulando deterioradas cifras dentro de sus principales indicadores macroeconómicos. Europa en la actualidad se debate entre la disolución de la Unión o asumir el financiamiento de los grandes déficits que acumulan naciones como Grecia, Italia, España, Portugal y algunos otros del área de los Balcanes. Se observan signos recesivos y grandes desequilibrios financieros; limitaciones para acometer y sostener importantes conquistas sociales, que fueron viables en la época dorada del capitalismo, cuando las relaciones coloniales imperantes, despojaban riquezas de la periferia subdesarrollada del planeta, en tal magnitud, que les permitió deslumbrantes progresos a expensas del empobrecimiento de muchos países del Asia, África y América Latina. Hoy muchos Bancos de los países desarrollados se encuentran atiborrados de dólares y Euros ociosos, porque el Capital Financiero Internacional ha preferido refugiarse en los bancos, ganando intereses irrisorios, antes que aventurarse a invertir en la periferia subdesarrollada del planeta, constituida por países cuyas economías están atenazadas por los crónicos déficits presupuestarios, que viciosa y cíclicamente obligan a fomentar el endeudamiento, por un lado; y por el otro, la extensa pobreza, caracterizada por la baja capacidad de consumo, lo cual disuade cualquier atractivo para recibir financiamientos fuertes para acometer desarrollos nacionales sustentables. En esas circunstancias se encuentra casi la mitad del planeta. Dadas las anteriores referencias, es forzoso concluir que el ritmo de desarrollo emprendido por el capitalismo hasta ahora, es esencialmente depredador y se alejan cada vez más, las posibilidades para desarrollar los dos tercios restantes de la humanidad, que habitan en la mayoría de los países, que están lejos de acceder a las formidables conquistas científicas y tecnológicas de nuestros días. Por esa razón, se debaten en crónicas crisis políticas e institucionales, que se suman a la pobreza, el analfabetismo, la intolerancia, la violencia, el narcotráfico y la desesperanza. En VANGUARDIA BICENTENARIA REPUBLICANA (VRB) no dudamos respecto a la necesidad de impulsar un Nuevo Orden Internacional en el marco de un Nuevo Consenso Mundial, que permita superar las terribles asimetrías que condena a vivir entre penurias a casi CUATRO MIL MILLONES de seres humanos. No se trata de fomentar bloques o alineamientos inspirados en la vieja concepción de la “guerra fría”, que dieron lugar a determinadas alianzas internacionales, que a su vez fomentaron muchas guerras locales. Las nuevas alianzas o convergencias internacionales deben tener como fondo el respeto y defensa de la soberanía, que la debemos entender como la capacidad de un país para vivir en paz, sin tener que sacrificar sus legítimos intereses o de defenderlos cuando estos se vean amenazados. Las nuevas alianzas internacionales, frente a los desequilibrios existentes, deben orientarse en la complementación de las potencialidades geográficas, comunicacionales y económicas de los países, para un mejor aprovechamiento de las ventajas comparativas. El fomento de bloques internacionales, ideológicamente inspirados, no dan a lugar a nuevos espacios para los entendimientos ecológicos, económicos, científicos o tecnológicos, sino a nuevos espacios para las confrontaciones. Sostenemos, que una parte esencial de ese consenso lo constituye la socialización y consolidación de las economías del planeta, como una vía de garantizar el equilibrio social y económico y la posibilidad de preservar un planeta libre de enfermedades, de pobreza y de gobiernos despóticos. Colocar a las mujeres y a los hombres como objetos y fines de los afanes de toda la humanidad. Entendemos que hacia esa dirección habrá de converger los esfuerzos del mundo de nuestros días, para hacer viable la vida en la tierra. Tres temas fundamentales están objetivamente planteados en la agenda mundial: El combate a la pobreza; la protección del ambiente a nivel planetario y el cese del militarismo y el armamentismo, que ha devenido en una amenaza mundial. La pobreza hoy alcanza a más de la mitad de la población del mundo y en sus manifestaciones más extremas, acogota al 20% de la población: Se trata de gente que no tienen acceso a los servicios de agua potables; que habitan viviendas precarias; que sobreviven con ingresos que no superan los dos dólares diarios; que viven en ambientes sanitarios deplorables, padecen enfermedades endémicas y, además, sufren de desnutrición, debido a la precariedad y escasez de alimentos. Este diagnóstico no es abstracto, en Venezuela podemos observar y verificar que muchas familias aún viven en condiciones parecidas a las descritas. Paradójicamente, a nivel mundial, los gastos para fines militares implicaron erogaciones cercanas a 1,6 billones de dólares en el 2010. El 43 por ciento de esa cantidad (698.000 millones de dólares) corresponden a los Estados Unidos; China, por su parte, destinó 119.000 millones de dólares a fines militares, un siete por ciento del total. Entre los diez países con mayor gasto militar figuran también Japón, Francia, Arabia Saudí, la India e Italia. Resulta impresionante la insensibilidad e inmoralidad de esos países, que gastan en un año, casi el doble de la deuda externa que los países pobres han contraído con ellos mismos, a los cuales esquilman con intereses que obligan a expatriar capitales, que bien pudieran ser utilizados para aliviar la pobreza que padecen. Obviamente, la pobreza deriva de la anormal distribución de las riquezas, tanto a nivel interno, como a nivel internacional. La lucha contra la pobreza a nivel internacional, implica plantearse la condonación de la deuda externa de los países pobres y la habilitación de recursos financieros para promover desarrollos sustentables en esas partes del planeta. Esa lucha deberá engranarse con la que se libra por la conquista de sociedades socialistas, fundadas en el reconocimiento al derecho a una vida digna a todo ser humano. En el orden interno también implica la revisión de la política salarial: Revisar la remuneración al trabajo y los márgenes de ganancias del capital. LA VRB Y EL DESTINO DE VENEZUELA

Venezuela no puede seguir al garete, conducida por timoneles con las brújulas confundidas, envueltos en la bruma de las vagas generalizaciones de doctrinas mal digeridas. Por eso, en el orden económico nacional, debemos admitir que sólo podremos distribuir las riquezas que se produzcan y se multipliquen. Esto implica abandonar progresivamente el esquema de mono producción petrolera, que caracteriza a la actual economía nacional. Es preciso encarar un proceso económico que apunte hacia la diversificación de la producción y de los actores económicos. De nada vale incrementar las riquezas si el control continúa en manos de la burguesía financiera del país o de una burocracia estatal, que ha propiciado un orden interno caracterizado por sus asimetrías, debido a la injusta distribución de la riqueza, que se concentra en pocas manos y porque auspicia la dependencia de factores externos, tanto en lo financiero como en lo tecnológico. Esta realidad obliga a acometer el emprendimiento de una economía estructurada sobre bases democráticas y de progresiva socialización: Las empresas cooperativas; las colonias agrícolas, estrechamente vinculadas a una agroindustria auto gestionada; las pequeñas empresas comunales o de propiedad social y la promoción de sociedades integradas por profesionales de la ingeniería, la gerencia, la economía y la administración, quienes conjuntamente con trabajadores, emprendan pequeñas y medianas industrias, bajo los auspicios financieros del Estado. El Estado intervendrá como el gran regulador y promotor del fomento económico, sin trocarse en dueño de esos medios de producción, que pertenecerán, en definitiva, a los diversos colectivos que se asocien para producir, conservando el Estado para sí, las llamadas empresas básicas o estratégicas, que por su trascendencia nacional, no pueden ser entregadas a la gestión privada. La política social hacia los trabajadores, además de la justicia salarial y participación en la gestión empresarial, también contemplará el tema educativo y la progresiva calificación técnica del trabajador, la dotación de viviendas dignas, el establecimiento de comedores populares y el impulso de una política recreacional para los trabajadores y sus familiares. Esto último, implica reconocer a la recreación como parte de los derechos integrales de los trabajadores, cuya eficacia real debe garantizar el Estado Venezolano. Todo ello implica un ejercicio de imaginación y paciencia, que nos habilitará para romper los viejos paradigmas tanto de la economía liberal, como de las economías estatizadas, al estilo del llamado “socialismo real” del siglo pasado, que fracasaron estruendosamente, debido a la burocratización en la gestión del Estado y al carácter autocrático de los gobiernos que la propiciaban, que se sumaba a la ausencia de una praxis democrática. Con la visión que proponemos desde el VRB, se procura armonizar la natural aspiración del hombre hacia un progresivo bienestar material, con la necesidad de lograr un desarrollo humano y social que alcance a todos los venezolanos. La idea central es la de procurar un equilibrio entre el interés individual y los intereses colectivos de la sociedad. EL VRB Y LOS ACTUALES DESAFIOS. En esta efeméride bicentenaria es obligante para todo venezolano reconocer y enaltecer el valor de esta heroica jornada cívica que proclamó la Independencia Nacional del poderoso yugo español. Procesos similares fueron coetáneos con este evento histórico. Paradójicamente, en muchos de esos países todavía esperan por la emancipación económica y social, y por la concreción de los sueños de nuestros libertadores, de implantar gobiernos que garanticen la mayor suma de felicidad social y de estabilidad política posible. Obligada reflexión nos merece la interrogante ¿Qué ha pasado en nuestros países, que no fuimos capaces de alcanzar los niveles de desarrollo económico, social, científico y tecnológico que observamos en otros países, que obtuvieron su independencia casi al mismo tiempo que nosotros? Ante esa interrogante, es forzoso concluir que la respuesta está en nuestro accidentado devenir republicano. En nuestras sociedades, perdimos demasiado tiempo y oportunidades de progreso, de desarrollo institucional, humano y social, debido a los frecuentes y prolongados conflictos políticos, que prosperaron con el estímulo de la intolerancia y los crónicos desacuerdos entre los venezolanos. Perdimos demasiado tiempo en luchas intestinas, revueltas y montoneras, que desembocaban en la conformación de gobiernos autocráticos, que cotidianamente violaban elementales derechos que la humanidad ya proclamaba como inviolables: La vida y la libertad de las personas y el derecho a elegir libremente sus gobernantes. Entre 1811 y 1947, año en que tuvo lugar la primera elección directa, universal y secreta, transcurrieron 136 años. En ese mismo lapso tuvimos 23 Constituciones Nacionales, datos que por sí mismo revelan el endeble desarrollo institucional de Venezuela, que corremos el riesgo de repetirlo, si no asumimos una férrea defensa de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, para que surta eficacia plena y rompa el circulo vicioso, históricamente observado, de cambiar las constituciones, cada vez que cambien los gustos, preferencias o intereses de los grupos de poder gobernantes. En síntesis, en Venezuela no ha habido un desarrollo institucional uniforme. En el pasado todas las instituciones del país han sido avasalladas por el poder oligárquico, político o militar dominante. Siempre los grupos de poder se colocaron por encima de las instituciones y prosperó un orden al margen de las formalidades legales, que convirtió a las garantías y los derechos ciudadanos, en declaraciones vacías, sin eficacia alguna. El ciudadano frecuentemente ha sido víctima de toda clase de abusos, cuando sus derechos eran desconocidos o violentados. Las instituciones judiciales se tornaron incapaces de restituirle esos derechos. Así resultaba imposible la existencia de un Estado Social de Justicia y de Derechos. En la actualidad, pensamos que la superación de las lacras heredadas de ese accidentado pasado y de la vieja “Democracia Representativa”, aun constituye uno de los grandes desafíos de la Revolución Bolivariana. Con el natural júbilo que sentimos por la efeméride bicentenaria, sinceramente formulamos una invitación a hacer una descarnada reflexión sobre el balance de estos dos siglos de vida republicana, para no repetir las nocivas prácticas civiles y políticas, que desembocaron en cíclicas conflagraciones violentas, sin que mediaran razones que justificaran esos sangrientos enfrentamientos entre hermanos. Por eso, en nuestro accionar político siempre habrá una abierta convocatoria al diálogo, a la discusión franca y desprejuiciada de los problemas nacionales, animados por la idea de lograr acuerdos y consensos que permitan la convivencia pacífica de todos los ciudadanos. No pretenderemos ser dueños exclusivos de la verdad, pero estamos dispuestos a defender intransigentemente principios esenciales respecto a la justicia, la libertad y el respeto a la persona humana, que consagra nuestro ordenamiento constitucional. VISION GENERAL DEL PORVENIR DE VENEZUELA

Declaramos que nuestra existencia y justificación política e ideológica, se desenvolverá dentro de la Revolución Bolivariana que está en marcha. Este aserto conlleva asumir la responsabilidad de una actitud militante, en defensa de este proyecto, que ha abierto la posibilidad real de fomentar una sociedad democrática, participativa y protagónica, en el seno de un Estado Social de Derechos y de Justicia. Esta afirmación obliga a los militantes del VRB, ser celosos defensores de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, instrumento jurídico que constituye un verdadero consenso histórico alcanzado por los venezolanos, que nos permitirá auspiciar un orden social, político y económico, para acceder a superiores niveles de desarrollo humano, para vencer la pobreza y los desequilibrios económicos, que han pervivido secularmente entre nosotros. En el Preámbulo de la Constitución Bolivariana, se encuentran las grandes líneas de una agenda histórica, que servirá de inspiración para las luchas que acometeremos en el porvenir. En consecuencia asumimos e invitamos a todos los venezolanos a abrazar, los objetivos estratégicos de

“…refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia, federal y descentralizado, que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la convivencia y el imperio de la ley para esta y las futuras generaciones; asegure el derecho a la vida, al trabajo, a la cultura, a la educación, a la justicia social y a la igualdad sin discriminación ni subordinación alguna; promueva la cooperación pacífica entre las naciones e impulse y consolide la integración latinoamericana de acuerdo con el principio de no intervención y autodeterminación de los pueblos, la garantía universal e indivisible de los derechos humanos, la democratización de la sociedad internacional, el desarme nuclear, el equilibrio ecológico y los bienes jurídicos ambientales como patrimonio común e irrenunciable de la humanidad…”

Estos objetivos fueron establecidos por el poder constituyente del pueblo soberano, en el curso de un intenso debate democrático, que nos obliga a entender, que el consenso originario logrado por nuestro pueblo, constituye un hito histórico, que pone término a las crónicas y enfermizas confrontaciones que partearon los conflictos en siglos pasados y que impidieron darle direccionalidad democrática a la República de Venezuela. Entendemos que definir el rumbo económico social de Venezuela, es un desafío complejo, el cual debemos encarar, tomando en cuenta las relaciones globales que actualmente existen y las complejas manifestaciones científicas, tecnológicas y económicas que de ella derivan. Requerimos una clara interpretación respecto a las limitaciones estructurales en las relaciones de producción existentes, tomando en consideración, como un claro norte, el desarrollo de las fuerzas productivas materiales, con el fin de superar obstáculos para el desarrollo económico social que aspiramos. Comprendemos que la humanidad encara una convulsiva situación, de complejas manifestaciones, que no es dable dilucidar con modelos esquemáticos, en los cuales se contemplan “un reducido número de relaciones sociales más o menos evidentes, heredadas de quienes interpretaron un mundo comparativamente simple. Hoy los autores contemporáneos se encuentran en conflicto ante la imposibilidad de explicarse, con dichos esquemas, muchos de los fenómenos que ocurren a su alrededor. Por ello, los estudios de las ciencias sociales de hoy han centrado su preocupación en el desarrollo de nuevas metodologías, que permitan, con los recursos tecnológicos que hoy disponemos, tomar en cuenta múltiples variables y sus relaciones presentes en los fenómenos sociales, cada vez más complejos.”

“Como consecuencia lógica de todo ese proceso, ha sido el hecho de que dirigentes y líderes de diversas corrientes políticas se hayan visto en la necesidad de revisar sus postulados, analizarlos científicamente e introducir modificaciones que no constituyen, necesariamente, inconsecuencias con principios previamente sustentados, sino el lógico reconocimiento de que los procesos de transformaciones y cambios sociales, del cual somos testigos y actores, hace que la verdad de ayer ya no lo es hoy y mucho menos lo será mañana. Quienes no se sometan a este exigente proceso dialéctico perderán vigencia y vivirán la angustia de permanecer atados al pasado. Aún más, desaparecerán, ahogados por los cambios.”. Luis Beltrán Prieto Figueroa. Del Tradicionalismo a la Modernidad, 1967.-

Los pensadores que pretendan que las ideas tiene una validez uniforme para todas las épocas de la historia, están dramáticamente condenados a ser esclavos de visiones superadas por la realidad que prevalece en el mundo de hoy. Realidad que está sometida a las fuerzas de los grandes cambios culturales que aparejan el vertiginoso devenir de nuestros días, jalonado por la existencia de poderosos e intensos medios de difusión masiva de información y desinformación, disponibles en tiempo real, para influir de algún modo en el comportamiento de la humanidad, como nunca antes. Por ello, es imposible encasillar al hombre de nuestros tiempos, en estrechas concepciones y pensamientos unidimensionales, ni mucho menos pretender una uniforme comprensión del mundo actual, que por diverso, es esencialmente complejo. Ese es el ritmo dialéctico de nuestros tiempos, presenciamos procesos, en permanente cambios cualitativos y cuantitativos, que a su vez engendran otras cadenas de cambios, que pueden sorprender hasta a la más encumbrada imaginación. En ese contexto, lo aconsejable es permanecer en una constante alerta intelectual, para mantener la frescura del pensamiento. Esto, por sí mismo, constituye un desafío muy concreto y lo más recomendable es estar atentos antes esos cambios, que inevitablemente impulsarán otros cambios. Es por ello, que el dogmatismo desentona históricamente con la actual realidad cultural del mundo. Igual afirmación sostenemos respecto a la pretensión de asumir liderazgos forjados al calor de la aclamación, adoración o culto a la personalidad del líder. El nuevo liderazgo deberá ser mucho más eficaz en la promoción de acuerdos y consensos, para buscar soluciones ordenadas y racionales a los problemas de nuestros tiempos. Los liderazgos colectivos, serán cada vez más comunes en la conducción y manejo de las complejas realidades del mundo contemporáneo. Consecuentes con las reflexiones anteriores, declaramos que no basta con definir una ideología, en el sentido instrumental del término, como herramienta para ubicar y definir el campo de las ideas que utilizaremos para percibir, interpretar, discernir y formarnos una representación de la realidad que nos rodea. No obstante, consideramos necesario el uso de una denominación específica, para atenuar la ambigüedad teórica. Pero además, debemos acompañar esta denominación con la fijación de posiciones frente a problemas y situaciones concretas, que marcarán el camino de una conducta consecuente. En este sentido, en el VRB abrazamos los principios filosóficos, políticos y republicanos del Libertador Simón Bolívar. Igualmente asumimos la validez teórica del materialismo histórico y dialéctico, la economía política marxista, como ciencia social, tal como lo propusieron y desarrollaron Carlos Marx y Federico Engels, como herramienta filosófica y científica para indagar y comprender el presente y el porvenir de la humanidad. Esas herramientas las consideramos idóneas para la interpretación de nuestro convulsionado mundo. Igualmente, asumimos los objetivos históricos del socialismo, particularmente en lo referente a la lucha del proletariado del mundo por superar la explotación del hombre por el hombre. MARCO IDEOLOGICO DEL VRB

No existe certeza respecto a cuándo, históricamente hablando, será posible proclamar a la República Bolivariana de Venezuela, como un Estado Socialista. Compartimos la validez de muchos de los postulados desarrollados y madurados con el devenir teórico de los pensadores del socialismo a nivel mundial. En ese intenso debate, se han vertebrado orientaciones y principios doctrinarios en el orden político, social, cultural y económico, que éticamente apuntan hacia la concreción de valiosos objetivos humanos y políticos, que perfectamente podemos asumir, sin quebrantar o doblegar nuestras convicciones democráticas. Sin embargo, no podemos soslayar el hecho, que antes de emprender cualquier otra organización económico-social en nuestro país, debemos alcanzar plenamente el empoderamiento real del pueblo, para que en Venezuela tengamos una sociedad democrática, participativa y protagónica, tal como lo ordena la Constitución Vigente. El Socialismo, en nuestra visión, será una etapa superior en el desarrollo de la sociedad y del Estado Venezolano, que habrá de ser posible, cuando hayamos avanzado y se haya concretado ese empoderamiento real del pueblo, fundamentado en un proceso educativo que lo habilite para la gestión de gobierno y la dirección política. Es este empoderamiento popular el mejor antídoto contra las perversiones del burocratismo, que ha sepultado vigorosos ensayos revolucionarios que han tenido lugar en otras latitudes. En esas condiciones, Venezuela será, lo que las mayorías populares decidan que sea, porque el Socialismo ni se decreta ni se puede imponer. Por esa razón rechazamos la posibilidad de implantar el socialismo, estableciendo gobiernos autoritarios, que sacrifiquen las libertades e implanten hegemonías que nieguen la necesaria pluralidad que debe existir en sociedades abiertas y democráticas. El socialismo que nosotros reivindicamos deberá ser esencialmente democrático y plural. Ello nos obliga a adoptar y aplicar teorías y postulados, que armonicen con la sicología y valores actuales de la venezolanidad. La fuerza fundamental en un Orden Socialista es el trabajo y el valor de lo que se produce debe estar en función del TRABAJO SOCIALMENTE NECESARIO para la producción de bienes y servicios. Los excedentes que así se generen, deberán, en gran parte, destinarse a la satisfacción de las necesidades sociales y otra parte al progreso material de los trabajadores. La fuerza de la solidaridad y la cooperación, será el motor fundamental de la sociedad; el ascenso material en la calidad de la vida de los trabajadores, no se contrapone a los principios de la producción socialista: A mayores niveles de producción le debe corresponder un superior estándar de vida para toda la sociedad. En cualquier caso, las teorías marxistas y las corrientes de pensamiento que le sucedieron, tienen dos lecturas posibles: Una dogmática y otra crítica. Nosotros nos inscribimos en la segunda. No obstante, no debemos olvidar que el núcleo de las ideas que ocupan el centro del debate entre el pensamiento socialista y el pensamiento capitalista, todas fueron escritas con plumas de garza. Para entonces la humanidad ni siquiera vislumbrada la vertiginosa carrera de cambios que habría de presenciar el hombre de nuestros tiempos. Una hegemonía ideológica o política, como objetivo deseable para una sociedad de la actualidad, solo caben en aquellas mentes que se hayan atrapadas en un pasado imposible de reproducir. El pensamiento de Simón Bolívar, es pertinente en las actuales circunstancias de la América Latina. La lucha por la independencia real de nuestros pueblos frente a toda clase de dominación extranjera, todavía está vigente. La lucha por la unidad de los pueblos de nuestra América Latina se justifica, porque estamos ante una confrontación inevitable con el Imperialismo, que si no la superamos, será imposible aspirar a un desarrollo independiente. Además, con la fuerza de la unidad de nuestros pueblos, tal como lo aspiraba nuestro Libertador, será posible discutir en igualdad de condiciones, respecto a las asimétricas e injustas relaciones económicas, políticas y militares con Norteamérica, cuya superación es condición indispensable para emprender nuevas relaciones fundadas en el respeto de nuestras soberanías. Por su parte, el llamado del Ezequiel Zamora al levantamiento popular contra las oligarquías, fraguado dentro de los episodios de la Guerra Federal (1859-1864), es precursor de las luchas populares de los campesinos venezolanos por el derecho a la propiedad de la tierra, que aún se encuentra en vías de realización. Las consignas “tierra y hombres libres”, “respeto al campesino”, “desaparición de los godos”, fueron consignas esencialmente anti oligárquicas, proclamadas por quien fue llamado “General del Pueblo Soberano”. Tampoco podemos soslayar el pensamiento federalista que inspiró las luchas y movilizaciones de Zamora. Hoy día, es imposible reivindicar las ideas zamoranas y al mismo tiempo proclamar la Centralización del Estado. En todo caso y lugar, esa controversia quedó resuelta en la Constitución Vigente, en el Artículo 4, correspondiente a la parte dogmática o de Disposiciones Fundamentales, al declarar que “La República Bolivariana de Venezuela es un Estado Federal descentralizado en los términos consagrados en esta Constitución…¨”

Ciertamente, el 10 de diciembre de 1859, se desarrolló la batalla de Santa Inés, donde Zamora derrotó a las fuerzas partidarias del Centralismo. A partir de entonces Venezuela ha sido y es, un Estado Federal, con características sui generis, que permite una descentralización del poder, que es racionalmente aceptable, para promover un desarrollo económico, social y político armónico de los estados federados. Sin dudas, que en un Estado participativo y democrático, las regiones deben poder ejercer el derecho a decidir el ritmo y orientación de su desarrollo, en armonía con los planes nacionales que determine el Estado Venezolano, partiendo de las singularidades que derivan de sus realidades geográficas, demográficas y culturales. Tomando en cuenta las potencialidades asociadas a la existencia en sus territorios de recursos naturales, renovables o no. Las contradicciones que emerjan de la descentralización, pueden ser perfectamente corregibles y armonizables en el Consejo Federal de Gobierno, en donde están representados todos los estados y municipios del país. Esa Institución está previsto en la Constitución Vigente, y conforma la cúspide del Poder Soberano del pueblo, que nace desde los Consejo Comunales y se expanden hacia arriba a través de los Consejos Locales de Planificación Pública y los Consejos Estadales correspondientes. Este sabio mecanismo de poder popular, previsto en la Constitución de la República Bolivariana, permite resolver la contradicción fundamental de la República entre el Poder Constituido (gobierno) y el Poder Constituyente (Pueblo). Respecto a Simón Rodríguez, es importante hacer los siguientes comentarios: El Historiador Alfonzo Rumaso González llamó con justicia a Simón Rodríguez “El Maestro de las Américas”, tal título se corresponde con el profundo sentido humano que este ilustre ciudadano imprimió a sus actividades docentes. Fue un hombre integral, informado en muchas ramas del saber de entonces: Literatura, matemáticas, física y filosofía. Era políticamente un fervoroso partidario del republicanismo entonces en boga. Solía decir: “…Mi gran proyecto consiste en poner en práctica un plan bastante meditado que estriba en colonizar la América con sus propios habitantes, para evitar lo que temo acontezca un día; es decir, que la invasión repentina de inmigrantes europeos más inteligentes que nuestro pueblo actual, venga a avasallarlo de nuevo y a tiranizarlo de un modo más cruel que el del antiguo sistema español… ese proceso deberá afincarse en una educación para el trabajo y para el fomento de la sabiduría y la bondad de los hombres… Inventamos o erramos”

Esas frases retratan con fidelidad el humanismo y sentimiento americanista de este Ilustre Venezolano, cuyas lecciones, hoy aún nos sirven para modelar el proceso de Liberación Nacional que nos proponemos. Las anteriores ideas, constituyen gruesas pinceladas sobre el pensamiento que inspiró al Movimiento Bolivariano Revolucionario MBR200, desde donde se fraguó el proceso que desembocó en los acontecimientos del 4 de febrero de 1992, que nuestra organización retoma plenamente, como pensamiento para la movilización y relanzamiento de la Revolución Bolivariana, en estos tiempos de confusiones y contradicciones. PRINCIPIOS IDEOLOGICOS Y PROGRAMATICOS DEL VRB. Consideramos oportuno hacer las precisiones respecto al marco teórico que servirá de fuente para una ordenada reflexión sobre la realidad de nuestro tiempo. El universo se caracteriza por un inmenso proceso de evolución de la materia y de las formas de vida hacia niveles más complejos y elevados; la evolución no sigue una línea recta, sino que se realiza a través de innumerables fases dialécticas. Cada progreso social va acompañado de reacciones y retrocesos. Sólo se avanza combatiendo y derribando obstáculos, que por momentos frenan la marcha y hasta obligan al retroceso. La Historia de la Humanidad es la continuación del proceso dialéctico universal. La historia se caracteriza por constantes luchas de clases entre opresores y oprimidos; luchas estas que corresponden, en cada una de sus etapas, a contradicciones entre el crecimiento de las fuerzas de producción y el carácter de las relaciones de producción existentes en un momento dado. La dialéctica de las luchas de clases, es el motor de la historia. En última instancia, los cambios económicos y científicos son la principal causa de las grandes transformaciones sociales, políticas y culturales. El Capitalismo, sistema económico-social que permitió un enorme crecimiento de las fuerzas productoras y progresos de toda índole, ha llegado al punto donde ya no da cabida a las nuevas fuerzas económicas y sociales. Sus contradicciones y sus crisis se hacen cada vez más presentes. En su actual etapa final, el sistema capitalista es imperialista, es decir, que los centros financieros dominantes necesitan explotar regiones y pueblos dependientes. La lucha obrera por el socialismo y la lucha de los pueblos dependientes contra el imperialismo, constituyen dos acciones que se complementan mutuamente. En el movimiento obrero internacional existe una corriente socialista correcta y dos desviaciones: la reformista y la dogmática. La corriente reformista y timorata representa una aproximación de un sector del movimiento proletario a las posiciones de las capas medias. En cambio la desviación dogmática, generalmente adolece prácticas burocráticas, autoritarias, contrarias a la democracia socialista. La corriente socialista es revolucionaria a la vez que democrática; combina la lucha radical contra el sistema capitalista con la pluralidad de opiniones dentro de las filas revolucionarias, y con respeto a los derechos humanos. El VRB formará parte de esa corriente universal socialista. El VRB considera que los valores democráticos y humanistas tienen vigencia permanente y universal, que alcanzarán su máximo desarrollo en el socialismo. Sostenemos que el capitalismo deforma y suprime la democracia: El poder del pueblo es sustituido por el poder del dinero. EL EMPODERAMIENTO REAL DEL PUEBLO. El VRB, se constituye en una vanguardia plural y democrática, que luchará por la eficaz vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y como consecuencia de ello, defenderemos la soberanía nacional, el pluralismo político, el carácter participativo y protagónico de la sociedad venezolana y el respeto de los derechos humanos mundialmente reconocidos. La progresiva democratización del país, será producto del proceso de empoderamiento real del pueblo. El socialismo será un orden que estará bajo la fundamental rectoría de los trabajadores, meta que habremos de alcanzar para eliminar la explotación del hombre por el hombre en el modo de producción capitalista. Ello será posible cuando hayamos elevado nuestra conciencia social respecto a la solidaridad y la cooperación, por haberse tornado una praxis cotidiana en el accionar político y económico, como consecuencia de haber alcanzado, las mayorías nacionales, altos niveles de desarrollo humano y social. El empoderamiento del pueblo, está previsto en nuestro ordenamiento constitucional y lo consideramos como un remedio eficaz contra el burocratismo, que históricamente ha propendido a imponer unas relaciones de poder extraño y ajeno a los intereses históricos del proletariado. LA PAZ, LA COOPERACION INTERNACIONAL Y EL DESARME. En el ámbito internacional el VRB luchará por un mundo plural y diverso; por la erradicación de la carrera armamentista y la abolición de las armas atómicas; por la democratización de las conquistas científicas y tecnológicas, auspiciando la cooperación internacional, dirigida a corregir las asimétricas e injustas relaciones económicos sociales, que han prosperado en el marco de procesos de intercambios desigual de valores, totalmente adversos a los países pobres, generalmente productores de materias primas, que hoy se encuentran sumergidos en una crónica pobreza, que atormenta a más de la mitad de los habitantes del planeta. La paz y el ejercicio de la solidaridad económica, social y cultural, en procura de un mundo equilibrado, estará en la agenda permanente del accionar político del VRB en el ámbito internacional, sumando esfuerzos por el establecimiento del socialismo, que hará posible la emancipación definitiva de la humanidad. EL SOCIALISMO: UNA META HISTORICA. En una sociedad socialista prevalece el valor del trabajo, no como una vía para el hombre reproducir y preservar su existencia, sino como una actividad que compromete a cada ciudadano a aportar el trabajo NECESARIO, como una contribución al esfuerzo colectivo por alcanzar superiores niveles en la calidad de la vida de todos. El trabajo que es objeto de libre contratación, no podrá servir para procurar ventajas de unos sobres otros o para acumular riquezas en detrimento de la sociedad en general. Todos tendrán acceso a los medios para granjearse una vida digna y a una compensación, en armonía con sus esfuerzos y con el nivel de preparación y talento que aporte al proceso productivo. El trabajo es el motor esencial para el hombre transformar y cambiar el medio físico o natural que le rodea y por entenderlo así, sólo reconoceremos a un régimen socialista, cuando la vanguardia política de esa sociedad esté constituida fundamentalmente por trabajadores manuales e intelectuales, de la ciudad y del campo. El socialismo implica el empoderamiento real del pueblo trabajador. Convencidos de que el socialismo no se decreta, ni se impone, so pena de apartarse de su esencia democrática, afirmamos que en el actual establecimiento de la sociedad venezolana, lo que procede es una enorme movilización y esfuerzos por empoderar al pueblo, que es constitucional y políticamente posible, sin violentar el actual Orden Establecido por la Revolución Bolivariana. PAZ, DEMOCRACIA, PLURALISMO Y LIBERTAD. El pluralismo en una sociedad democrática, emerge del reconocimiento y tolerancia hacia diversas maneras de entender y asumir la realidad socio histórica que nos toca presenciar. Por el contrario, el sectarismo, se constituye en un enfermizo camino hacia la intolerancia y la exclusión. Un ciudadano que resulte excluido o relegado, por razones políticas, queda reducido a un menguado ejercicio de sus derechos civiles. En ese momento, emerge la inequidad política y se lesiona gravemente el carácter democrático de la sociedad, dando paso a que prosperen las arbitrariedades y el abuso, que alimenta resentimientos, que a su vez, siembran el germen de la violencia. Nadie, por minoritaria que sea la posición en que se encuentre, se resigna a ser discriminado. Cualquier ciudadano al verse coartado en el ejercicio de sus derechos, con la legitimidad que le otorga la Constitución, bien puede rebelarse y apelar a la violencia, como recurso extremo, para hacerlos valer y hasta puede recibir el reconocimiento y solidaridad de muchos otros, ante tales circunstancias. Para el VRB la paz no es una opción más. Para nosotros, la paz es el único camino para acceder al desarrollo humano que nos proponemos alcanzar con la Revolución Bolivariana. Estamos históricamente convencidos que la violencia ha estado presente en el accidentado devenir institucional de Venezuela. Sobre los hombros de la intolerancia y del sectarismo se fraguaron las diversas confrontaciones que desangró a nuestro país por más de un siglo, de las cuales heredamos dolor, atraso y frustración. En consecuencia, el VRB luchará por garantizar el respeto de otras formas de pensar y por la preservación de la pluralidad política en la sociedad venezolana, como condición esencial para preservar la paz ciudadana. Igualmente, promoveremos el respeto de la libertad de conciencia, que incluye el respeto por las personas e instituciones afiliadas a cualquier credo religioso.

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