02/05/2017
Gabriel Chuchani (31 de mayo de 1924 - 30 de abril de 2017)
El padre de la química moderna venezolana
No solo conocía la química, sino también la técnica para ser feliz. Así lo reveló en una entrevista para la revista Bitácora, Gabriel Chuchani, investigador emérito del Centro de Química del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), a quien se le observó durante 59 años por las instalaciones de la institución.
Para aplicar su premisa, basta con hacer lo que a uno le gusta, decía. "Me gusta crear conocimientos fundamentales, crear conceptos, crear cosas nuevas", confesaría este investigador nacido en Jerusalén, cuyo ingreso al IVIC fue el 16 de marzo de 1958, con 34 años de edad. Allí tenía una misión, fundar el Centro de Química, y vaya que la cumplió.
Chuchani era miembro del grupo de investigadores de la Fundación Luis Roche que sería trasladado al IVIC para construir sus cimientos. Si repasamos la historia, antes funcionaba allí el Instituto Venezolano de Neurología e Investigaciones Cerebrales (IVNIC), el cual fue suprimido para crear el IVIC.
Chuchani recordaba cómo eran las discusiones que mantenían los miembros fundadores del IVIC: el destino de la institución. Finalmente, en el año 1959 se crea formalmente como una institución de carácter multidisciplinario, bajo la dirección de Marcel Roche. Química fue uno de los primeros departamentos, sin embargo a Chuchani le inquietaba la inexistencia de una tradición científica en el campo de la química en Venezuela. Para mayor preocupación, esta ciencia madre era considerada, en aquel momento, una disciplina al servicio de la medicina y farmacia.
Chuchani se impuso formar generaciones de químicos en Venezuela. Incluso, una de sus biografías señala cómo este investigador consideró necesario crear estudios de cuarto nivel y establecer escuelas graduadas. Este sería, para él, "el nivel adecuado y razonable para que los egresados de las universidades venezolanas adquirieran los recursos académicos suficientes en cuanto a la orientación en las diferentes especialidades y poder atacar los problemas prioritarios del país, así como reforzar las enseñanzas académicas".
Se enorgullecía de los estudiantes que había formado a lo largo de su trayectoria. Formó grupos de trabajo, cuyos integrantes han ocupado posiciones jerárquicas en instituciones académicas, científicas y empresariales. Buscó y encontró becas para aquellos estudiantes cuya formación académica requería completarse en el exterior. No escatimó en ceder estudiantes a otros colegas para ampliar y diversificar las especialidades en el campo de la química.
"Siempre he pedido que la gente que formo sea igual o mejor que yo. Esa ha sido mi bandera" decía.
El Centro de Química del IVIC
Chuchani confesaría, años más tarde, la angustia que le producía tener que trabajar entre biólogos y médicos durante los primeros años del IVIC. "El químico estaba como cucuracha en baile de gallina. Si no hubiese existido mi humilde persona ¿qué hubiese sido de esto?", dijo en aquella entrevista y aunque sonaría petulante, era notorio que no fue liviano el peso que llevaba en sus hombros.
El camino no fue fácil, pero los logros enormes. Le agradecía a Roche el atributo que este le conferiría en 1983: ser padre de la química moderna de Venezuela, de acuerdo con lo que escribió el fundador del IVIC en el Diario de Caracas.
El mérito tiene su historia. Además de su actividad académica y la generación de relevo formada, Roche había depositado su confianza en Chuchani. Le encomendó el anteproyecto del Centro de Química y luego Raimundo Villegas, como segundo director del IVIC, lo gestionó ante el gobierno. La construcción se inició en 1970 y Chuchani la inspeccionaba todos los mediodías.
La obra se inauguró en 1974, pero con un nombre más amplio: Petróleo y Química. A Chuchani el nombre le pareció inadecuado porque se necesitaban instalaciones muy distintas. El tiempo le daría la razón: años más tarde, investigadores dedicados al área petrolera fundarían el Intevep.
Como precursor del campo de la química, consideraba que esta tenía muchas aplicaciones. Petroquímica, polímeros, química medicinal, catálisis y productos naturales son algunas de las ramas que mencionaba, no sin advertir: "para cualquier desarrollo, hay que estar preparado. Se necesita conocer conceptos fundamentales para atacar los problemas y saber qué recursos académicos usar".
Cuando la inconformidad impulsa
"Nunca he estado satisfecho. Ni de mis estudios ni de mi trabajo. Cuando culminé el bachelor (en Estados Unidos) no estaba satisfecho. Hice la maestría y tampoco. Busqué la manera de hacer el doctorado. Lo terminé y tampoco estuve satisfecho".
Así describió, una vez y someramente, el motor que le impulsó hacer su trayectoria académica. Chuchani estudió su primaria y secundaria en Venezuela y los universitarios en Estados Unidos. Obtuvo los títulos de Bachelor y Master of Science in Chemistry en la Universidad de Delaware, en los años 1950 y 1951, respectivamente. El título de Doctor of Philosophy in Chemistry le fue conferido por la Universidad de Louisiana, en 1954.
Chuchani se interesó en las investigaciones en cinética y los mecanismos de reacciones de compuestos orgánicos en fase gaseosa. Por su trabajo fue considerado uno de los líderes internacionales en cinética de reacciones de moléculas orgánicas en fase de gas.
"Puedo explicar cómo y por qué se transforman, si el proceso es rápido o lento. Lo hago en fase gas porque encuentro que es un sistema adecuado para estudiar mejor la molécula: cómo es sin tener fuerzas motrices y muchas cosas alrededor, cómo es ella y cómo se comporta en un espacio casi vacío" explicó.
"Para mí las moléculas son como florecitas y su mecanismo la manera en qué se forma la poesía" así Chuchani le relató su trabajo a Arturo Uslar Pietri cuando este visitó el IVIC en los años setenta.
Fruto de su trabajo fueron los 249 trabajos científicos publicados. Hasta hace algunas semanas, se veía activo y fuerte por los pasillos del IVIC. Sí: todavía trabajaba. Todavía manejaba. Todavía regañaba.
En aquella entrevista para Bitácora, dejó colar esta frase: "Creo también que he aprendido mucho de la vida, siendo esto quizá por mi edad y trayectoria. Cuando la mente empieza a ser indiferente empieza el envejecimiento. Viejo es aquel a quien no se le prende la luz y deja de producir". Que sea motivo de ejemplo, por siempre.
Foto: Archivo IVIC
Texto basado en el artículo Gabriel Chuchani: 50 años de investigaciones exitosas publicado en Bitácora (nro. 20), revista del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC)