Razón y Revolución - Uruguay

Razón y Revolución - Uruguay Razón y Revolución es una organización política que combate la ideología burguesa en todos los ámbitos de la vida social.

Somos un partido político socialista que lucha por la transformación revolucionaria de la sociedad.

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17/05/2022

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Hay una salida posible y opuesta a la que proponen Milei y los liberales. Podés leer Argentina 2050, un programa socialista para desarrollar en 30 años, una industria con productividad coreana y una sociedad con bienestar sueco.

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China levanta la apuesta. La guerra en Ucrania y la miseria de la socialdemocracia trotskistahttps://razonyrevolucion.or...
25/02/2022

China levanta la apuesta. La guerra en Ucrania y la miseria de la socialdemocracia trotskista

https://razonyrevolucion.org/china-levanta-la-apuesta-la-guerra-en-ucrania-y-la-miseria-de-la-socialdemocracia-trotskista/

Los enfrentamientos entre EE.UU. y China nos dan un nuevo episodio. Esta vez, con el agravamiento del conflicto armado en Ucrania, que amenaza extenderse al corazón de Europa. La población de Ucrania está por sufrir una nueva masacre y una nueva destrucción del país. Nadie ha movido un dedo y los revolucionarios que debieran poner en práctica su internacionalismo, deciden mirar para otro lado y diluir la responsabilidad del agresor.

A pesar de la gran información disponible, las conclusiones que se sacan son ridículas. Que los medios de comunicación levanten titulares para captar la atención, es entendible. Que la izquierda, otra vez, compre con el único objeto de desplegar el enlatado de siempre y para cualquier ocasión, fastidia.

En primer lugar, durante todo este tiempo se especuló con la posibilidad del “inicio” de una guerra. De hecho, Altamira llamó a “combatirla (a la guerra)”. Pues bien, Ucrania está en guerra hace al menos siete años. En la región del Donbass, se enfrentan los separatistas y el Estado central. Los primeros, financiados por Rusia, quieren instaurar dos “repúblicas independientes” en las provincias Lugansk y Donetsk. El segundo, financiado por Europa y Estados Unidos, procura mantener la unidad territorial e integrar el territorio a la UE. Lo que se discute en lo inmediato no es la guerra, que estaba antes de la invasión, sino la anexión definitiva de esos territorios por parte de Rusia, que no abarcan ni la mitad de esas provincias. Dicho de otra forma: Rusia no invade ahora, sino que intensifica su presencia militar con contingentes propios y extendiendo la agresión más allá del Donbass.

En segundo lugar, se habla de la OTAN. Lo cierto es que Europa se halla dividida frente al problema. EE.UU. y Francia presionan por una política más agresiva. En cambio, Alemania, España e Italia dependen del abastecimiento del gas ruso. En especial, la primera, quien construyó, junto a Rusia, el gasoducto Norstream2, que atraviesa el Báltico. Es cierto que Olaf Sholz anunció la suspensión de la certificación, pero es solo eso, un breve impasse. A nadie se le ocurre que Alemania vaya a cancelar una obra que duplica el suministro.

El tercer lugar, es más cómico y atañe, cuándo no, a la izquierda, que se la pasó gritando todo este tiempo “Fuera la OTAN”. La que está invadiendo es Rusia. EE.UU. llamó a “rezar” por las víctimas. A la luz de los hechos, no es solo una vergüenza, sino que debemos estar agradecidos que no hay ningún trotskista en la zona de conflicto.

Nuestra socialdemocracia (conocida como “trotskismo”) intentaba expulsar a quien no había siquiera entrado, mientras cerraba los ojos frente al invasor real que, reiteramos, ya estaba allí hace siete años. No se trata de reivindicar a una organización imperialista y reaccionaria como la OTAN. No vamos a descubrir nada con eso. Se trata de ver la situación concreta. Ucrania no estaba invadida por ningún ejército “occidental”, sino por Rusia. Y no en un frente, sino en dos. Rusia ocupa, además de indirectamente la región oriental del Donbass, la península de Crimea, desde el 2014, y en forma directa. Con esa última anexión, dejó a Ucrania sin Sebastopol, el segundo puerto del Mar Negro y paso obligado al Mar Azov. Cuando en 2013 la población se levantó contra el títere de Putin, Víktor Yanukovich, las tropas paramilitares comandadas por Rusia no tuvieron la mejor idea que cargarse la vida de 100 manifestantes en una tarde. Por lo tanto, lo primero que hay que exigir, y para lo primero que se tienen que organizar las masas de la región, es la expulsión del invasor real, el que tienen hoy. Mirar para otro lado, en nombre de lo que sea, es simplemente criminal. Pero la izquierda ya nos tiene acostumbrados: en Venezuela se hace la distraída con Maduro. ¿Por qué hace eso? Porque no le importa los problemas de la clase obrera en otros países. Escribe para el público “progre”, el público kirchnerista, local. Ese que cree en la alianza “antinorteamericana” con Rusia, China, Venezuela, Nicaragua y siguen las firmas…

Por último, un actor del que nadie (o muy pocos) hablan: China. Todos señalan a Biden detrás de la OTAN, pero pocos pueden ver a Xi Yinping detrás de Putin. El hecho de que sus declaraciones hayan sido medidas, no quita que sea el principal interesado en el despliegue de Rusia hacia occidente y en la ocupación de las rutas hacia oriente (el Mar Negro). Según El País de España, empresarios chinos compraron el 9% de la tierra cultivable de Ucrania.

Al perderse de vista la totalidad del escenario, no se calibra la envergadura del problema y su recurrencia. No es un conflicto puntual, sino uno más en el tablero entre EE.UU y China. En el otro extremo, está Taiwán en un escenario inverso (es EE.UU. el que apoya a los separatistas) y en colisión directa con uno de los contendientes (China). Para la izquierda, Putin es un “bonapartista” que enfrenta al “imperialismo”. Putin es reaccionario, claro, pero siempre es peor un “imperialista”. Como para ellos solo existe el imperialismo yanqui, siempre terminan del lado del otro opresor.

Como vemos, la guerra en Ucrania no es más que uno de los problemas que atañen a los estados de la Europa del Este y un episodio en el enfrentamiento entre EE.UU. y China. Luego de la caída de la URSS, esta región quedó en un impasse dentro de la Federación Rusa hasta que los estados más importantes fueron cayendo en la órbita militar de la OTAN, a medida que proyectaban su ingreso en la UE. El problema con los países fronterizos (Estonia, Letonia, Lituania, Ucrania, Bielorrusia y Georgia) es su poca viabilidad económica y su importancia estratégica. Son países que nunca lograron constituir un estado propio y que viven de la asistencia de Rusia/China, en muchos casos. Por ejemplo, Ucrania, con una población similar a la Argentina, tiene un tercio de nuestro PBI. Su importancia reside en la producción de trigo (que emplea pocos brazos) y en ser reservorio de mano de obra barata para Rusia, ya que Europa recibe contingentes de casi todo el mundo. Ahora bien, toda esta región constituye un “anillo” que separa a Rusia de Europa occidental y es, en todo caso, un resguardo en términos militares. Pero, así como separa, une: al sur, es la ruta de acceso a Oriente y el Mediterráneo, por el Mar Negro; al norte, la ruta a occidente y América por el Báltico. Por lo tanto, su control resulta esencial. El ascenso de China, y su alianza con Rusia, implican el combate diplomático, económico y militar por el control de la zona. Hasta ahora, EE.UU. intervino en alianza con movimientos políticos “pro occidentales”, ante lo cual, Rusia apeló a la intervención directa o a la balcanización (Georgia, Ucrania).

El caso estalla en Ucrania debido a que ella está por perder su carta económica más importante: el paso del gasoducto que alimenta a Europa. La puesta en funcionamiento del gasoducto que conecta a Rusia con Alemania por el Báltico (es decir, que elude la región Ucrania y Bielorrusia), la dejará sin una de sus su principales fuentes de financiamiento y la obliga, lógicamente, a mirar otros financistas. El partido gobernante cambió la constitución en 2019 especulando con un ingreso a la UE, lo que obligará a un ajuste ortodoxo fuerte (no puede emitir moneda), pero también a un financiamiento para no dejar caer a un miembro. China y Rusia no quieren perder el control del otro paso del gas. A su vez, EE.UU. está interesado en la venta de gas licuado, puesto en Europa en barcos, que todavía tiene un precio muy elevado. En ese cruce de intereses estalla el conflicto. Los límites al agravamiento los pone Alemania, que media entre ambas partes y no quiere romper lazos. Pero también lo pone la propia economía: empresas yanquis en Europa y en Rusia, así como la necesidad de mantener los precios del gas en una coyuntura inflacionaria no hacen sencilla la tarea de pasar de los dichos a los hechos. Una guerra directa entre EE.UU. y Rusia provocaría una hecatombe en el seno de Europa, lo que rechazan todas las potencias del continente. Además, Biden ya tiene experiencia sobre pelear tan lejos de casa. Si no pudo contra ejércitos pequeños o inexistentes (Vietnam, Irak, Afganistán), no hay que ser un gran analista militar para saber cómo le iría contra el segundo más poderoso del planeta. Por eso, ante los bombardeos, las matanzas y el despliegue de tropas más allá del Donbass, apela, por el momento, a medidas económicas y a las plegarias. Si la escalada avanza, estaremos ante un proceso que puede derivar en una destrucción con un impacto no visto desde el fin de la II Guerra Mundial.

Una salida adecuada y realista para las masas de la región no está en apoyar a uno u otro imperialismo. Está, en primer lugar, en expulsar la invasión rusa y la balcanización del país. Los trabajadores deben organizarse en comités militares en forma independiente. Comités que deben llevar adelante, no solo la acción militar, sino la administración de las necesidades cotidianas. En ese camino, deben requisar y expropiar lo que sea necesario para asegurar la integridad y la salud de la población. En segundo lugar, el llamado a los compañeros del conjunto de los territorios vecinos, sometidos a las mismas presiones y que enfrentan los mismos problemas. Georgia está invadida y balcanizada, Bielorrusia intervenida con un régimen criminal y las repúblicas bálticas son el objeto del próximo conflicto. En tercer lugar, un llamamiento de solidaridad obrera internacional, para hacer sentir la presión a Putin y debilitar su frente interno y externo.

Los revolucionarios debemos pronunciarnos de inmediato y trazar acciones de solidaridad. Eso implica el repudio de la reunión de Alberto y toda la camarilla con Putin y los acuerdos económicos y militares con China. Los revolucionarios no combatimos un imperialismo para apoyar a su rival, ni saludamos a nuestros asesinos, solo porque no llevan la bandera estrellada.

Fuera Rusia de Ucrania

Por una acción obrera internacional de solidaridad con el proletariado ucraniano y de los países invadidos o amenazados por la dictadura de Putin.

Por una conferencia internacional de los partidos socialistas en contra de la guerra y por la expulsión de Rusia de Ucrania.

Razón y Revolución

Los enfrentamientos entre EE.UU. y China nos dan un nuevo episodio. Esta vez, con el agravamiento del conflicto armado en Ucrania, que amenaza extenderse al corazón de Europa. La población de Ucrania está por sufrir una nueva masacre y una nueva destrucción del país. Nadie ha movido un dedo y l...

UNA RESPUESTA URGENTE AL ATROPELLO DEL CHAVISMOEste último mes, se produjo en Venezuela un avance represivo por parte de...
18/01/2022

UNA RESPUESTA URGENTE AL ATROPELLO DEL CHAVISMO

Este último mes, se produjo en Venezuela un avance represivo por parte de la dictadura de Nicolás Maduro. Por empezar, a fines del año pasado, se produjo la citación judicial de Jean Mendoza, militante obrero, miembro de Marea Socialista, y referente de la empresa maderera MASISA en la Ciudad Guayana, Estado de Bolívar. A Mendoza, el gobierno le imputó la llamada “Ley del Odio” que permite el arresto de cualquiera que participe en una movilización o huelga. En el día de ayer, 15 de enero, Jean fue arrestado en su domicilio por fuerzas del CICPC y la DGCIM, y hasta el momento no se sabe nada de cuál es su estado físico ni su situación judicial.

El pasado 11 de enero, nos enteramos del as*****to de José Urbina, periodista, director de la emisora radial Frontera 92.5 FM, y dirigente del Partido Comunista de Venezuela en Puerto Paéz, estado de Apure. Urbina se hizo conocido por denunciar, en noviembre del año pasado, al teniente coronel Ramón Sánchez, de la GNB, por el arresto ilegal de más de 20 obreros de la zona. En el video donde realiza esta denuncia, lo hace responsable a Sánchez de cualquier cosa que pueda sucederle. Entre la noche del lunes 10 y la madrugada del martes 11 de enero, Urbina fue asesinado en su domicilio particular ubicado en la localidad de Codazzi, municipio de Pedro Camejo, en Apure. Todas las sospechas apuntan a la propia GNB o al accionar de grupos paramilitares que operan en la zona con complicidad del Estado.

Por último, este lunes 17 debe reiniciarse el juicio de Rodney Álvarez. Recordemos que su sentencia de 15 años, luego de más de 10 años de maniobras ilegales por parte del Estado, fue anulada a fines del año pasado, algo que constituye una logro de la lucha de Rodney y de todos los que nos movilizamos por él. Sin embargo, la reapertura del juicio tiene el peligro inminente de que vuelva a ser manipulado por el gobierno y sus secuaces del poder Judicial.
Todos estos hechos fueron denunciados por Marea Socialista y el Partido Socialismo y Libertad, y también por sus organizaciones hermanas de Argentina, el MST e IS, respectivamente. Nosotros, denunciamos estos hechos a través del Comité de Solidaridad con los Obreros Perseguidos en Venezuela.

Tenemos que ser claros. En Venezuela se está perpetrando un crimen contra la clase obrera. Todos aquellos que nos proclamamos revolucionarios tenemos que denunciar enfáticamente estos hechos, pero también tenemos que tener un rol activo. Este recrudecimiento del ataque a las organizaciones de izquierda y sus militantes merece una respuesta inmediata y contundente. Por eso, llamamos a todas las organizaciones de izquierda de la Argentina a organizar, en esta semana, una gran movilización a la Embajada venezolana para denunciar estos atroces hechos.

🔘Libertad inmediata a Jean Mendoza
🔘Libertad inmediata a Rodney Álvarez y a todos los obreros presos del régimen
🔘Esclarecimiento y cárcel a los responsables de as*****tos a obreros y militantes de izquierda
🔘Fuera Maduro

Razón y Revolución

El Aromo N° 120 | En Chile, que se vayan todos. Sobre las elecciones presidenciales y las perspectivas de la clase obrer...
20/12/2021

El Aromo N° 120 | En Chile, que se vayan todos. Sobre las elecciones presidenciales y las perspectivas de la clase obrera

Por Martín Pezzarini - Grupo de Análisis Internacional (G*I)

Este domingo, Boric y Kast se enfrentan en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Chile. En medio del desplome de los partidos tradicionales, la población es llamada a elegir entre la nueva expresión del progresismo y el supuesto exponente del pinochetismo. Una vez más, los medios y sectores de la izquierda encendieron la alarma ante la amenaza «fascista», apoyando la candidatura del dirigente progresista. El impulso de esta nueva fuerza, que ya se había observado en la conformación de la Asamblea Constituyente, terminó demostrando el problema que representa la dirección reformista que se impuso sobre movimiento que estalló en 2019. Frente a estas dos alternativas supuestamente antagónicas, es urgente que los trabajadores chilenos se delimiten de ambas variantes, construyan su propio partido e intervengan con una política socialista.

👉Link nota completa: https://bit.ly/32fmGGj

📌 UN TRIUNFO EN LA LUCHA POR LA LIBERTAD DE RODNEY ÁLVAREZEn horas de la tarde de ayer, nos enteramos que la apelación r...
18/12/2021

📌 UN TRIUNFO EN LA LUCHA POR LA LIBERTAD DE RODNEY ÁLVAREZ

En horas de la tarde de ayer, nos enteramos que la apelación realizada por la defensa de derivó en la anulación del juicio que a mediados de este año lo condeno a 15 años de prisión luego de haber estado más de 10 años detenido sin condena, siendo su juicio suspendido en 8 ocasiones y canceladas 27 audiencias, además de haber sufrido 3 atentados dentro de la cárcel.
Este hecho demuestra algo que es una verdad a todas luces y que venimos sosteniendo desde hace años: Rodney es inocente. En enero de 2022 debería establecerse un nuevo Tribunal que lleve adelante un nuevo juicio. Así como celebramos la nulidad de su condena rechazamos que deba realizarse una nuevo juicio y exigimos la inmediata liberación de Rodney.
Dejamos algunas notas del trabajo que hemos venido realizando junto a Rodney y otras organizaciones exigiendo su libertad

https://razonyrevolucion.org/reproducimos-la-carta.../
https://razonyrevolucion.org/.../criminal-el-chavismo.../
https://razonyrevolucion.org/estoy-secuestrado-culpo-al.../
https://razonyrevolucion.org/ante-los-crimenes-del.../

  N° 120 | EDITORIALAnte las elecciones 2021: ¿Agentes de la estabilidad burguesa o promotores de la ofensiva obrera?Por...
07/11/2021

N° 120 | EDITORIAL

Ante las elecciones 2021: ¿Agentes de la estabilidad burguesa o promotores de la ofensiva obrera?

Por Ricardo Maldonado

A días de las elecciones es imposible escribir un editorial de una organización revolucionaria sin referirnos a ellas. Sin embargo, la inevitable referencia al tema no puede alterar la perspectiva socialista que debe dominar nuestros análisis. Por lo tanto, lo que intentamos discriminar de los discursos, los actos, las encuestas y las actitudes de los candidatos es, en primer lugar, la estructura material que los produce, es decir los vasos comunicantes con el mundo de la economía, la producción y la distribución. Develar esa estructura es la razón estratégica de este y de cada uno de los artículos que publicamos en El Aromo. En segundo lugar, de allí debemos partir para decidir dónde pararnos como socialistas, qué punto de apoyo le permite a nuestra pequeña palanca, nuestra organización, intentar mover un poco el mundo de la conciencia hacia la independencia de clase y la reestructuración completa de la sociedad. Hacia el socialismo.

Nunca es demasiada la insistencia: Argentina es un país capitalista quebrado, como capitalismo es inviable y sin una reorganización completa no tiene salida, no tiene destino posible. No está quebrado por la deuda, esta endeudado por su incapacidad de levantar el pagaré que su estructura capitalista constituye para el conjunto del país. Pagaré que pesa sobre el conjunto, pero que afecta fundamentalmente a la clase trabajadora.

El capitalismo como sistema económico social requiere de mecanismos de cohesión de intereses egoístas disgregantes. Es el corolario inevitable de un sistema competitivo. Su monolítica oposición a los intereses de la clase trabajadora no se traduce en acuerdos solventes y estables entre sí, entre los sectores y fracciones del capital, porque se enfrentan por las ventas, las ganancias, la plusvalía. El problema agregado y crucial de la Argentina es que todo esto sucede al borde del abismo, los burgueses argentinos no pueden ser civilizados porque, en el estado terminal del país, el que pierde en la defensa de sus intereses sectoriales no retrocede económicamente, sino que corre el riesgo de desaparecer.

Por eso no son las características individuales, personales, subjetivas de los actuales dirigentes políticos las que determinan el triste espectáculo de esta campaña electoral, es la imposibilidad de convencerse siquiera ellos mismos de que tienen algo que ofrecer lo que los lleva -a cada uno- a una política autista e inmediata.
Casi ningún sector industrial del país participa del mercado mundial trayendo dólares, pero casi toda la estructura capitalista del país los necesita para obtener una cantidad de insumos y productos que no se generan aquí. Casi toda la estructura capitalista del país sobrevive en base a subsidios y protecciones. Como en cualquier contabilidad si los dólares necesarios son más que los dólares generados hay que cubrir la brecha. Hemos visto hacerlo, en períodos acotados, con la venta de activos (Menem), aprovechando un período de precios altos de las materias primas (Kirchner) o pidiendo prestado (Cristina, Macri, por acotarnos a los últimos) Pero, aunque los subsidios al capital y las protecciones a su ineficiencia se mantienen, el atraso de la productividad de la entongada burguesía argentina genera cada vez peores problemas. Para superarlos dentro del marco del capital tendrían que dejar de lado la compleja estructura de subsidios que actúan como pulmotor de la burguesía argentina y a la vez rebajar brutalmente los ingresos y el nivel de vida de los trabajadores. Y aún con esa masacre social, sólo algunos sectores burgueses quedarían en pie. Hoy, los recursos que nos permitirían construir una solución planificada, se dilapidan en sostener a una clase explotadora y extraviada.

La trampa es que la burguesía argentina resiste la primera medida que es indispensable para la supervivencia de su propio sistema, y la clase trabajadora resiste la segunda que es más necesaria aun para que el capitalismo recupere su salud y su dinámica perdidas hace décadas. Los números de la economía nacional nunca cierran. Salvo en algunas coyunturas excepcionales de corto tiempo. Breves períodos a los que la propaganda burguesa intenta hacer pasar como normales para presentar la crisis permanente cómo anomalía. Casi podemos afirmar que en eso consiste el “ser nacional” de la Argentina (burguesa): en el enamoramiento de la anomalía, o dicho de manera, en la pasión por la excepción que permita ocultar aquello que ha fracasado.
La grieta no es más que la expresión de la incapacidad de la burguesía argentina de ponerse de acuerdo en un proyecto. Cada polo, y todas las expresiones intermedias que se borocotizan de un lado a otro, toma alguno de los elementos de la crisis nacional y esconde, como el avestruz, la cabeza para no ver el otro. El kirchnerismo encaramado en el Estado, intenta controlar las variables económicas a garrotazos y no lo logra porque el sistema tiene su propia dinámica y su lógica. Los garrotazos los recibe entonces la clase trabajadora, ajustada por la vía de la inflación y la desocupación creciente. Los gobernadores e intendentes de las provincias o ciudades del interior se encuentran atados a la misma lógica, pero disputándole terreno a la Nación y el conurbano boanerense en el que se asienta el kirchnerismo. De este último sector se desprende, a medida que aumenta la crisis, los delegados papales en el sector de los trabajadores desocupados y precarizados, los “cayetanos”, surfeando entre la integración en el Estado y la presión de sus bases, y mirando siempre a Roma. En el otro extremo el peronismo federal, la CGT, las provincias radicales y el PRO, proponen moverse aceptando las reglas en la acumulación capitalista y la necesidad del ajuste, pero no logran someter a la clase trabajadora a los niveles de vida africanos necesarios, y ni siquiera convencen a la propia burguesía de sacrificar a la porción más parasitaria de su propia clase.

La profundidad de la crisis se expresa en que Cristina y Mauricio, referentes ineludibles -aunque hoy en declive- de las dos fuerzas burguesas en pugna electoral, rechazaron, denunciaron y menospreciaron al Poder Judicial, lo consideran un reducto de mercenarios dispuestos a vender sus fallos, a acomodarlos caprichosamente. No estamos hablando de fuerzas socialistas, antisistema, que tienen como punto de partida considerar el estado un órgano de clase y a sus instituciones sus enemigos. Estamos hablando de las dos principales fuerzas políticas del país coincidiendo en que uno de los pilares de la democracia burguesa está totalmente podrido. Por otro lado, ese poder judicial procesa a esos dirigentes por todo tipo de actos de corrupción. Esta desconfianza y denuesto generalizado para los jueces y todo el aparato que controlan muestra su perfil circense, como siempre, en el bando peronista. Desde el 83 hasta hoy, durante 38 años, el Senado de la Nación (y esto puede extenderse a la mayoría de las provincias) está controlado por el peronismo, con mayoría propia. Ningún juez nombrado en las últimas cuatro décadas ha podido llegar ahí sin el visto bueno y la promoción del partido que denuncia lawfare, y que, al hacerlo, solo se denuncia a sí mismo.
Si esto ejemplifica la podredumbre institucional la crisis no forzada con las vacunas ejemplifica la debacle económica. Hay una pregunta que el conjunto de la dirigencia política elude. Argentina es un país con un sistema de salud que, aún en caída libre, posee mayores y mejores coberturas que sus vecinos. Un país que, además, tiene una larga trayectoria, que comienza con la antivariólica a fines del siglo XIX, de consenso en torno a la vacunación obligatoria. ¿Cómo logró ser arrasada por la segunda ola? ¿Cómo quedó entre los tres países de la región, con Perú y Brasil, con una mayor tasa de mortalidad por habitantes? La respuesta es simple, el Gobierno impidió la llegada de las vacunas de Pfizer para intentar favorecer los negocios y los intereses, tan mezquinos como los de la multinacional estadounidense, de los pequeños capitales locales (Richmond, mAbxience). Con el agravante, característico de la anarquía capitalista, de que esos capitales no se sumaron y asociaron entre sí para obtener rápidamente resultados, sino que compitieron y se hicieron zancadillas entre ellos. Ocho meses y varias decenas de miles de mu***os más tarde, ante la incapacidad de las empresas locales de cumplir con los suministros, aun contando con el paraguas del Estado, un decreto da marcha atrás con el impedimento y abre tardíamente las puertas a la solución criminalmente postergada.
Si las propias fuerzas burguesas descreen de las instituciones hechas a la medida de la explotación, y si ni siquiera contando con el auxilio de esas instituciones los capitalistas locales pueden ofrecer soluciones a la población, es porque estamos llegando al punto en qué es imperioso preguntarse qué razón hay para sostener este sistema y qué justificativo hay para convivir con una clase que le suma, a su parasitismo, su ineficacia.

Así las cosas, estamos ante un momento de decisión. Los explotadores buscan el acuerdo a largo plazo, que no es otra cosa que la definición de la modalidad de masacre social que se debe aplicar para sacar la Argentina burguesa adelante y recuperar sus instituciones y economía. Pero mientras los explotadores no logran acordar cómo avanzar y derrotar a la clase trabajadora aplicando hasta el fondo el recorte de las condiciones de vida y ajuste, la clase trabajadora sin una dirección alternativa no puede superar su ejercicio tenaz de la resistencia y pasar a la ofensiva.
La expresión política de esta crisis terminal la encontramos en el único acuerdo que casi todas las fuerzas políticas sostienen: que se quede Alberto. Cómo un equipo ya condenado al descenso, pero al que le quedan todavía varias fechas por jugar nadie quiere ponerse el buzo de técnico. Llegamos a que otro de los pilares de la institucionalidad burguesa, el régimen presidencialista, expresa también la crisis. ¿Cómo no leer en este acuerdo general la profundidad de la debacle argentina? Un régimen basado en la presidencia fuerte que consiente en que la ejerza un fantoche. Nadie quiere sacarlo porque nadie puede ocupar su lugar (no tienen un plan concertado) y nadie quiere que lo ocupe otro (que podría perjudicarlo con una política sectorial).

En resumen, aunque todo el sistema se hunde, todos acuerdan en prolongar la agonía. Que se quede, aunque haya fracasado. Que se quede, aunque superamos los 100 mil fallecidos, el 50% de pobreza y el 50% de inflación. Que se quede….. Es el único acuerdo porque como pudimos observar para el 17 de octubre no solo se realizaron varios actos, sino que sus convocatorias y consignas eran distintas y hasta opuestas. Si es imposible ponerse de acuerdo en un lugar, un par de consignas y el nombre de algunos oradores, mucho más difícil es viabilizar un plan en medio de las convulsiones de la sociedad argentina.
La sangría de votos experimentada por las grandes fuerzas burguesas es solo explicable por la caída mucho mayor de la confianza de la clase trabajadora en unas instituciones democráticas muy poco democráticas. Cierto es que Juntos se perfila para ganar. Pero comparando estas elecciones con otras lo más relevante es la caída en la cantidad de votantes. Ganando o perdiendo todos han drenado votos hacia el repudio. Algunos de esos votos han ido a expresiones que se radicalizan en un discurso antipolítico, contra la casta, para reintroducir a los descontentos en el sistema.

Es en este marco que la izquierda representada, fundamentalmente en la federación de organizaciones trotskistas que se presenta como FITU, expresa sus aspiraciones. La caducidad de un país inviable bajo relaciones sociales burguesas, es decir la necesidad del socialismo no está entre ellas. Al menos no en el lugar que ofrece una campaña electoral, es decir la agitación. En algún rincón al que nadie llega el FITU habla de socialismo. Pero allí dónde llegan los ojos de la clase trabajadora, el FITU reivindica esta institucionalidad en crisis. Lo hace al proponerse ser tercera fuerza. Y es necesario señalar que el acento está puesto en tercera, y no en fuerza. Nadie puede engañarse en que las condiciones en que podría darse ese acceso al podio nacional dependen más de la polarización que del crecimiento. Es decir, se puede aspirar a ser tercera sin tener fuerza. Probablemente corrientes políticas mucho menores, limitadas territorialmente, logren acceder a un poder, a una fuerza real. Si es que logran, por ejemplo, tener un senador, esa cuña que permite apalancar negociaciones en el crucial, antidemocrático y bastante ajustado margen de maniobra del Senado.

Repudiar la farsa electoral y exigir que se vayan los que fracasaron es el resultado de lo que hemos desarrollado. Si dirigir es prever los pasos futuros, tenemos que anticipar hacia dónde se encamina la situación. Si vamos a una estabilidad en la que se recompondrá la maltrecha institucionalidad burguesa, se negociarán conquistas parciales y se defenderán derechos adquiridos, o si vamos a una situación convulsiva propia del ajuste que los patrones necesitan para reencaminar el país.

La pregunta, entonces, no es a quien votamos, sino dónde nos queremos ubicar en esta situación, si como agentes de la estabilidad burguesa o como promotores de la ofensiva obrera.

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