10/11/2016
Escrito el 15 de setiembre de 2016.
Donald Trump, un auténtico.
Por fin alguien de extrema derecha dice lo que piensa, sin tapujos. Simplifica el lenguaje de forma aterradora y las muchedumbres temerosas, entienden clarito el mensaje. Así como las derechas locales hacen pie con el tema seguridad en lo más hondo de nuestro pueblo, Donald juega con los bajos instintos de los norteamericanos con la mayor simpleza posible. Es primario, por no decir pre escolar.
Es políticamente incorrecto, porque le importa un carajo el futuro, ni siquiera tiene una perspectiva a mediano plazo. Hay que patear negros, pobres y latinos en el trasero, para satisfacer las creencias raciales de los fundamentalistas blancos. Y lo dice sin falsos rodeos. Él sabe que hay una turba incondicional (algo así como una hinchada de fútbol poblada de barras bravas), que disfrutarían con la emoción de un paseo en la montaña rusa, viéndolo en la Casa Blanca hacer malabarismo con tres granadas. Es muy capaz de cerrar completamente el muro que los separa de México, de expulsar sumariamente a cualquiera que posea un nombre musulmán, de mojarle la oreja a China, de humillar a los demócratas y de cagarse de la risa de cualquier formalidad democrática.
Con un público que gusta de los shows, Trump no defraudará a la audiencia que palpita con la decisión de su voto, la posibilidad de jugar de malo y ver con mucha morbosidad que sorpresas les depararía este loco. Trasladándolo a nuestra región, sería algo así como la parodia de lo que sucede con el programa de Tinelli, donde un “jurado” (de híbridos) se reserva el derecho de sancionar o permitir bailar al más estúpido, estrafalario o absurdo personaje. La platea disfruta y aplaude frenéticamente, porque los manipuladores saben descubrir esas semillas que todos incubamos. Un millonario decadente, teñido hasta las cejas, patético e impredecible, es un magnífico actor para un reality show. Gran parte de los norteamericanos adoraría escuchar de nuevo a Donald Trump decir: “estás fuera!”, como hacía en su programa tipo gran hermano. Es como sacar el costado perverso de cada uno. Bauman´s times…
La raza dominante, blanca y occidental, necesita un demente para que ese paraíso artificial que elaboraron, donde están dios, el ejército, la bandera de EEUU y rubios exitosos, no se vea amenazado por ningún “mugriento” mexicano frijolero. El pánico de los demócratas ante esta bestia, termina reforzando su espacio.
Este sociópata (definición notable de Michael Moore), está en carrera según las encuestas, provocando una adrenalina muy especial en el pueblo norteamericano, propenso a los grandes relatos y todo tipo de emociones fuertes. Luego que en las elecciones pasadas un mormón, casi le arrebata la Presidencia a Obama, todo puede ser posible en el norte. Beavis and Butthead exclamarían “Cool!” viéndolo en la tele, Homero Simpson seguro lo votaría si propusiera una rebaja de 5 centavos a la cerveza y no sería descabellado que el Hombre Araña sea candidato para las próximas elecciones. El momento es propicio para medir cuantos anticuerpos le van quedando a los estadounidenses. Mañana debate con Hillary Clinton.