15/02/2016
EL URUGUAY PROGRESISTA NO EMPEZÓ AÚN
No se engañen, el Uruguay progresista no empezó aún.
Sólo ha habido un intento por parte de viejos idealistas, formados en la década del 60 del siglo pasado, que han creído que el progreso era lo que pensaban entonces. Han querido emparchar sus anacronismos con algunas concesiones de compromiso hacia los nuevos tiempos. Pero no se dieron cuenta de que el mundo cambió radicalmente. Y hoy, lo que era revolucionario en aquellos tiempos, no es otra cosa que obsolescencia, retraso, retrogradación.
Pensemos en la década de 1960. En ese momento, se creía que “progresista” era el partidario de imponer regímenes autoritarios, dictatoriales, para que todos ganaran igual, y fueran tratados por igual por un estado omnipresente. Los modelos progresistas eran la Cuba de Fidel, la China de Mao, la URSS de los herederos de Stalin.
Todo ha cambiado. Los años trajeron los resultados. Ninguno de esos regímenes soportó la comparación con la libertad. Sometidas a los gobiernos más duros, policíacos y dictatoriales, las poblaciones demandaron libertad, a toda costa y con todo sacrificio.
Los modelos totalitarios sucumbieron al compararse con la libertad. Aunque hayan construido muros, impedimentos para viajar, gulags, prisiones y quitas de pasaportes, para evitar el cotejo. Porque la libertad es inherente al ser humano, y en su búsqueda, se supera cualquier escollo.
Los idealistas de los sesenta, cuyo “progresismo” eran sociedades cerradas y autoritarias, no han terminado de entender que ser progresista en estos tiempos es ser un amante de la libertad.
Queda mucho todavía por conquistar en materia de justicia social y protección de los más débiles. Ser progresista hoy es encontrarse decididamente en ese camino. Pero la verdadera justicia social es la que se logra en libertad; es la que consigue que cada individuo pueda realizar sus sueños en un entorno de tolerancia, solidaridad, paz y garantías republicanas. No en dictaduras ni lucha de clases. Tampoco con asistencialismos paralizantes y reclutadores, ni corporativismos excluyentes.
El verdadero progresismo tiene vocación de libertad.
Por eso el historiador Gerardo Caetano ha dicho que el único período progresista que hubo en el Uruguay fue el de José Batlle y Ordóñez. Y yo le agregaría, el único y verdadero progresismo en el Uruguay es el Batllismo.
Superadas las aventuras impregnadas en su subconsciente por los viejos totalitarismos de los iluminados sesentistas, desvanecido el encanto de una época construida sobre relatos falaces, una nueva era de avances sociales y modernización se aproxima. La del republicanismo radical. La del liberalismo progresista.
Me gustaría decir, que está desperezándose una nueva era de Batllismo
Ricardo Juan Lombardo