07/04/2025
El año pasado antes de salir con mi familia en un largo viaje ministerial, limpié el refrigerador y la despensa de toda la comida que se pudiera echar a perder durante nuestra ausencia. Pero, con toda la actividad, y el caos limpiando y empacando para los cinco, me olvidé por completo de una fuente de frutas que siempre tenemos en el centro de la mesa de la cocina. Los plátanos y las manzanas estaban en el justo momento en que deben ser consumidos antes de que se echen a perder. Pero no me dí cuenta y las deje allí por diez días.
Asi que ustedes se imaginaran que clase de amigos habían hecho para cuando volvimos a la casa. Las moscas de las frutas volaban por todos lados, estaban en todos los rincones y recovecos, nos acosaban cuando nos sentábamos o nos parábamos en esa parte de la casa. Y les dábamos manotazos, las espantábamos, y hasta llegamos al punto de querer gritar.
No sé si alguna vez has tratado de erradicar estos insectos, pero prepárate para una tarea ardua y exhaustiva. Encontré muchas soluciones en el internet, y las probé todas. Pero cuando pensábamos que se habían ido, aparecían más. O vinieron todas juntas desde el principio, o tuvieron muchos hijos desde que llegaron allí.
Pero el asunto es que: yo no las invite para que vinieran a mi casa. Todo lo que tuve que hacer fue crear un ambiente apropiado, y ellas se invitaron a ellas mismas. El ambiente que yo personalmente cree fue la invitación.
El enemigo aprovecha todas las oportunidades para meterse dentro de nuestra experiencia y la falta de justicia es la invitación que necesita para mandar a sus demonios con una misión. Esto no solamente deja la puerta abierta, también coloca una alfombra de bienvenida en la puerta de nuestra alma. En realidad, atrae la intrusión del enemigo a nuestras vidas permitiéndole que se sienta como en su casa: “y al que sabe hace lo bueno, y no lo hace le es pecado”. Santiago 4:17 el pecado te deja expuesto a los golpes de Satanas.
El corazón es uno de los blancos principales.
Semana 3: “La coraza de Justicia”
Día 1 | Lo esencial del asunto (El corazón).
Libro: La armadura de Dios - Priscilla Shirer