03/24/2016
Han pasado casi 90 años desde que un presidente de Estados Unidos visitó Cuba. Y durante el último medio siglo la idea de ver un presidente estadounidense en La Habana ha sido impensable.
Pero esta semana, como estamos trabajando para normalizar nuestras relaciones con Cuba, pude cruzar los estrechos de Florida y conocer y escuchar al pueblo cubano. Me contaron de sus vidas, sus ilusiones y sus luchas, y hablamos de lo que podemos hacer juntos para que los cubanos puedan mejorar sus vidas.
Lo que vi y lo que oí esta semana me acompañará para siempre.
Recordaré la belleza de Cuba y el orgullo que los cubanos sienten por su cultura. En nuestra primera noche, Michelle, Malia, Sasha y yo caminamos por la Vieja Habana, en donde cada edificio, cada camino y cada plaza parecía estar lleno del espíritu y la ilustre historia del pueblo cubano. Tuvimos una hermosa cena en uno de los paladares de La Habana, que son restaurantes manejados a menudo por una familia, en el cual estadounidenses y cubanos pueden encontrarse y hablar compartiendo unos tostones.
Recordaré el espíritu innovador de los empresarios cubanos, especialmente los cuentapropistas que manejan sus propias pequeñas empresas como hospedajes, salones de belleza, barberías y servicios de taxi. Estos hombres y mujeres, muchos de ellos jóvenes, son el pequeño y creciente sector privado de Cuba, y me enorgulleció anunciar nuevas asociaciones que les ayudarán a iniciar y crecer sus empresas. Esto incluye ayudar a más cubanos a conectarse a Internet y a la economía global.
Recordaré la valentía de los defensores de los derechos humanos en Cuba que conocí, muchos de los cuales han sido acosados, detenidos o encarcelados simplemente por defender la igualdad, los derechos y la dignidad de todo cubano. Me hablaron sobre su trabajo por el avance de la libertad de expresión, de asamblea, de prensa y de religión y les prometí que Estados Unidos continuará defendiendo los derechos humanos universales en Cuba y en el resto del mundo.
Recordaré la pasión del pueblo cubano, especialmente cuando se refiere a nuestro amor compartido, béisbol o la pelota, como lo llaman. En el campo de juego de La Habana, el Presidente Castro y yo vimos como el equipo de Tampa Bay Rays se enfrentó al equipo nacional de Cuba, el primer partido profesional de béisbol entre nuestros dos países en 17 años. Déjenme decirles que ver decenas de miles de fanáticos cubanos animando a su equipo es algo muy intenso. Pero cuando todos nos pusimos de pie para nuestros himnos nacionales, fue un momento inolvidable que nos recordó de la amistad y respeto mutuo que hay entre el pueblo estadounidense y el pueblo cubano.
Tal vez, más que nada, recordaré a los cubanos que llenaron las calles, milla tras milla, para recibirnos. Eran hombres, mujeres y niños. Sonreían, saludaban y sacaban fotos. Algunos de ellos hasta agitaban banderas de Estados Unidos, otra cosa que hubiera sido impensable un tiempo atrás. En los rostros de estos cubanos vi la esperanza de un futuro mejor.
El pueblo cubano está listo para una nueva relación entre los dos países. La mayoría del pueblo estadounidense, incluidos muchos cubano-americanos, también apoyan nuestro enfoque. No será fácil. El largo camino adelante tendrá avances y retrocesos. Pero los cubanos que conocí esta semana reafirmaron mi esperanza de que juntos, podemos tener éxito.
Creo en el pueblo cubano, creo en el pueblo cubano.