30/04/2026
LUNES DE ANÉCDOTAS - CAPÍTULO 4
El lunes pasado vimos los tres primeros capítulos de esta serie LUNES DE ANÉCDOTAS, en los que describo algunos antecedentes de nuestra familia —orígenes, formación, profesiones, espíritu emprendedor y deportivo— y nuestro inicio (Ericka y yo, y más adelante Marcelo) en el mundo del deporte. A ello debo agregar la vocación comunitaria y solidaria de la familia, que ha tenido una gran influencia en nuestra vida deportiva y social. Ahora veremos cómo se gestaron mis primeros pasos deportivos.
Recordemos que ya, un tiempo antes, en Salinitas, el grupo de amigos que incluía a mi padre se reunía a compartir los domingos y, entre otras actividades, jugaban tenis. El interés por el deporte motivó al grupo a ir en el año 1993 a ver la novena edición del The Lipton Championship, que años más tarde se convirtió en el Sony Ericsson, luego en el Nasdaq, que durante todos esos años se jugó en el Crandon Park de Key Biscayne, y ahora es el Miami Open que se juega en el Hard Rock Stadium de Miami. Aquel torneo, que ganó Pete Sampras en individuales masculinos y Arantxa Sánchez Vicario en femeninos, reunió a las figuras más destacadas del circuito. Esos días de intensa competencia entusiasmaron tanto al grupo de amigos con el tenis que, a su regreso a El Salvador, decidieron hacerse socios del Maya Country Club para jugar también los días de semana.
A partir de ahí, los domingos en Salinitas comencé a tomar clases con el profesor Eduardo Beltrán, Guayo, a la vez que mi hermana Ericka lo hacía en Ágape Centro, donde también daba clases este profesor. Él decía que yo aprendía rápido, que tenía cualidades y que era ansioso porque ya quería competir, a pesar de que apenas tenía ocho años. Tomaba clases y algunos domingos jugaba con el profesor y otros con mi padre y, después de un tiempo breve de aprendizaje, con otros miembros del club de amigos.
Paralelamente, jugábamos durante las tardes con amigos de nuestra casa nueva. Teníamos un espacio para jugar al fútbol, una canchita de baloncesto y una piscina que disfrutábamos mucho. Y cuando comencé a aprender tenis, inicié también a practicar todos los días en aquel frontón que mi padre hizo, después de volver de la escuela.
Mientras tanto, el entusiasmo con el tenis llevó al club de amigos, a mediados de aquel año, a practicarlo más veces por semana. De esa manera, yo continuaba con mis clases en Salinitas los domingos, pero también a veces acompañaba a mi padre para verlo jugar torneos con el grupo de amigos. Me iba entusiasmando cada vez más con la práctica del tenis. Durante la semana no hacía más que pensar en el domingo.
Sin embargo, el acontecimiento decisivo para sentir y saber que llevaba el tenis adentro y quería dedicarle mi energía y entusiasmo ocurrió en el mes de marzo de 1994. Entre el 11 y 21 de marzo de ese año se jugaba la décima edición del The Lipton Championship, que, como vimos más arriba, era el nombre de entonces del Miami Open. Y mi padre decidió llevarme. Fue una experiencia maravillosa para un niño de nueve años entusiasmado por el tenis. Tuve la oportunidad soñada de ver de cerca, jugando, a los y las mejores tenistas del mundo en ese momento. Estaban allí en las canchas jugadores como Ivan Lendl o Stefan Edberg, que ya se estaban retirando del circuito. Y venía el grupo de la época dorada del tenis. Entre ellos, Pete Sampras, Andre Agassi, Steffi Graf, Gabriela Sabatini, Patrick Rafter, Petr Korda, Mark Philippoussis, Michael Chang, Marcelo “Chino” Ríos.
Verlos jugar fue, para aquel niño, como tocar el cielo con las manos. La pasamos muy bien con mi padre, fue una experiencia inolvidable, en la que al mismo tiempo pasamos algunos sustos durante el viaje. El primero fue porque terminé en un hospital y me diagnosticaron varicela, así que me pasé unos días con eso. Después de unos 8 días, cuando ya me sentía mejor, acompañé a mi padre a comprar unos equipos que servirían para los negocios de la familia, y por la noche habíamos planeado salir desde Miami hacia Orlando porque me había prometido llevarme a los parques de entretenimiento, a Disney, estudios universales, etc.; pero cuando salimos de la habitación del hotel nos habían robado todo lo que habíamos comprado y que ya lo teníamos en el carro. Además, nos habían quebrado una ventana del carro que habíamos alquilado, así que me perdí esa ida a los parques en esa ocasión y decidimos regresar a El Salvador el siguiente día.
Estábamos en el avión y no nos dejaron viajar porque me detectaron una marca de varicela, así que no pudimos viajar tampoco. Fuimos de nuevo al hospital para lograr tener una carta que nos avalaba viajar y que garantizaba que la varicela estaba en una etapa que ya no era contagiosa. Salí ganando porque mi padre me compró una bicicleta que me gustaba mucho ese mismo día.
El siguiente día, cuando ya regresábamos a El Salvador, le dije a mi papá que lo que más quería era aprender y practicar tenis hasta llegar a jugar como uno de los tenistas que acabábamos de ver. Llegué a casa y comencé cada vez más en serio a jugar. Mi padre me compró una raqueta del último modelo de esa época, una Wilson Pro Staff Junior; eran negras con amarillo y rojo.
Otro evento importante en mi camino hacia la carrera de tenista fue la inauguración del Complejo Deportivo de Ciudad Merliot, en 1994, en ocasión de los V Juegos Centroamericanos. Mis padres me llevaron a ver los partidos de tenis y fue otra oportunidad valiosa para ver a las figuras relevantes de la región. A medida que pasaban las rondas de los partidos, mi entusiasmo iba en aumento.
Como resultado, al ver mi entusiasmo y ansiedad, mi padre hizo las averiguaciones y me inscribió para que fuera a tomar clases al polideportivo los días lunes, miércoles y viernes. Era un gran esfuerzo que hacían mis padres para llevarme tres veces a la semana de Sonsonate a Ciudad Merliot, ida y vuelta, que yo entendía que pagaba dedicando toda mi energía y capacidad para aprender lo más rápido y mejor posible a jugar tenis.
Así fue como, a los dos meses de haber empezado a ir al polideportivo —donde se radicó la sede de la Federación Salvadoreña de Tenis, que hoy presido—, tuve la oportunidad de jugar el primer torneo nacional de 10 años. Y quedé en segundo lugar; mi padre no pudo llegar ese día, pero mi madre me acompañó todo el sábado, donde jugué unos 4 partidos.
A partir de allí comencé a representar a El Salvador en los torneos centroamericanos como integrante del equipo nacional. Pero esos primeros pasos de mi carrera de tenista profesional vamos a ir viéndolos con mayores detalles en las próximas entregas de estos LUNES DE ANÉCDOTAS.
Hasta el próximo lunes 4 de mayo.