Rafael Arévalo

Rafael Arévalo Presidente de la Federación Salvadoreña de Tenis 🎾

19/05/2026

Este lunes de anécdotas, haremos un resumen de los últimos 3 capítulos de nuestra historia.

RESUMEN CAPÍTULO 4 - 5 - 6

El próximo lunes 25 de mayo continuaremos con nuevos relatos en LOS LUNES DE ANECDOTAS.

12/05/2026

LUNES DE ANÉCDOTAS - CAPÍTULO 6

LUNES DE ANÉCDOTAS - CAPÍTULO 6Antes de continuar con el relato de mis primeros pasos como tenista, compitiendo en campe...
11/05/2026

LUNES DE ANÉCDOTAS - CAPÍTULO 6

Antes de continuar con el relato de mis primeros pasos como tenista, compitiendo en campeonatos nacionales y centroamericanos representando a El Salvador, quiero agradecer a la comunidad internacional del tenis por sus comentarios y felicitaciones por los LUNES DE ANÉCDOTAS. Tanto tenistas, entrenadores y cuerpos técnicos de El Salvador, Centroamérica y diferentes partes del mundo me han hecho llegar sus saludos y apoyo por la idea de dar a conocer los pasos como profesionales de Marcelo y míos, ya que también significa destacar el desarrollo del tenis en nuestro país como una forma efectiva de promover el interés de las nuevas generaciones por este deporte. De manera que muchas gracias a todas y todos.

Retomo ahora el relato de mi integración al grupo de niños, adolescentes y jóvenes que competía en los campeonatos nacionales y representaba al país en los torneos centroamericanos.

El entrenador inicial que nos destinaron era Carlos Arias, conocido en sus años de jugador como “El Perico”, y yo de cariño lo llamo Charly. Unos años más tarde estuvo en los Estados Unidos y luego regresó al país. Recordando aquellos primeros días en el Polideportivo, alrededor del año 1994, el grupo era muy bueno y altamente competitivo. Recuerdo algunos integrantes de la selección mayor de aquellos años: Manuel Tejada, Miguel Merz, Ingrid González —la mejor jugadora salvadoreña de esos años—, José Baires y toda una generación de grandes jugadores que también formaban parte de los equipos nacionales.

Entre los niños de ese grupo, que también eran mis rivales en competencias locales, se encontraban Ricardo Cuéllar, Jaime Cuéllar, Klaus Falkenberg, José López, Mauricio Arrieta, los hermanos Aaron y Jordán Hernández —de una familia española—, Claudia Argumedo, Elizabeth Brito, las hermanas Duarte, que eran de San Miguel, F**d y Felipe Catán, los hermanos Andreu y Francis Girón, Erick Lindo, entre otros.

Con todos los chicos y chicas compartíamos las clases, los entrenamientos y los torneos nacionales. Los integrantes del equipo que representaba a El Salvador en los Centroamericanos viajábamos juntos y acompañados por nuestras familias. Estos torneos se llevaban a cabo aproximadamente cada tres meses en Guatemala, Honduras, Costa Rica, Panamá y El Salvador.

Por nuestra parte, junto con toda la familia, íbamos todos aquellos años al Abierto de Miami. Como he dicho antes, era una experiencia inolvidable y muy importante para mí porque regresaba más motivado para entregar mis mayores deseos y esfuerzos al tenis. Lo mismo ocurría con Marcelo, quien se sentía inmensamente feliz viendo jugar a las grandes figuras del circuito mundial y con enormes deseos de aprender y practicar este deporte.

En el tenis normalmente tienes un año bueno y otro no tan bueno en resultados cuando eres niño. Por ejemplo, cuando tienes 9 años juegas tu primer año en la categoría de 10, y eso te pone en desventaja porque enfrentas a niños mayores que tú; a esas edades, un año hace mucha diferencia.

En mi caso, durante mi primer año en cada categoría normalmente terminaba en segundo lugar, pero luego, en mi último año en la categoría de 10 años, me convertí en campeón nacional. Jaime Cuéllar, que era un año y medio mayor que nosotros, nos ganaba el primer año con gran facilidad, y en mi último año de la categoría mi gran rival era Ricardo Cuéllar, “Ricky”, el hermano menor de Jaime.

Ese mismo año, en 1996, quedé campeón de Centroamérica en la categoría de 10 años. A finales de ese año fui premiado por INDES y por Industrias La Constancia con el famoso reconocimiento de aquellos tiempos: El Águila de Plata.

Recuerdo que algunos compañeros de equipo me preguntaban en tono de burla:
“Hey Rafa, ¿y en Sonsonate hay teléfono y cable?”

Hoy esto se identifica como bullying, pero recuerden que yo venía de tratar con cobradores y motoristas de autobuses, de entrar en contenedores de barcos en el puerto de Acajutla cuando llegaban pedidos del negocio de mi padre. Ya jugaba fútbol y basketball contra otros colegios y escuelas de Sonsonate, así que esas burlas realmente no me impactaban. Claro, varios de mis compañeros estudiaban en los mejores colegios de San Salvador.

A los niños de hoy es importante formarlos de manera que aprendan a defenderse solos. Deben conocer un poco la calle, porque la vida, cada vez que puede, intenta pasarte por encima y ahí no estarán papá y mamá para solucionar los problemas.

El deporte es el gran amigo en la formación integral de un niño y de un adolescente. Y el tenis, por sus cualidades y características, lo considero el deporte que más aporta a esa formación.

Después de estos logros siguieron llegando más horas de entrenamiento, más entrenadores y más retos. Por eso hoy, desde la institución que presido, fortalecemos cada vez más los eventos internacionales, porque conozco de primera mano el impacto positivo que esto genera en niños y adolescentes.

En próximos Lunes de Anécdotas les seguiré contando más momentos de nuestra vida en el deporte, las batallas por llegar al tenis de élite y todo lo que encontramos en el camino.

Hasta el próximo Lunes de Anécdotas.

09/05/2026

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Hoy recordamos la participación del tenista Rafael Arévalo en los Juegos Panamericanos Guadalajara 2011.🎾

🇸🇻

05/05/2026

LUNES DE ANÉCDOTAS - CAPÍTULO 5

LUNES DE ANÉCDOTAS - CAPÍTULO 5A partir de esta entrega –4 de mayo– de LUNES DE ANÉCDOTAS vamos a comenzar a desarrollar...
05/05/2026

LUNES DE ANÉCDOTAS - CAPÍTULO 5

A partir de esta entrega –4 de mayo– de LUNES DE ANÉCDOTAS vamos a comenzar a desarrollar la experiencia de mis primeros pasos que me condujeron, luego, a mi vida como profesional de tenis. Esta etapa, muy intensa y de mucha actividad, se dio entre los años 1992 y 1997.
Como vimos el lunes pasado, a mediados de 1992, cuando recién cumplía ocho años, comencé a tomar clases en el Polideportivo de Ciudad Merliot. Eso significaba que lunes, miércoles y viernes íbamos de Sonsonate a Santa Tecla, ida y vuelta.

Con mi hermana Ericka, casi cinco años mayor que yo, íbamos al colegio San Francisco de Asís de Sonsonate. Y los martes y jueves, que permanecíamos en Sonsonate, practicábamos también baloncesto e integrábamos los equipos representativos del colegio. Ericka jugaba muy bien al baloncesto y se destacaba entre las mejores. Por mi parte, además, jugaba fútbol e integraba el equipo que representaba al colegio en la liga estudiantil departamental que existía en esos años.

Después de un tiempo breve de tomar clases, comencé a participar en competencias nacionales, que se realizaban un fin de semana al mes aproximadamente. Esos campeonatos, que reunían a las categorías de 10, 12, 14, 16 y 18 años, se llevaban a cabo, de manera rotativa, en el Polideportivo de Ciudad Merliot, el club La Primera Raqueta y el Maya Country Club.
La Primera Raqueta —situado donde hoy está el World Trade Center, en San Salvador— era un verdadero semillero de jugadores nacionales. Reunía tenistas masculinos y femeninos muy destacados en aquellos momentos.

En esos años, de las competencias nacionales participábamos Ericka y yo. Luego, ya en 1997, ella, que tenía quince años, dejó de jugar tenis y se dedicó con exclusividad al baloncesto. Antes, en 1995, cuando yo llevaba casi tres años entrenando regularmente, había logrado consagrarme campeón nacional. No olvido aquel primer torneo en el club alemán en el que quedé en primer lugar.

En ese último año, podríamos decir que se producía el inicio de Marcelo en la práctica de tenis. En verdad, antes de cumplir cinco años, el niño nos acompañaba en casi todas las actividades de los fines de semana en Salinitas. Iba con nosotros a presenciar los torneos nacionales. Y así fue identificándose con el tenis.

Cuando fuimos al Abierto de Miami en 1994, mi papá compró unas pelotas de esponja, especiales para niños. De modo que en casa, en Sonsonate, al volver del colegio, los días antes de irme al polideportivo y los días que no iba a clases a Merliot, jugaba en el frontón, practicando y perfeccionando golpes que aprendía en clases. Desde ahí me imaginaba jugando con los grandes tenistas que había podido ver en el ATP de Miami. En ese frontón le gané a Pete Sampras, Agassi y a varios tenistas que imaginaba todas las tardes.

Marcelo comenzó a jugar conmigo allí también en las tardes. Mi papá vio en ese momento que estaba entusiasmado con el tenis y entonces le compró una raqueta a él también. Así ya jugábamos más regularmente. Inventamos una canchita de tenis en casa, utilizando dos mini metas de fútbol y, con un caño largo que se usaba para limpiar y aspirar la piscina, hicimos una red.
Allí, además de jugar, yo le enseñaba a Chelo lo que yo ya había aprendido: a sacar, a devolver el saque, a pegar de derecha y de revés, a hacer voleas. Un día, papá, que estaba presenciando cómo Marcelo iba aprendiendo, me dijo: “¿Vas a seguir dándole clases a Marcelo acá?”. Le dije que sí. Entonces me prometió que me pagaría 25 colones por esas clases. A la par, comenzó a hacerle tomar clases los fines de semana en Salinitas.
Ese fue el inicio de Marcelo, que lo llevaría —tras años de aprendizaje, esfuerzo y voluntad— a desarrollar su talento hasta alcanzar el número uno del mundo en dobles masculino en 2025.

Como se puede ver, desarrollábamos —sobre todo Ericka y yo en ese tiempo— muchas actividades, además de ir al colegio. Creo que es importante destacar que ese ritmo de vida tan intenso era sostenido por el enorme esfuerzo de mi padre y mi madre. Como señalé los lunes anteriores, ellos trabajaban mucho en sus emprendimientos y además se daban lugar para ocuparse de ayudarnos a mantener ese tren de vida tan activo.

Subrayo esto porque —como siempre he sostenido— el éxito de un deportista está directamente ligado al apoyo inmenso de la familia, principalmente cuando el Estado no se ocupa de promover el deporte entre los niños, adolescentes y jóvenes, que era lo que sucedía en El Salvador en aquellos años.

En próximas entregas veremos mi participación creciente en competencias nacionales y centroamericanas hasta llegar al desempeño profesional en el circuito internacional del tenis. Y, a la par, los primeros pasos de Marcelo, también apoyado por toda la familia.

Nuevo Presidente del INDES!!!René: Felicidades por su nombramiento y por el trabajo que ha venido realizando de la mano ...
30/04/2026

Nuevo Presidente del INDES!!!

René:
Felicidades por su nombramiento y por el trabajo que ha venido realizando de la mano de nuestro querido amigo Yamil Bukele, desde el interior del Instituto Nacional de los Deportes

Su administración y gestión cuenta con el apoyo absoluto de la Federacion Salvadoreña de Tenis.

Continuaremos construyendo el camino de la nueva era de Deporte Nacional y del Tenis Salvadoreño.

LUNES DE ANÉCDOTAS - CAPÍTULO 4El lunes pasado vimos los tres primeros capítulos de esta serie LUNES DE ANÉCDOTAS, en lo...
30/04/2026

LUNES DE ANÉCDOTAS - CAPÍTULO 4

El lunes pasado vimos los tres primeros capítulos de esta serie LUNES DE ANÉCDOTAS, en los que describo algunos antecedentes de nuestra familia —orígenes, formación, profesiones, espíritu emprendedor y deportivo— y nuestro inicio (Ericka y yo, y más adelante Marcelo) en el mundo del deporte. A ello debo agregar la vocación comunitaria y solidaria de la familia, que ha tenido una gran influencia en nuestra vida deportiva y social. Ahora veremos cómo se gestaron mis primeros pasos deportivos.

Recordemos que ya, un tiempo antes, en Salinitas, el grupo de amigos que incluía a mi padre se reunía a compartir los domingos y, entre otras actividades, jugaban tenis. El interés por el deporte motivó al grupo a ir en el año 1993 a ver la novena edición del The Lipton Championship, que años más tarde se convirtió en el Sony Ericsson, luego en el Nasdaq, que durante todos esos años se jugó en el Crandon Park de Key Biscayne, y ahora es el Miami Open que se juega en el Hard Rock Stadium de Miami. Aquel torneo, que ganó Pete Sampras en individuales masculinos y Arantxa Sánchez Vicario en femeninos, reunió a las figuras más destacadas del circuito. Esos días de intensa competencia entusiasmaron tanto al grupo de amigos con el tenis que, a su regreso a El Salvador, decidieron hacerse socios del Maya Country Club para jugar también los días de semana.

A partir de ahí, los domingos en Salinitas comencé a tomar clases con el profesor Eduardo Beltrán, Guayo, a la vez que mi hermana Ericka lo hacía en Ágape Centro, donde también daba clases este profesor. Él decía que yo aprendía rápido, que tenía cualidades y que era ansioso porque ya quería competir, a pesar de que apenas tenía ocho años. Tomaba clases y algunos domingos jugaba con el profesor y otros con mi padre y, después de un tiempo breve de aprendizaje, con otros miembros del club de amigos.

Paralelamente, jugábamos durante las tardes con amigos de nuestra casa nueva. Teníamos un espacio para jugar al fútbol, una canchita de baloncesto y una piscina que disfrutábamos mucho. Y cuando comencé a aprender tenis, inicié también a practicar todos los días en aquel frontón que mi padre hizo, después de volver de la escuela.

Mientras tanto, el entusiasmo con el tenis llevó al club de amigos, a mediados de aquel año, a practicarlo más veces por semana. De esa manera, yo continuaba con mis clases en Salinitas los domingos, pero también a veces acompañaba a mi padre para verlo jugar torneos con el grupo de amigos. Me iba entusiasmando cada vez más con la práctica del tenis. Durante la semana no hacía más que pensar en el domingo.

Sin embargo, el acontecimiento decisivo para sentir y saber que llevaba el tenis adentro y quería dedicarle mi energía y entusiasmo ocurrió en el mes de marzo de 1994. Entre el 11 y 21 de marzo de ese año se jugaba la décima edición del The Lipton Championship, que, como vimos más arriba, era el nombre de entonces del Miami Open. Y mi padre decidió llevarme. Fue una experiencia maravillosa para un niño de nueve años entusiasmado por el tenis. Tuve la oportunidad soñada de ver de cerca, jugando, a los y las mejores tenistas del mundo en ese momento. Estaban allí en las canchas jugadores como Ivan Lendl o Stefan Edberg, que ya se estaban retirando del circuito. Y venía el grupo de la época dorada del tenis. Entre ellos, Pete Sampras, Andre Agassi, Steffi Graf, Gabriela Sabatini, Patrick Rafter, Petr Korda, Mark Philippoussis, Michael Chang, Marcelo “Chino” Ríos.

Verlos jugar fue, para aquel niño, como tocar el cielo con las manos. La pasamos muy bien con mi padre, fue una experiencia inolvidable, en la que al mismo tiempo pasamos algunos sustos durante el viaje. El primero fue porque terminé en un hospital y me diagnosticaron varicela, así que me pasé unos días con eso. Después de unos 8 días, cuando ya me sentía mejor, acompañé a mi padre a comprar unos equipos que servirían para los negocios de la familia, y por la noche habíamos planeado salir desde Miami hacia Orlando porque me había prometido llevarme a los parques de entretenimiento, a Disney, estudios universales, etc.; pero cuando salimos de la habitación del hotel nos habían robado todo lo que habíamos comprado y que ya lo teníamos en el carro. Además, nos habían quebrado una ventana del carro que habíamos alquilado, así que me perdí esa ida a los parques en esa ocasión y decidimos regresar a El Salvador el siguiente día.

Estábamos en el avión y no nos dejaron viajar porque me detectaron una marca de varicela, así que no pudimos viajar tampoco. Fuimos de nuevo al hospital para lograr tener una carta que nos avalaba viajar y que garantizaba que la varicela estaba en una etapa que ya no era contagiosa. Salí ganando porque mi padre me compró una bicicleta que me gustaba mucho ese mismo día.

El siguiente día, cuando ya regresábamos a El Salvador, le dije a mi papá que lo que más quería era aprender y practicar tenis hasta llegar a jugar como uno de los tenistas que acabábamos de ver. Llegué a casa y comencé cada vez más en serio a jugar. Mi padre me compró una raqueta del último modelo de esa época, una Wilson Pro Staff Junior; eran negras con amarillo y rojo.

Otro evento importante en mi camino hacia la carrera de tenista fue la inauguración del Complejo Deportivo de Ciudad Merliot, en 1994, en ocasión de los V Juegos Centroamericanos. Mis padres me llevaron a ver los partidos de tenis y fue otra oportunidad valiosa para ver a las figuras relevantes de la región. A medida que pasaban las rondas de los partidos, mi entusiasmo iba en aumento.

Como resultado, al ver mi entusiasmo y ansiedad, mi padre hizo las averiguaciones y me inscribió para que fuera a tomar clases al polideportivo los días lunes, miércoles y viernes. Era un gran esfuerzo que hacían mis padres para llevarme tres veces a la semana de Sonsonate a Ciudad Merliot, ida y vuelta, que yo entendía que pagaba dedicando toda mi energía y capacidad para aprender lo más rápido y mejor posible a jugar tenis.

Así fue como, a los dos meses de haber empezado a ir al polideportivo —donde se radicó la sede de la Federación Salvadoreña de Tenis, que hoy presido—, tuve la oportunidad de jugar el primer torneo nacional de 10 años. Y quedé en segundo lugar; mi padre no pudo llegar ese día, pero mi madre me acompañó todo el sábado, donde jugué unos 4 partidos.

A partir de allí comencé a representar a El Salvador en los torneos centroamericanos como integrante del equipo nacional. Pero esos primeros pasos de mi carrera de tenista profesional vamos a ir viéndolos con mayores detalles en las próximas entregas de estos LUNES DE ANÉCDOTAS.

Hasta el próximo lunes 4 de mayo.

28/04/2026

LUNES DE ANÉCDOTAS | CAPÍTULO 4.

21/04/2026

LUNES DE ANÉCDOTAS - CAPÍTULO 1 - 2 - 3

15/04/2026

Capitulo 3👇

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