15/07/2026
CIHUATÁN: DONDE MÁS ARQUEÓLOGOS HAN TRABAJADO EN EL SALVADOR
Las excavaciones y restauraciones dirigidas por Antonio Sol se realizaron entre 1928 y 1929. Allí concluyeron: no hubo recursos para continuar los trabajos en Cihuatán. Ese último año, Sol expresó su frustración por la falta de fondos y escribió que habría sido preferible no exponer las estructuras si no existía el presupuesto necesario para protegerlas.
Siguió entonces un largo intervalo antes de que se retomaran las investigaciones arqueológicas en Cihuatán: casi un cuarto de siglo.
En tiempos de Sol, la mayor parte de Cihuatán formaba parte de la extensa hacienda San Diego, existente desde la época colonial. Poco después de aquellas excavaciones, la propiedad fue dividida por cuestiones hereditarias. Casi toda la zona monumental de la antigua ciudad llegó a pertenecer a cuatro hermanos de apellido Peralta Salazar, la cual recibió el nombre de "hacienda Sihuatán".
En 1953, gracias a la buena voluntad de la familia Peralta Salazar, el Gobierno adquirió aproximadamente quince manzanas de la hacienda Sihuatán, incluyendo la pirámide principal, las dos canchas de pelota, la muralla y varias otras estructuras del sector conocido como el Centro Ceremonial. El arqueólogo Stanley Boggs desempeñó un papel importante en la gestión de esta compra. (Décadas más tarde, en 1994, el Gobierno adquiriría unas noventa manzanas adicionales del sitio, pero esa es una historia aparte.)
Stanley Boggs, de origen estadounidense, inició su labor en la arqueología salvadoreña en 1942 mediante extensos reconocimientos de numerosos sitios arqueológicos. Al año siguiente emprendió sus excavaciones y restauraciones en Tazumal, esfuerzos que culminaron con la creación del primer parque arqueológico del país con el primer museo de sitio, inaugurado en 1952.
Posteriormente, Boggs continuó trabajando en el Museo Nacional y, en 1954, realizó recorridos tanto dentro del terreno recién adquirido por el Gobierno en Cihuatán como en áreas aledañas. Durante estas exploraciones identificó una pequeña plataforma cuya superficie estaba cubierta por un extraordinario depósito de fragmentos cerámicos. En esa ocasión recolectó cerca de quinientas libras de tiestos y elaboró un nuevo plano del sitio.
Una década más tarde, en 1965, Boggs impulsó el establecimiento de la carrera de Arqueología en la Universidad de El Salvador (UES). Aunque no logró su creación formal, sí consiguió que se impartieran algunos cursos, en los que reunió a un pequeño grupo de estudiantes. Junto con ellos regresó a la pequeña plataforma de Cihuatán. Las excavaciones recuperaron otras quinientas libras de cerámica y permitieron descubrir el entierro de una mujer joven (posiblemente sacrificada), acompañada por un perro y por docenas de burdas copas miniatura.
La media tonelada de tiestos, junto con los materiales del entierro, fue trasladada al espacio que la UES había destinado para la incipiente formación arqueológica. El estudio reveló que gran parte de los fragmentos pertenecían a incensarios espigados, sahumadores, representaciones de Tláloc (las llamadas "botellas Tláloc") y cerámica policromada. También se identificaron fragmentos correspondientes, al menos, a nueve figurillas con ruedas.
Con la participación de los estudiantes se realizaron restauraciones preliminares de un enorme incensario espigado con aproximadamente un metro y medio de altura, de una de las figurillas con ruedas (el célebre perro), de una botella Tláloc y de varios otros objetos, los cuales posteriormente fueron trasladados al Museo Nacional.
De manera repentina, y por motivos ajenos a la arqueología, la Universidad de El Salvador fue intervenida por las fuerzas de seguridad. Cuando Boggs pudo regresar, el resto de los materiales había desaparecido. Además, el rector le comunicó que ya no existía interés en establecer una carrera de Arqueología porque, según recordaba Boggs, dijo que "no cumplía una función social importante".
¡Qué diferente podría haber sido el desarrollo de la arqueología salvadoreña, y cuán distinta sería su realidad actual, si el rector no hubiera demostrado tan poca visión!
Durante la década de 1970, Boggs promovió dos proyectos institucionales de investigación en Cihuatán y brindó su apoyo a otros dos, dirigidos por arqueólogas de universidades de Canadá y de Estados Unidos.