14/05/2026
SILENCIO QUE PESA, LUCHA QUE CRECE
-PAYO PDTE.2028-
Payo no desapareció: simplemente se tomó un tiempo sabático. Tras décadas de lucha constante, decidió recostarse para suspirar como le gusta hacer, ¿y qué?, tal como lo hicieron antes otros políticos que dejaron huella, perseguidos por el sistema. Su silencio no es fracaso: es la resiliencia de los valientes que se niegan a claudicar.
Sus detractores —opositores de cartón y políticos ligados al narcotráfico— quieren instalar la idea de que su ausencia es sinónimo de derrota —“opama lo antisistema he'i hikuái”—. Pero la historia desmiente esa mentira. Agustín Goiburu, alma del MOPOCO, vivió años oculto en Argentina y también lo tildaron de “oparei”; en realidad seguía luchando, hasta que la dictadura lo secuestró y lo hizo “desaparecer”. Laíno fue encarcelado, exiliado y silenciado, y también dijeron que se había rendido; sin embargo, volvió más fuerte que nunca para liderar el cambio.
Hoy Payo solo quiere descansar un poco, tal como él mismo lo dijo: se aparta para sobrevivir ikuerái. Lo expulsaron del Senado solo por ser incómodo, por regar con botellitas de agua a los kapi'i ñarõ. Lo persiguen con juicios armados y difamaciones, aumentando el acoso que busca dañarlo. Con la autenticidad que lo caracteriza, prefiere adelantarse y difundir su vida privada —de la manera más visceral—. Lo acosan hasta el cansancio. Su pausa es la actitud digna de quien no se arrodilla ante nadie.
Ganó las elecciones del 2023 sin aparato político ni dinero. Obtuvo más de 650 mil votos, pese a las maniobras de fraude denunciadas con anticipación y demostradas públicamente. Así hablaron por las urnas los sin voz y los que ya no creían en nadie. No dividió el voto: unió a los hartos de la corrupción, de las promesas miserables y descaradas y de la injusticia. CRUZADA no es una maquinaria burocrática: es conciencia sembrada en miles de paraguayos.
Payo no surgió de la cuna de oro del poder como algunos figuretis po pinda, sino del dolor del pueblo: de ver hospitales abandonados, tierras robadas y familias separadas por la necesidad. Por eso incomoda: porque encarna la dignidad de una nación que merece mucho más y se niega a despertar.
Su silencio es la pausa de un hombre que eligió el camino difícil: denunciar, resistir. Dicen que no construyó estructura: no construyó nada para perpetuarse en el poder, construyó ideas y conciencia. Y esa prédica, que habla como religión política, no se va a ningún lado: se queda y crece cada día. Instaló la valentía de decir basta, la seguridad de que se puede ser limpio y sin pisar b***a, y la convicción de que este país merece un cambio verdadero y total. Desde sus cimientos, propone modificar partes de la Constitución Nacional y achicar el Estado para fumigar a los planilleros.
Mientras otros se acomodan en la complicidad, el silencio y la riqueza mal habida “a costilla flaca de Juan Pueblo”, él eligió el riesgo, la verdad y la devoción del desposeído.
Construyó su mundo como un gitano, propagando su filosofía política y sin tener dónde recostar su cabeza más que en su propia actitud de lucha. Desde su liderazgo estudiantil en el centro de estudiantes durante la adolescencia, son más de 50 años: “ese que no muere: vive y perdura”.
“La historia de la libertad es una historia de resistencia.” — Woodrow Wilson