26/03/2024
La peste apareció en América al igual que en Europa como uno de los peores azotes; las enfermedades del viejo continente sumadas a las del nuevo, dieron resultados verdaderamente trágicos y constituyen la razón que, sin duda, excede en importancia en cuanto al descenso de la población india. La población indígena era, a la llegada de los españoles, alrededor de once millones. Hubo siete epidemias en el siglo XVI: la primera en 1520 provocada por la viruela (luego vendría la obra hospitalaria). Las nuevas formas de trabajo, la miseria de los nativos y los abusos de gran parte de los conquistadores fueron factores que, conjugados, causaron la enfermedad y la muerte a millares de personas. Tanto la empresa militar de la conquista, como el proceso de reconstrucción y aculturación supuso para las poblaciones indígenas un traumático desequilibrio sicosomático dentro de un ámbito de destrucción ecológico. La situación se agravaba más por la falta de albergues definitivos, tanto para los emigrantes españoles como para los indígenas, desplazados de sus primitivos centros de ubicación, por la destrucción de sus pueblos o por el traslado forzoso a nuevos centros de trabajo.
Pero frente a todos estos problemas surgió la vieja idea hospitalaria. Así lo pensaron los propios conquistadores, así lo conceptuaron los reyes, así lo creyeron los obispos como Quiroga y Zumárraga y, de igual modo, lo entendieron los frailes, y así lo pensó el pueblo Los hospitales en América van a nacer con características muy semejantes a los de la Edad Media, pero al mismo tiempo en ellos aparecerán también las ideas más avanzadas del mundo moderno. No cabe duda que la medicina española del siglo XVI fue, como conjunto cultural, la más avanzada del momento.
La segunda peste fue la de 1531, de sarampión. En 1545, la tercera epidemia, pujamiento de la sangre y calenturas (estimándose en ochocientas mil las personas muertas). De la cuarta de 1564, sólo se sabe que causó gran mortandad. La quinta, en 1576, debió tratarse de tifus exantemático que atacó únicamente a los indios (se cobró más de un millón de muertes). La sexta que también atacó únicamente a los indígenas fue en 1588. Y la séptima en 1595, tres enfermedades que surgieron al unísono: sarampión, tabardillo y paperas; no fue tan grande la pérdida en vidas humanas, pues ya existía una mejor atención hospitalaria y conocer la farmacopea conveniente, en la que no se despreció al médico indígena. No cabe duda de que la medicina indígena estaba bastante avanzada. Desde un punto de vista fisiopatológico sostenían como causalidad general la psicosomática, mientras que los europeos adoptaban un punto de vista totalmente biológico.
En lo tocante a la Nueva España, la Corona de Castilla, desde 1511, dispuso que se tomasen 100 indios para que cada pueblo se construyese su hospital; otro tanto cabe repetir para el virreino del Perú, lo que se recoge en la Capitulación entre la reina y Pizarro firmada en Toledo el 26 de julio de 1529. En 1537 Carlos V ordenaría que se construyesen hospitales en todas las ciudades de la Nueva España, lo que reitera en Cédula de 7 de octubre de 1541 y remacha en Orden de 18 de mayo de 1553; al virrey del Perú le instó en Cédulas de 7 de octubre de 1540 y 7 de febrero de 1552. Felipe II volvería sobre el tema en 1573.
El primer hospital del nuevo mundo fue el hospital de San Nicolás de Bari en la isla La Española, fundado el 29 de noviembre de 1503.
El primer hospital continental americano abrió sus puertas en el año 1515 en la primitiva ciudad de Darién en el istmo de Panamá: el hospital de Santiago.
Hernán Cortés fundó los dos primeros hospitales de la nueva Ciudad de México: el de La Concepción y el de San Lázaro alrededor del año 1521.
En cuanto a la obra de las misiones franciscanas y agustinas, sobre un fondo eminentemente religioso, aparecen las disposiciones clínicas propiamente dichas; entre ellas hay una que es de capital importancia: la que concierne a quienes debían curar en los hospitales y al tipo de medicina que en ellos se debía practicar. Se ordenó que fuese la medicina indígena la que tuviese el lugar primordial, fundamentalmente en relación con la utilización de plantas. La ordenanza hace más aún, pretende crear escuela de la medicina indígena (en el Real Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco había una cátedra de medicina indígena). Los hospitales de indios estaban destinados a la cura de éstos. No se disociaba escolásticamente entre rehabilitación del cuerpo y del alma. Donde los servicios médicos los realizaban los propios frailes, ayudados por los médicos indios. Fue tal la importancia de los frailes en las cuestiones médicas de aquellas regiones, que siglos después cuando los hospitales y habían desaparecido, los indios seguían acudiendo a los conventos a pedir medicinas para sus males. A finales del siglo XVIII la obra de los agustinos y de los franciscanos, había sido deshecha.
En 1553 el príncipe Felipe tomó para la corona toda la responsabilidad de crear un hospital para los indígenas: el Hospital Real de Sanct Joseph, para conocerse con el tiempo como Hospital Real de Naturales a cargo excusivo del estado español. Como elemento característico indígena, además de los baños de tipo europeo llamados de placer, también tenía los de tipo nativo denominados temazcallis.
Hospitales del último tercio del siglo XVI fueron: La Caridad, hacia 1569 en la Antigua Veracruz; San Martín, 1569, en San Juan de Ulloa; La Concepción, 1569-84, en Jalapa; de la Habana, 1578, en La Habana; Nuestra Señora de la Consolación, 1584, en Acapulco, y San Roque, hacia 1592, en Puebla.
En Suramérica, en Lima, desde 1535, Pizarro planeó la construcción del hospital Real de San Andrés que fue erigido en 1538 cerca del convento de Santo Domingo. En Cuzco, fue establecido el Hospital de San Bartolomé en 1548. Y, a partir de 1550, los hospitales se generalizan en Suramérica:
Ecuador: Hospital de la Misericordia, en Quito, data de 1565; se conserva todavía. En 1567 tuvo Guayaquil su primer hospital.
Chile: Hospital de San Juan de Dios, en Concepción (1552); Hospital del Socorro, en Santiago (1554), y aún existente.
Paraguay: Hospital de la Asunción, en Asunción (1556).
Colombia: Hospital de San Pedro, en Bogotá (1564).
Bolivia: Hospital de Santa Bárbara, en Chuquisaca (Sucre), en 1567. La Paz en 1586.
Argentina: Hospital de Santa Eulalia, en Córdoba (1576).
Venezuela: Hospital de los Reyes, en Caracas (1590).
En Uruguay y en América Central (a excepción de Guatemala), no se fundaron hospitales sino en las postrimerías del siglo XVIII.
En un momento dado ya no importa tanto una medicina indiana y sus secretos terapéuticos, como organizar una medicina para las Indias, una nueva salubridad para la naciente capital de la Nueva España. La gravedad de los problemas médicos no consistían sólo en curar y organizar la deplorable infraestructura higiénica de los nuevos asentamientos, sino también racionalizar y limitar los mil y un remedios de la prolífica materia médica indígena tan estrechamente ligada a la empírea y a la magia, y a las que no poco eran también aficionados los españoles. Se necesitaba una teoría que separase la astrología de la farmacopea.
Si a todos se les considera en su obra particular, y luego se piensa en la labor que en conjunto todos desarrollaron defendiendo en los momentos en que esa patria mestiza se constituía, la mayor riqueza que es la vida humana, entonces es posible valorar la importancia de la obra hospitalaria del siglo XVI en la Nueva España. Incluso aceptando limitaciones y deficiencias en determinados aspectos y casos de lo que fue en su plenitud la institución hospitalaria para los indios de Mesoamérica, la casi siempre favorable reacción de los indígenas, la participación de algunos de ellos, incluso como médicos, muestra que en el gran conjunto de realidades que trató de implantar la corona en las tierras a ella sometidas, fue ésta una de las que más adecuadamente funcionó.