Johann Jörg Bachman contra la leyenda negra germánica

Johann Jörg Bachman contra la leyenda negra germánica Historia del Paraguay
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Beatriz de Palacios fue una soldado, enfermera y exploradora española de ascendencia africana y española que participó e...
27/03/2024

Beatriz de Palacios fue una soldado, enfermera y exploradora española de ascendencia africana y española que participó en la conquista española de México . Se la considera una de las primeras personas de ascendencia africana en poner un pie en el nuevo mundo.

Apodada "La Parda" por el tono de su piel ( al ser Pardo una categoría étnica, es decir de ascendencia mestiza), llegó al nuevo mundo con la expedición de Pánfilo de Narváez junto a su padre y hermanos muy joven su padre la dio como esposa a Pedro de Escobar, se sabe que la pareja tuvo 2 hijos que desempeñarían un papel importante en la consolidación de la conquista. Doña Beatriz es mencionada por Francisco Cervantes de Salazar y Bernal Díaz del Castillo entre otros conquistadores famosos que a menudo expresan admiración hacia ella. Su fecha de nacimiento no está clara.

Se desempeñó como enfermera bajo el mando de Isabel Rodríguez ,pero también luchó en el frente, a menudo asumiendo las tareas de guardia en lugar de su marido cuando éste estaba demasiado cansado. Ella atendió sus heridas y las de los demás, ensilló los caballos, cuidó las armas e hizo todo como cualquier otro soldado.

Palacios sirvió con honor ayudando a las tropas españolas a evacuar Tenochtitlán, no dudando en enfrentarse al enemigo escapando por poco a la captura (recordad que los capturados eran sacrificados en los altares aztecas como intento desesperado de conseguir la gracia del dios de la guerra y así la victoria ) y posteriormente participó en la retoma de la ciudad. Tanto ella como su marido sobrevivieron a la conquista y establecieron una familia en Cuba.

La leyenda de la Virgen de CaacupéEn Caacupé, fundado hacia el 1600, vivía un escultor guaraní de nombre José. Había sid...
26/03/2024

La leyenda de la Virgen de Caacupé
En Caacupé, fundado hacia el 1600, vivía un escultor guaraní de nombre José. Había sido convertido al cristianismo por los misioneros jesuitas Era un indio guaraní, converso de la misión franciscana de Tobatí, en una ocasión, al volver de las selvas del Valle Ytú con un gran trozo de madera de muy buena calidad, dijo que se había encontrado involuntariamente ante indios de la tribu mbayá (tribu que había decidido pelear contra la colonización española y portuguesa), a los que consideraba muy peligrosos. Dijo haberle prometido a la Virgen María que si los mbayás no lo atrapaban, esculpiría una imagen de ella y lo veneraría. Entonces dijo que se le apareció la propia Virgen María en persona, que le gritó en guaraní: ¡Ka'aguý cupe-pe!b. El indio corrió, y encontró un grueso tronco tras el cual se escondió. En ese momento prometió que con la madera del árbol protector tallaría la imagen de la Virgen, si es que llega a salir con vida del trance. Efectivamente los mbayás siguieron de largo sin advertir su presencia, y el indio, agradecido, en cuanto pudo regresar, tomó del árbol la madera que necesitaba para esculpir la estatua de madera.
El tronco le alcanzó para esculpir dos estatuas; la mayor fue destinada a la Iglesia de Tobatí y la más pequeña la conservó el indio en su poder, para su devoción personal.
Los misioneros jesuitas decían que en el sitio preciso de la aparición había brotado agua milagrosa, y que esa agua había ayudado a los guaraníes a sobrevivir el calor del verano.
Años después, la gran inundación que creó el lago de Ypacaraý amenazaba con destruir los poblados cercanos. Los frailes franciscanos, acompañados de los habitantes de la región, organizaron rogativas pidiendo la tranquilidad de las aguas. El padre Luis de Bolaños bendijo las aguas y —como cada año— éstas retrocedieron hasta sus límites actuales. Pero en esta ocasión apareció flotando la imagen de la Virgen, que los misioneros dijeron que era la de la misión de Tobatí, la misma que el indio desconocido tallara años atrás. Desde entonces el pueblo la llamó la Virgen de los Milagros.
El indio desconocido se había instalado con su familia en ese sitio. Construyó un humilde oratorio, en torno al cual, con el correr de los años, fue constituyéndose un poblado conocido primeramente como Los Ytuenses. Hacia 1765, la zona ya era conocida como el Valle de Caacupé. El 4 de abril de 1770, se toma como referencia para la fundación del pueblo de Caacupé.

La peste apareció en América al igual que en Europa como uno de los peores azotes; las enfermedades del viejo continente...
26/03/2024

La peste apareció en América al igual que en Europa como uno de los peores azotes; las enfermedades del viejo continente sumadas a las del nuevo, dieron resultados verdaderamente trágicos y constituyen la razón que, sin duda, excede en importancia en cuanto al descenso de la población india. La población indígena era, a la llegada de los españoles, alrededor de once millones. Hubo siete epidemias en el siglo XVI: la primera en 1520 provocada por la viruela (luego vendría la obra hospitalaria). Las nuevas formas de trabajo, la miseria de los nativos y los abusos de gran parte de los conquistadores fueron factores que, conjugados, causaron la enfermedad y la muerte a millares de personas. Tanto la empresa militar de la conquista, como el proceso de reconstrucción y aculturación supuso para las poblaciones indígenas un traumático desequilibrio sicosomático dentro de un ámbito de destrucción ecológico. La situación se agravaba más por la falta de albergues definitivos, tanto para los emigrantes españoles como para los indígenas, desplazados de sus primitivos centros de ubicación, por la destrucción de sus pueblos o por el traslado forzoso a nuevos centros de trabajo.
Pero frente a todos estos problemas surgió la vieja idea hospitalaria. Así lo pensaron los propios conquistadores, así lo conceptuaron los reyes, así lo creyeron los obispos como Quiroga y Zumárraga y, de igual modo, lo entendieron los frailes, y así lo pensó el pueblo Los hospitales en América van a nacer con características muy semejantes a los de la Edad Media, pero al mismo tiempo en ellos aparecerán también las ideas más avanzadas del mundo moderno. No cabe duda que la medicina española del siglo XVI fue, como conjunto cultural, la más avanzada del momento.
La segunda peste fue la de 1531, de sarampión. En 1545, la tercera epidemia, pujamiento de la sangre y calenturas (estimándose en ochocientas mil las personas muertas). De la cuarta de 1564, sólo se sabe que causó gran mortandad. La quinta, en 1576, debió tratarse de tifus exantemático que atacó únicamente a los indios (se cobró más de un millón de muertes). La sexta que también atacó únicamente a los indígenas fue en 1588. Y la séptima en 1595, tres enfermedades que surgieron al unísono: sarampión, tabardillo y paperas; no fue tan grande la pérdida en vidas humanas, pues ya existía una mejor atención hospitalaria y conocer la farmacopea conveniente, en la que no se despreció al médico indígena. No cabe duda de que la medicina indígena estaba bastante avanzada. Desde un punto de vista fisiopatológico sostenían como causalidad general la psicosomática, mientras que los europeos adoptaban un punto de vista totalmente biológico.
En lo tocante a la Nueva España, la Corona de Castilla, desde 1511, dispuso que se tomasen 100 indios para que cada pueblo se construyese su hospital; otro tanto cabe repetir para el virreino del Perú, lo que se recoge en la Capitulación entre la reina y Pizarro firmada en Toledo el 26 de julio de 1529. En 1537 Carlos V ordenaría que se construyesen hospitales en todas las ciudades de la Nueva España, lo que reitera en Cédula de 7 de octubre de 1541 y remacha en Orden de 18 de mayo de 1553; al virrey del Perú le instó en Cédulas de 7 de octubre de 1540 y 7 de febrero de 1552. Felipe II volvería sobre el tema en 1573.
El primer hospital del nuevo mundo fue el hospital de San Nicolás de Bari en la isla La Española, fundado el 29 de noviembre de 1503.
El primer hospital continental americano abrió sus puertas en el año 1515 en la primitiva ciudad de Darién en el istmo de Panamá: el hospital de Santiago.
Hernán Cortés fundó los dos primeros hospitales de la nueva Ciudad de México: el de La Concepción y el de San Lázaro alrededor del año 1521.
En cuanto a la obra de las misiones franciscanas y agustinas, sobre un fondo eminentemente religioso, aparecen las disposiciones clínicas propiamente dichas; entre ellas hay una que es de capital importancia: la que concierne a quienes debían curar en los hospitales y al tipo de medicina que en ellos se debía practicar. Se ordenó que fuese la medicina indígena la que tuviese el lugar primordial, fundamentalmente en relación con la utilización de plantas. La ordenanza hace más aún, pretende crear escuela de la medicina indígena (en el Real Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco había una cátedra de medicina indígena). Los hospitales de indios estaban destinados a la cura de éstos. No se disociaba escolásticamente entre rehabilitación del cuerpo y del alma. Donde los servicios médicos los realizaban los propios frailes, ayudados por los médicos indios. Fue tal la importancia de los frailes en las cuestiones médicas de aquellas regiones, que siglos después cuando los hospitales y habían desaparecido, los indios seguían acudiendo a los conventos a pedir medicinas para sus males. A finales del siglo XVIII la obra de los agustinos y de los franciscanos, había sido deshecha.
En 1553 el príncipe Felipe tomó para la corona toda la responsabilidad de crear un hospital para los indígenas: el Hospital Real de Sanct Joseph, para conocerse con el tiempo como Hospital Real de Naturales a cargo excusivo del estado español. Como elemento característico indígena, además de los baños de tipo europeo llamados de placer, también tenía los de tipo nativo denominados temazcallis.
Hospitales del último tercio del siglo XVI fueron: La Caridad, hacia 1569 en la Antigua Veracruz; San Martín, 1569, en San Juan de Ulloa; La Concepción, 1569-84, en Jalapa; de la Habana, 1578, en La Habana; Nuestra Señora de la Consolación, 1584, en Acapulco, y San Roque, hacia 1592, en Puebla.
En Suramérica, en Lima, desde 1535, Pizarro planeó la construcción del hospital Real de San Andrés que fue erigido en 1538 cerca del convento de Santo Domingo. En Cuzco, fue establecido el Hospital de San Bartolomé en 1548. Y, a partir de 1550, los hospitales se generalizan en Suramérica:
Ecuador: Hospital de la Misericordia, en Quito, data de 1565; se conserva todavía. En 1567 tuvo Guayaquil su primer hospital.
Chile: Hospital de San Juan de Dios, en Concepción (1552); Hospital del Socorro, en Santiago (1554), y aún existente.
Paraguay: Hospital de la Asunción, en Asunción (1556).
Colombia: Hospital de San Pedro, en Bogotá (1564).
Bolivia: Hospital de Santa Bárbara, en Chuquisaca (Sucre), en 1567. La Paz en 1586.
Argentina: Hospital de Santa Eulalia, en Córdoba (1576).
Venezuela: Hospital de los Reyes, en Caracas (1590).
En Uruguay y en América Central (a excepción de Guatemala), no se fundaron hospitales sino en las postrimerías del siglo XVIII.
En un momento dado ya no importa tanto una medicina indiana y sus secretos terapéuticos, como organizar una medicina para las Indias, una nueva salubridad para la naciente capital de la Nueva España. La gravedad de los problemas médicos no consistían sólo en curar y organizar la deplorable infraestructura higiénica de los nuevos asentamientos, sino también racionalizar y limitar los mil y un remedios de la prolífica materia médica indígena tan estrechamente ligada a la empírea y a la magia, y a las que no poco eran también aficionados los españoles. Se necesitaba una teoría que separase la astrología de la farmacopea.
Si a todos se les considera en su obra particular, y luego se piensa en la labor que en conjunto todos desarrollaron defendiendo en los momentos en que esa patria mestiza se constituía, la mayor riqueza que es la vida humana, entonces es posible valorar la importancia de la obra hospitalaria del siglo XVI en la Nueva España. Incluso aceptando limitaciones y deficiencias en determinados aspectos y casos de lo que fue en su plenitud la institución hospitalaria para los indios de Mesoamérica, la casi siempre favorable reacción de los indígenas, la participación de algunos de ellos, incluso como médicos, muestra que en el gran conjunto de realidades que trató de implantar la corona en las tierras a ella sometidas, fue ésta una de las que más adecuadamente funcionó.

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11/01/2024

Guerreros de Terracota de Hielo en Harbin.
Esculturas de hielo modernas de guerreros de terracota de la era Qin hechas en el festival de invierno de Harbin
¡Harbin! Noreste de China....🤔🤔🤔

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15/12/2023

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15/12/2023

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09/12/2023

Hoy en la Hispanidad explicada para tontos 😁

El 9 de diciembre de 1824 en Ayacucho, que significa "rincón de los mu***os" en quechua, tiene lugar la batalla que pone...
09/12/2023

El 9 de diciembre de 1824 en Ayacucho, que significa "rincón de los mu***os" en quechua, tiene lugar la batalla que pone fin a la dominación española en Perú y en el continente. Este fue el último gran enfrentamiento comprendido dentro de las campañas terrestres de las guerras de independencia hispanoamericanas en América del Sur (1809-1826) y significó la consolidación de la independencia de la República del Perú.
La batalla se desarrolló en la Pampa de Quinua en Ayacucho, Perú,​ y la victoria de los independentistas supuso la desaparición del contingente militar realista más importante que seguía en pie, y selló la independencia del Perú con una capitulación militar que puso fin a la resistencia del las tropas del Virreinato del Perú.
Este suceso suele ser referido como el fin de las guerras de independencia en América del Sur, no obstante que las guarniciones españolas del Real Felipe del Callao y de Chiloé resistieron hasta 1826, y España no renunció formalmente a la soberanía de sus posesiones continentales americanas hasta una década más tarde, en 1836. El tratado de paz, amistad y reconocimiento con el Perú fue firmado el 14 de agosto de 1879 en París.

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