20/05/2025
Así, queridos seguidores, hoy Polar amaneció mu**to...
No, Polar no ha mu**to físicamente. Pero sí muere un poco cada día..
Cada vez que ve a sus amigos irse sin haber encontrado un hogar.
Y lo irónico es que a él lo adoptaron tres veces.
Tres veces volvió al albergue.
Siempre nos enseñó que, para él, nosotros somos su hogar.
Muchos dicen: “Tienen un albergue, deberían recoger a todos los perros.”
Como si el albergue fuera un paraíso.
Déjennos decirles la verdad: no lo es.
En el albergue, los perros comen solo una vez al día.
No reciben el cariño que nos gustaría darles, porque los voluntarios somos pocos y apenas tenemos tiempo para cocinarles.
Se estresan, porque no pueden tener paseos diarios, y muchos, tras haber vivido en la calle, no están preparados para una vida encerrada, pero ya pueden volver a las calles de las cuales fueron víctimas.
Por eso, el albergue es la última opción. Solo llegan los perros discapacitados, los que no pueden sobrevivir allá afuera o aquellos que nadie quiso adoptar, aunque lo intentamos todo.
Y aquí está la parte más dura:
Cada año mueren entre 2 y 3 perros en nuestro albergue.
Mueren más perros de los que logran salir en adopción.
La gente exige que rescatemos más, pero no adopta a los que ya están aquí.
Algunos llevan más de 7 años encerrados, invisibles.
Porque no son de raza, porque no son "bonitos", porque no cumplen las expectativas.
Polar tuvo oportunidades, muchas más de las que otros han tenido.
Lucas, Dandara, Megan…
Ellos no corrieron con la misma suerte.
Murieron en el albergue, esperando lo que nunca llegó.
Polar está vivo, sí. Pero sobrevive en un sistema que ya no da más.
Y esa es la realidad que duele.
La realidad que tú podrías cambiar.