07/05/2026
Black mirror se quedó corto al lado de esto...
Sam Altman, el CEO de OpenAI (o sea, ChatGPT), acaba de lanzar en una de sus empresas el World ID 4.0: te escanea el iris y te permite usarlo para loguearte a distintas apps como Tinder o Zoom. La gracia es que así le demostramos a la app que somos humanos. ¿Y por qué hace falta eso? Porque internet se inundó de bots y este año van a generar la mayoría del contenido que vemos.
Pero es ridículo, seguime en esta: La ola de bots fue generada por el surgimiento de la IA generativa. La IA generativa la lideró OpenAI. OpenAI tiene un CEO que se llama Sam Altman, que es el que te vende el sello de humano que necesitás por la ola de bots...¡Que él mismo generó!
Primero, nos cobra por hacer pozos y después, por arreglarlos. Es un bomberito pirómano.
Pero eso es lo de menos: lo verdaderamente grave es lo que el sistema le habilita a hacer a un gobierno.
La defensa de la empresa es que es anónimo. Por la criptografía, es verdad: ellos no saben quién sos en cada app. Pero el sistema entero gira alrededor de algo que sí tienen guardado: el código de tu iris. Porque si no lo guardaran, no podrían reconocerte la segunda vez. Todo el sello de humanidad depende de ese registro.
Imaginate que un decreto mañana obliga a la empresa a deshabilitar los iris de los opositores. Esas personas son ciudadanas de segunda en internet y, si el proyecto fue exitoso, significa que de golpe no pueden usar WhatsApp, ni Google, ni pedir un Uber, ni nada.
Y antes de que digas "es Black Mirror", aclaremos: esto ya es realidad en otra parte del mundo. Un país que si lo nombro me baja los posts tiene un sistema de crédito social que hace algo parecido y una app con verificación de identidad que, si te la desactivan, no podés ni leer el QR de un menú en una cafetería.
Hoy, lo presentan como opcional. Si les va bien, va a ser el sello sin el cual no podés hacer nada.
En el capítulo de Black Mirror, termina con una persona sin poder interactuar con nadie. Por lo menos, tuvo un juicio justo. Pero, cuando el control lo maneja una app, un solo cambio de términos y condiciones o un error son suficientes. Como siempre, la realidad termina siendo más extraña que cualquier ficción.