21/04/2026
Vende frutas en los semáforos de Quito y siempre va acompañada por su perro.
En esa ciudad es normal ver gente trabajando en medio del tráfico, pero este caso empezó a llamar la atención por un detalle distinto. Mientras ella ofrece fruta de carro en carro, el perro va a su lado, sin correa, atento a cada movimiento.
En algunos momentos incluso carga pequeñas bolsas, como si también estuviera ayudando. No se asusta con el ruido ni con los pitos, sigue su camino tranquilo, pendiente de ella.
Los conductores se quedan mirando porque no es algo común. No hay órdenes ni señales, simplemente se entienden.
Ella sigue buscando vender sus productos, y él sigue ahí, caminando al mismo ritmo.