23/07/2018
MI PUEBLO DE LLUTA Y SUS PERSONAJES
DON CELESTINO COAQUIRA RODRIGUEZ
LLUTA, es el pueblo donde nací, situado en la provincia de Caylloma, Arequipa. Nuestro buen humor es permanente, con decirles que hasta la muerte, cuando llega, lo hace enseñando los dientes, mu**ta de risa.
El sol empieza a rayar a las 6 am, a esa hora las cocinas humeantes y las tostaderas reventando el tostao, es el iniciar del día lluteño.
En este mi pueblo, hubo "personajes tradicionales y emblemáticos" que se ganaron un espacio propio en el quehacer comunitario; uno de ellos, fue don CELESTINO COAQUIRA RODRIGUEZ, llamado cariñosamente "don Celico macho".
Era agricultor por genética, su especialidad el arado, principalmente "los rompes": gañán único en su género. Las alfalfas empastadas, al paso de don Celico, sonreían porque pronto vendría a rescatarla de las fauces de la mala hierba, operación que daría lugar inevitablemente a abrir sus entrañas.
Casado con doña Francisca Mamani Lea, ambos inmigrantes de Caylloma, y su prole son: Tomás, Macario, Ángel, Delfin, Leónidas, Serafín, Esperanza, Gilmar y Víctor Coaquira Mamani, dos de ellos yacen al lado del Señor. Vivían en el balcón del pueblo.
Todos los agricultores dependían de él, por su puntualidad, honestidad y responsabilidad. La chacra de turno podría estar ubicada en los lugares más lejanos, donde los dueños "se iban cama y todo", el Denunció, Pamparca, Guato, Tinquiña, Huiturca o Vilque, el hombre estaba ahí antes de las 8 am con sus hijos, según contrato. Tomaba su desayuno de ley, que consistía en café de cebada o mate en un jarro especial, guardacho o caldo y tostao con queso. Amarraba la yunta, se sacaba el sombrero de paño, extraía la chuspa de ccayto, la ofrecía al Altísimo en señal reverencial, chacchaba unas hojitas de coquita con su llucta y listo, iniciaba la jornada a las 8 am; mientras que los otros peones recién iban apareciendo.
A media mañana, el dueño, le alcanzaba su "guactito" revitalizador y continuaba la faena.
Cuando el sol estaba en el centro del firmamento, paraba la yunta, plantaba "el aijon", eran las 12.00, medio día hora del almuerzo. Desamarraba los toros, para que tomen su agua y coman su faina.
El almuerzo, consistía en mazamorra de maiz, Chochoca o chuño con su troncha de carne en plato hondo de porcelana. El mantel extendido en el suelo con tostao y queso para todos los comensales. Don Celico se comía dos platos religiosamente. Terminado el almuerzo, se iba junto al apero, en la boca llevaba el "limpia dientes" y se daba su siestecita de un cuartito de hora. A la 1 pm reiniciaba la faena, previa chacchadita de coca hasta el fin de jornada 5 pm. La merienda, era igualmente sólida: Sango o blanco de trigo con ají de cochayuyo, mote con queso y su mate de manzanilla. Ya entrada la "oración", retornaba a casa.
Este era el proceder rutinario de un hombre cabal, sincero, caballero, digno de respeto, todo un Patricio del campo. Nadie podía cambiar su ritmo laboral porque sus 8 horas realmente eran de trabajo, acciones que lo hacían merecedor del respeto y ascendencia general; por ende, sus derechos eran inalienables.
Los días domingo y feriados eran sagrados para él, no trabajaba así se lo pidiera el Papa, igual su cumpleaños y el de doña Pancha.
Tenía crédito abierto en todas las tiendas, garantizado por su trabajo y recia personalidad. Su fiel radio Telefunken lo actualizaba del acontecer mundial y nacional de la época. Hablaba con naturalidad de Lenin, Hi**er, Kennedy, Fidel Castro, Velasco, Haya De la Torre en sus tertulias bohemias.
Electo por las autoridades consuetudinariamente como el "trabajador del año". Supo impregnar en sus hijos esa mística personal, hoy hombres de bien.
Hace 18 años nos dejó y donde esté, quiero rendirle este homenaje que me viene en alas del recuerdo, porque "DONCELICO SI FUE UN HOMBRE MACHO, DIGNO, CABALLERO y HONESTO" que le dio prestigio al agro lluteño.
Gratamente
ANIBAL BEGAZO CÁCERES