29/04/2025
🔴 La juventud en el Perú enfrenta un panorama complejo ante la creciente inseguridad ciudadana.
Muchos jóvenes viven en estado de alerta constante, especialmente en zonas urbanas donde la violencia, el crimen organizado y la delincuencia común afectan su vida diaria. Esta situación limita sus oportunidades de desarrollo, educación y empleo, empujando a algunos incluso a involucrarse en actividades delictivas como medio de subsistencia.
Sumado a ello, la falta de políticas públicas efectivas que promuevan inclusión social y prevención del delito deja a los jóvenes sin apoyo ni alternativas. Urge una respuesta integral del Estado que combine seguridad, educación, empleo y espacios de participación juvenil.
La inseguridad ciudadana en el Perú impacta directamente en el empleo y la participación política de la juventud. Por un lado, la violencia y el crimen generan un ambiente inestable que desalienta la inversión y limita la creación de empleos formales, especialmente en zonas vulnerables.
Esta situación obliga a muchos jóvenes a aceptar trabajos precarios o informales, lo que perpetúa la desigualdad y dificulta su desarrollo profesional. Por otro lado, la desconfianza en las instituciones, alimentada por la corrupción y la ineficacia estatal ante la inseguridad, provoca un profundo desencanto político entre los jóvenes. Muchos sienten que sus voces no son escuchadas y que sus necesidades no están representadas en las decisiones del país.
El resultado de esta situación estructural, se reduce su participación activa en procesos democráticos, debilitando aún más la posibilidad de construir un Estado que responda a sus demandas.