En un tiempo, en un espacio que hoy ocupa el cercado de Puente Piedra no existía más que un paraje deshabitado y pantanos. Eran el resultado del rebose de la napa acuífera contra los cerros en el ciclo de las aguas de riego de las haciendas y chacras próximas. Todo el sistema de regadío nacía del rio chillón que bañaba el valle en sentido noreste – suroeste rumbo al océano desde las alturas de can
ta en la cordillera. Durante la colonia, el fértil valle, a través de sus fundos chacras y trapiches producía caña de azúcar, algodón forraje y panllevar. El centro poblado más importante era el de san Pedro de Carabayllo, fundado entre 1821 y 1825 a sólo 4 kilómetros del pantano. El pantanal fue denominado de muchas formas, pero al final se quedo como “Los Gramadales de Carabayllo”. Se consagro como una zona franca al margen de las haciendas que permitía el ingreso y usufructo a los pastores, cazadores, y algún labriego atrevido, sobre todo porque allí pasaba la principal vía de comunicación: el antiquísimo camino real y ramales. Viendo que en medio de la gran propiedad privada de las haciendas, los Ramadales debían conservarse como zona de abierto transito, la corona resuelve en el siglo XVII no venderlos, pese a la insistente solicitud de los hacendados como doña Francisca de Aguilar, dueña de Copacabana. Entre 1613 y 1621 el virrey Francisco de Borja y Aragón transfiere las referidas tierras al cabildo de Lima por 150 pesos, convirtiéndola en predio municipal, igualmente público. En más de dos oportunidades las autoridades tuvieron que practicar deslindes, proclamándose el carácter fiscal de esas tierras, Y se prohibió a Copacabana impedir el paso y cobrar por el uso. A fines de la colonia, manos anónimas tienden un puente de piedra sobre la acequia madre que fluía de norte a sur. El continuo tráfico de personas y ganado hiso necesario la obra. Ese incivilizado lugar contiguo a la hacienda Copacabana tiene por fin un referente, un aspa en el mapa, en sus boletines de guerra los patriotas sanmartinianos que luchaban por dejar a los españoles del poder, hablan por primera vez de ese puente de piedra en 1821. En 1870 el presidente José Balta emprende un gran proyecto de construcción de ferrocarriles. Inaugura ese año el tramo de lima a ancón con una estación ferroviaria casi frente al puente de piedra. En esos años cruzaban el lugar de oeste a este, pastores que soltaban su rebaño en medio de esa vegetación y de sur a norte viajeros que usaban el camino real de Lima a Chancay. En mayoría, los que pastaban en los gramadales provenían de Carabayllo. De allí son Feliciano Arzola y Félix Gaviria, reconocidos como los dos primeros en instalar ranchitos en 1877. Con las instalaciones férreas se empalmaron además las vías locales del ingenio Puente Piedra, complejo que molía la caña de la zona y se trasladaba el azúcar fuera del valle a través de la estación. La corporación británica Milne, dueño del ingenio se la vendería en 1920, el Peruano-Norteamericano Rollin Thorne.