27/08/2025
Cuando una denuncia falsa se interpone entre un padre y su hijo, la primera herida no la lleva el adulto. La lleva el niño.
Un niño que no entiende por qué papá ya no lo recoge del colegio.
Que se duerme esperando una llamada que nunca llega.
Que empieza a creer que su padre no lo quiere, cuando en realidad lo ama con todo su ser.
Las falsas denuncias no solo destruyen la vida de un hombre, arrancan la mitad del corazón de un niño.
Le roban abrazos, risas, aprendizajes y recuerdos que jamás volverán.
Le enseñan, sin querer, que el amor puede convertirse en castigo, y que la justicia puede ser injusta.
¿Quién piensa en ese hijo cuando un juez dicta una medida automática?
¿Quién lo consuela cuando pregunta por qué papá no está?
¿Quién le explica que todo es una mentira legalizada?
Los niños no deberían ser armas en batallas de adultos.
No deberían pagar la guerra que otros inventan.
Cada denuncia falsa es un acto de maltrato infantil disfrazado de justicia.
Porque el daño es profundo:
— Niños que crecen con vacío en el alma.
— Adolescentes que cargan resentimiento y confusión.
— Adultos rotos que no entienden por qué les arrebataron a su padre.
Las falsas denuncias no son solo violencia contra hombres. Son violencia contra la infancia.
Y cada niño silenciado, cada lágrima escondida, es una deuda que este país tendrá que pagar si no reacciona.
📢 Por ellos, levantamos la voz.
Porque un niño tiene derecho a ambos padres.
Porque un abrazo no se repone.
Porque su infancia no se repite.
Padres Sin Gloria
Oye Papá Oye Mamá
Dra. Marian
Alejandro Muñante
Ministerio de Justicia y Derechos Humanos del Perú
Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables del Perú
Congreso de la República del Perú
Policía Nacional del Perú