08/03/2024
𝐋𝐀 𝐑𝐄𝐕𝐎𝐋𝐔𝐂𝐈𝐎́𝐍 𝐑𝐔𝐒𝐀 𝐘 𝐋𝐀 𝐄𝐌𝐀𝐍𝐂𝐈𝐏𝐀𝐂𝐈𝐎́𝐍 𝐃𝐄 𝐋𝐀 𝐌𝐔𝐉𝐄𝐑
Hoy en día, millones de mujeres incluso en las “democracias” capitalistas avanzadas tienen que soportar vidas espantosas y brutales de miseria y trabajo arduo. En Estados Unidos, para nombrar sólo dos ejemplos del prejuicio contra la mujer, el derecho al ab**to se encuentra bajo un ataque cada vez mayor y las guarderías de calidad son escasas y demasiado costosas para la mayoría de las mujeres trabajadoras. Las condiciones de la mujer en el Tercer Mundo son muchísimo peores. Sin embargo, la mujer en la Unión Soviética disfrutaba de muchas ventajas, como guarderías sostenidas por el estado, pleno derecho al ab**to, acceso a una amplia gama de oficios y profesiones y un alto grado de igualdad económica con sus compañeros de trabajo hombres; en pocas palabras, tenían un estatus que en muchos aspectos era mucho más avanzado que el de las sociedades capitalistas actuales.
La Revolución Bolchevique de 1917 hizo posibles estas conquistas. Lejos de ser un mero maquillaje cosmético y superficial, la Revolución Rusa fue, en palabras del historiador Richard Stites: “Una revolución social clásica; un proceso, no un suceso, un fenómeno que no puede ser activado, desatado o puesto en marcha por un mero recambio de poder que se confina al centro y confina sus esfuerzos a decretos y leyes que enuncian los principios de la igualdad. Una verdadera revolución social en una sociedad subdesarrollada no termina con el traspaso de la propiedad como tampoco con el traspaso de las carteras de gobierno; es el resultado de una movilización social. Puesto en términos llanos, significa organismos que surgen del pueblo con planes bien trazados, con capacidades y con euforia revolucionaria; significa enseñar, impulsar, aguijonear, halagar al obstinado, al ignorante, al atrasado, por medio del componente supremo de toda propaganda radical: el mensaje y la convicción de que la revolución es relevante para la vida cotidiana.”
Este esfuerzo exhaustivo por reinventar la sociedad fue posible gracias al derrocamiento del dominio zarista-capitalista y la toma del poder por los soviets —consejos obreros y campesinos— bajo la dirección bolchevique en octubre de 1917. Los latifundios de la nobleza terrateniente fueron abolidos y la tierra se nacionalizó: la industria pronto sería colectivizada. El nuevo estado obrero dio los primeros pasos rumbo a una economía planificada a favor de los trabajadores. Esto trajo enormes beneficios a la mujer obrera. La Revolución Rusa procuró llevar a la mujer a la participación plena en la vida social, económica y política.
Tras la contrarrevolución que restauró el capitalismo en 1991-92, las mujeres de la ex Unión Soviética enfrentan condiciones enormemente deterioradas que en cierto modo se asemejan a las del Tercer Mundo. El desempleo masivo, el desplome en la esperanza de vida y un resurgimiento del atraso religioso —tanto ortodoxo ruso como musulmán— son sólo tres ejemplos. Entre 1991 y 1997, el producto interno bruto se redujo en un 80 por ciento; según estadísticas oficiales (que subestiman la caída), la inversión de capital cayó en más de un 90 por ciento. Para mediados de la década, el 40 por ciento de la población de la Federación Rusa estaba viviendo por debajo de la línea oficial de pobreza, mientras que otro 36 por ciento estaba apenas por encima. Millones sufrían hambruna.
Los bolcheviques reconocían que, sin un desarrollo económico cualitativo, la liberación de la mujer era una fantasía utópica. Mientras trabajaba para maximizar los recursos con los que contaba, el joven régimen bolchevique hizo cuanto pudo por cumplir la promesa de la emancipación de la mujer, incluyendo la creación de un departamento del partido dirigido a las necesidades de la mujer, el Zhenotdel.
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Logros históricos de las mujeres soviéticas: https://www.youtube.com/watch?v=jbTaZ1P8XqQ