25/04/2021
Ni olvido, ni perdón: ¡ ! ✊🏽
Mujeres esterilizadas en contra de su voluntad, comunidades campesinas asesinadas, extorsiones a plena luz del día por el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), acuerdos por debajo de la mesa con narcotraficantes, compra de medios de comunicación para desinformar y difamar a los que se oponían a su régimen, universitarios torturados, desaparecidos y asesinados como los de la Cantuta, UNCP y UNMSM, Poder Legislativo, Ejecutivo, Judicial en su fase más alta de corrupción. Estos fueron algunos de los puntos álgidos de la dictadura de Alberto Fujimori Fujimori, un profesor universitario que dejó las aulas para convertirse en uno de los mayores quebrantadores de los derechos humanos y de los personajes más corruptos de la historia peruana, el cual actuó en sintonía con el jefe del Servicio de Inteligencia, su compadre, Vladimiro Montesinos.
Fue Fujimori quien inició el laberinto del terror luego de ganarle los comicios a Mario Vargas Llosa. A tan solo unos meses de asumir el cargo, llegó la primera de sus tantas mentiras, el fujishock, medida que durante su campaña negó rotundamente llegar a tomar. Dos años después, un 5 de abril cerró el congreso (autogolpe) señalándolo de obstruccionista, discurso antojadizo usado en innumerables décadas. Los hechos mostraron que los fines que él y su compadre perseguían era tener el control total del Estado, y un Congreso opositor evidentemente no le convenía. Del nuevo congreso golpista nació una constitución que, daba la percepción de aliviar en cierto grado la crisis económica provocada en la década anterior, pero en la realidad no cambio en lo más mínimo aquella lógica estructural en la que se cimientan las desigualdades existentes en nuestro país, donde en una pandemia el rico se vacuna en Miami y el pobre mendiga camas UCI y balones de oxígeno.
A inicios de los 90 la capital comenzó a ser azotada por el llamado conflicto armado interno, el gobierno entrante tenía como prioridad acabar con tal situación. Como está demostrado no fue el trabajo de Fujimori, del SIN, de las FF.AA. o de la PNP el que desbarató el centro de operaciones principal de Sendero Luminoso, sino que fueron las organizaciones campesinas en distintas provincias, e incluso determinados métodos usados por el GEIN. Pese a ello, Fujimori logró capitalizar a su favor la caída de Guzmán, montando todo un espectáculo que era diariamente transmitido por los canales de señal abierta y rebotado en los diarios desde los más pomposos hasta los más chichas. El arte de engañar a las masas fue el hobby preferido del dúo fujimontesinista.
Conseguida la “aprobación” del pueblo, arrasaron con sindicatos, federaciones y todo tipo de organismo popular que sea utilizado para defender derechos básicos: desapareciendo y asesinando a sus dirigentes, tildándolos de terroristas y desacreditando sus luchas. El cuco del terrorismo, artimaña fujimontesinista, no paró de ser usado incluso hasta nuestros días. Sin dudarlo, la prensa chicha-basura fue el mejor aliado de esta campaña.
La Constitución Política del 93 claramente fue la que permitió todos estos hechos ocurridos en la dictadura, generando los mecanismos y vacíos legales perfectos para que los asesinatos y desapariciones de cientos de activistas políticos opositores al gobierno queden, en gran parte, impunes. Permitió el remate de cientos de empresas nacionales, el abuso de las empresas privadas hacia sus trabajadores, la creación de oligopolios que controlan el precio de las medicinas, los alimentos y cientos de bienes esenciales. Permitió y sigue permitiendo que la educación no sea un derecho, sino un servicio en venta que se expresa en los miles de estudiantes estafados por universidades privadas que solo buscan el lucro y en estatales donde la enseñanza nos aleja cada vez más de una ciencia al servicio de las mayorías. Todo ello y más fue impuesto por una cúpula de parásitos que jamás tuvo al pueblo como prioridad.
Un gobierno bañado en la sangre de campesinos, un gobierno con hornos para quemar a sus víctimas, un gobierno que compró medios de comunicación y desapareció otros, un gobierno que no les dejó decidir a las mujeres sobre su maternidad, un gobierno que cometió violaciones, un gobierno genocida presidido por la escoria fujimontesinista no puede jamás olvidarse ni perdonarse.
La hija del dictador no representa ningún tipo de estabilidad, ni el más mínimo sentido de democracia, menos aún de gobernabilidad. Lo que ella representa es aquel excremento pegado en la suela de nuestros zapatos. Es la lacra que tras tanto rubor soñó con ser un “Khe me queda”. Es la nostalgia que nos provoca tener un país aún tan en pañales.
Keiko no es una opción, Keiko es humillación.
¡NI PERDÓN NI OLVIDO, FUJIMORI NUNCA MÁS!
¡EL PUEBLO SALVA AL PUEBLO!