12/04/2026
Liam, en la sala de 4 años, está trabajando con un material de organización y clasificación, donde cada pieza tiene un lugar específico. 🧩
Pero antes de llegar aquí, durante el mes de adaptación, su aprendizaje fue mucho más real y cercano:
contó piedritas, hojitas, palitos, ramitas… 🌿
agrupaba de cinco en cinco, formaba pequeños grupos, construía “casitas” con diez elementos, comparaba cantidades, unía y separaba con sus propias manos.
En ese recorrido fue explorando, repitiendo y organizando. 🔄
Al haber transitado y agotado estas experiencias concretas, su pensamiento fue madurando.
Poco a poco, su mente empezó a anticipar, a reconocer patrones y ordenar. 🧠✨
Es entonces cuando pasa a un siguiente plano:
un material más estructurado, donde las piezas ya no son libres, sino que tienen un lugar definido.
Aquí llega a la imagen que vemos: el tablero de organización y clasificación Montessori. 🪵
Hoy, cuando Liam toma una pieza —por ejemplo roja— su cerebro registra:
“esta pieza corresponde aquí”.
Si no encaja, compara, ajusta y corrige con mayor intención.
En ese proceso, está formando lo que en neuroeducación se llaman representaciones mentales.
Mientras sus manos actúan, su mente organiza información:
reconoce atributos, establece relaciones y comprende correspondencias (uno a uno).
Sin darse cuenta, está construyendo esquemas mentales:
estructuras internas que le permiten clasificar, ordenar y dar sentido a lo que aprende.
María Montessori explicaba que el niño no empieza por el número escrito,
sino por la experiencia: primero explora con los sentidos, luego organiza en su mente,
y recién después puede comprender y representar.
Por eso, antes de ver un número en el papel, Liam ya entendió la cantidad al haberla construido.
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