17/02/2026
Cuando la fiesta se convierte en agravio
No cuestiono la alegría ni la tradición. Cuestiono el desorden. Cuando la celebración pierde límites, deja de ser cultura y se convierte en daño.
Cajamarca amanece con basura, muros manchados, árboles afectados y monumentos usados como escenario de excesos. No es exageración; es una realidad que afecta nuestra imagen y dignidad.
También preocupa la permisividad. Si no hay control ni autoridad firme, el mensaje es claro: todo está permitido. El visitante debe respetar, el comerciante actuar con responsabilidad y el municipio garantizar orden.
Amar la ciudad implica cuidarla. La verdadera celebración es aquella que fortalece nuestra identidad y deja espacios limpios, seguros y respetados.