07/10/2011
"Cuanto más consciente se vuelve uno, más se recuerda a sí mismo,
con más cautela actúa, más alerta está, más heridas empiezan a desaparecer, hay menos brotes de ira, menos odio, menos celos y menos sentimientos posesivos.
Un día, uno simplemente descubre que todo eso se ha vuelto irrelevante,
ha pasado a ser historia antigua, ya no se trata de cuestiones vivas sino de cuestiones muertas.
Cuanto más consciente se vuelve uno, más se afianza la salud y la integridad.
En esto consiste el milagro de adquirir conciencia: en que todo lo que es erróneo empieza a desvanecerse y todo lo que es correcto empieza a suceder, Individualmente, y como sociedad, la cuestión primordial es decidir si preferimos estar dormidos o despiertos, inconscientes o conscientes”.