29/08/2026
Tanto “yanqui enemigo”, tanto “imperio asesino”, tanta hablada de soberanía… y bastó que sonara la caja registradora para que la revolución descubriera que el dólar tampoco huele tan feo.
Ahí es donde se conoce una doctrina: no cuando grita, sino cuando le toca escoger entre el principio y la conveniencia.
Y estos escogieron la conveniencia sin despeinarse.
El antiimperialismo era para la tarima, para el pobre maje que tenía que repetir la consigna y para justificar cualquier abuso.
Porque cuando llega el negocio, ya no hay imperio.
Hay cliente.
Tanta revolución para terminar sirviendo al "yankee opresor"