18/05/2026
Es lamentable el nivel de revanchismo político y la falta de visión que algunas personas en " representación" de organizaciones se dedican a desconocer la vitalidad de propuestas en la que el reconocido escritor nicaragüense Sergio Ramírez esta siendo perfilado para ocupar un lugar en la RAE.
Será ignorancia cultural o predisposición partidaria?
Por sus obras les reconocereis.
Porque hablar de Sergio Ramírez Mercado es recorrer la memoria viva de Centroamérica: una tierra donde la literatura sobrevive y expresa las cotidianidades que vive el nuevo siglo.
Su legado cultural se levanta como un puente entre la palabra y la conciencia colectiva, entre la belleza narrativa y la denuncia de las heridas sociales de Nicaragua y de América Latina.
En la obra de Sergio Ramírez se reconocen ciudades de campanas antiguas, patios rurales y voces populares. Sus personajes caminan entre revoluciones, dictaduras, desencantos y esperanzas, pero nunca pierden la humanidad.
Él convirtió la cotidianidad centroamericana —los mercados, las conversaciones familiares, el humor popular, la religiosidad y el miedo político— en materia literaria universal. Allí radica una de sus mayores conquistas: demostrar que Nicaragua también podía ocupar un lugar central en la gran narrativa hispanoamericana.
Ramírez no buscó únicamente embellecer el idioma; quiso también desnudar el poder. Sus novelas y ensayos retratan la fragilidad de las democracias latinoamericanas y la manera en que los sueños revolucionarios pueden transformarse en nuevas formas de autoritarismo. Su escritura posee la ironía fina del cronista y la melancolía del hombre que ha visto a la historia repetirse demasiadas veces.
Obras como Margarita, está linda la mar, Castigo divino y Tongolele no sabía bailar construyen un archivo emocional de Nicaragua.
En ellas, nuestro país aparece atravesada por la memoria, la violencia y la ternura por que escribe con la paciencia de quien escucha hablar a la gente antes de narrarlos.
El reconocimiento del Premio Cervantes que recibió en 2017 tuvo un significado que excedió lo individual: fue también un reconocimiento para la literatura centroamericana, tantas veces relegada a los márgenes del canon latinoamericano. Con él, Centroamérica dejó de ser solamente escenario de conflictos para convertirse en territorio de alta creación literaria.
Pero quizá el rasgo más profundo de su legado sea su defensa de la libertad intelectual. Sergio Ramírez pertenece a esa tradición latinoamericana de escritores que entienden la literatura como un acto de dignidad civil.
A pesar de haber sido Vicepresidente 1985-1990 después de la Revolución Sandinista, su voz ha permanecido crítica frente a cualquier forma de censura o concentración del poder, recordando que la palabra escrita puede convertirse en refugio, memoria y resistencia.
Leer a Sergio Ramírez es escuchar el murmullo de Nicaragua hablando desde sus calles, sus exilios y sus silencios. Es comprender que la literatura latinoamericana no solo se escribe desde las grandes capitales, sino también desde las pequeñas patrias heridas que aún creen en el poder de contar historias desde las realidades para que el mundo sepa que Nicaragua herida, está en la lucha por la vida, la paz y la cultura.
(El autor es miembro del M19N) 17/05/2026
El escrito obdece a una muestra de pluralidad de pensamiento y tolerancia que se practica para una nueva Nicaragua.