27/08/2026
Los saludos típicos de mi pueblo
Por: Emigdio Quintero Casco
En los pueblos pequeños siempre existen personas que uno las recuerda por su peculiar forma de saludar. ¡Es muy cierto! Esos saludos se quedan grabados en la memoria colectiva, y definen el alma de nuestros pueblos. Saludar es una costumbre sencilla, con calor humano. Un saludo funciona como una señal de respeto y de reconocimiento mutuo. Estos simples gestos ayudan a fortalecer la confianza, entre los miembros de nuestra comunidad. Yo recuerdo a muchas personas, sin saber su nombre, por su manera de saludar típica, diferenciadora, única, intransferible e individualizada.
1.- De San Caralampio bajaba todas las tardes, don Pedro “Pisón” Martinez, con su cutacha bajo el brazo, con un bolso o salveque de yute o lona colgado en el hombro, caminando en la ronda de las calles del pueblo. A pesar de su machete corto o de jardinería, nadie experimentaba temor o desconfianza al verlo. Sabían que don Pedro era un hombre pacífico, amigable y noble de corazón. Unos dicen que vivía en El Retén.
Al hombre o joven que se le cruzaba en el camino lo saludaba, no con un “hola”, sino con la palabra “pisón”, la cual repetía dos veces o más hasta ganar la atención del aludido. Pisón (de pisar) es una palabra explicita referida a la persona propensa a las relaciones sexuales. Pedro, de voz suave, aterciopelada, de susurro de paloma, con esa palabra le daba al caballero un reconocimiento de hombre “bueno a las mujeres”. La gente lo conocía como “pisón”.
2.- Don Rubén Calero siempre fue una persona sociable, amistosa, comunicativa y popular. Participaba activamente en las procesiones de la iglesia católica, en las fiestas patronales, en las fiestas bailables y fiestas privadas. Con la palabra “primo” rompía el hielo, lograba el acercamiento, abría la posibilidad de un ambiente más familiar, ganaba confianza y aceptación. Todo el mundo lo conocía como “el primo Rubén”.
3.- Don Dionisio Carballo, agricultor, destazador, servicial, le gustaba jugar billar, familiero. Cuando se acercaba un cliente a su tramo, en busca de carne, le preguntaba: ¿Què le doy Capiròn? ¿Cómo amaneció doña capirona?”, “buenos días mi Capiròn”. Las mujeres más confianzudas se dirigían a él en la forma siguiente: ¿Capiròn, dame dos libras de posta y una de costilla”. Cuando un amigo lo llegaba a visitar la pregunta de cajón era: ¿Se encuentra don Capiròn? Y la Paquita contestaba: Sí, pase adelante; siéntese que ya viene.
4.- Don Francisco “Caramba”. En La Concepción funcionó un restaurante denominado Restaurante Caramba, en honor a la frase frecuente que utilizaba en sus saludos y conversaciones don Francisco Rosales. Cuando se encontraba con una persona conocida, don Francisco, la primera frase que soltaba, extendiendo sus brazos y manos de patriarca, era la siguiente: ¡Caramba, amigo...!
Caramba es una interjección coloquial que se usa para expresar sorpresa, asombro, admiración. A don Francisco se le escuchaba con frecuencia decir: ¡Caramba, què gusto me da verte aquí! ¡Caramba, niña, no te preocupes por eso! Cuando montaba su caballo rumbo a sus fincas, siempre saludaba de largo a sus amigos, tocando levemente la punta del sombrero, en gesto de saludo respetuoso.
5.- El “tigre” de Nene Vásquez. Para el ingeniero Nene Vásquez todos, conocidos y desconocidos, eran “tigres”. “Cómo estàs tigre! ¡Ideay, tigrè, dónde te has perdido! Un día de tantos, le pregunté por què usaba con harta frecuencia la palabra “tigre”, para dirigirse al otro, incluso, a su vecino. Bueno, me contestó, es que yo, por mi trabajo me tengo que reunir y encontrar en mi vida rutinaria a muchas personas, conocidas, desconocidas y por conocer. Y, como tengo mala memoria para los nombres, mi única tabla de salvación es esa bendita palabra. Sin embargo, a él nunca le dijeron “tigre”, siempre lo trataban de ingeniero, para saludarlo.
6.- El saludo del santito! A la pulpería de mi abuela Adela Quintero siempre llegaba un señor bajito; tenía una deformación en los pies, y siempre andaba con un bastón rústico, para poder movilizarse. Ese señor humilde, pedía limosnas y favores, juntando sus manos como santito, y doblaba su cabeza hacia el lado derecho de la humildad, para conseguir su favor deseado. Los chavalos de la escuela, que funcionaba en casa de don Alfonso Macìas, le decían Potosmito “Santito”.
Un día fui a visitar a don Serapio. En su choza un niño, a instancia de su madre, me saludó como santito. Esa manera de saludar con respeto a los mayores se ha perdido. El saludo del Santito se practicaba más en la zona rural que en el casco urbano.
7.- En busca de saludar a mi gente. Don Efraín Hidalgo y García, originario de Managua, casado con doña Dominguita Reyes, salía a caminar en aquellas calles polvorientas del pueblo, con una gran disposición de saludar al que iba o venía, al que sacaba la cabeza por la ventana, al que iba con una carga de leña en el hombro, a la señora que con su pregón anunciaba el pan, atol o cajeta de coco. Caminaba batiendo sus pantalones flojos, moviendo de lado a lado su cabeza, acomodándose los anteojos, en busca de una cara conocida para darle un “buenos días” o unas “buenas tardes”. Y cuando lograba encontrar una mano amiga, le apretaba la mano al sujeto con su mano franca, amiga y fraterna.
Y así como a don Efraín, recuerdo los saludos tìpicos de Raúl “Urraca” González, de don Federico Ampiè, orador de todos los entierros, que aprendió inglés con el método de la Hemphill Schools, a don Porfirio Navas, un señor de calva total, que lo confundían con un cura franciscano por la pelona, pero que inspiraba respeto, paz y confianza. Un ejemplo de persona ceremoniosa, respetuosa, de principios cristianos, lo encontramos en la personalidad de don Valeriano Carballo. Sus saludos demostraban empatía y buena disposición para interactuar; demostraban apertura, condescendencia, respeto y reconocimiento de pertenencia a la misma comunidad. Esos saludos tìpicos no volverán. Volverán las oscuras golondrinas, pero los saludos de “Pisòn”, no volverán.
Saludos de cierre de encuentro o conversación
“Hola, como está usted, cómo se encuentra”, es un saludo típico y tradicional de una persona sociable y educada, para iniciar o motivar una conversación. Los ejemplos abundan. Pero, también existen saludos de despedidas, que pueden ser muy emotivos, amistosos, sinceros y cordiales. Son saludos que favorecen el fortalecimiento de la amistad, el compañerismo y las relaciones humanas. Igual, los ejemplos abundan: “Fue un gusto haberte visto o saludado; pase buenas noches”.
Por los años 60 se hizo viral la frase de cierre de conversación, que se le atribuye a un telegrafista muy respetuoso, amable, que le daba buena atención a los usuarios de su Oficina de Telégrafos y Correos. La frase es la siguiente:
“Punto concluido y la fraternidad del individuo”.
La frase pegó en nuestro imaginario colectivo. Se viralizó y andaba de boca en boca en las reuniones sociales, en bares y cantinas. Unos la repetían de buena fe y otros con un poco de sarcasmo, ironía o por jodedera. Las galleras, los campos deportivos, las fiestas populares, los temas políticos o religiosos, siempre dan motivos a largas y agitadas discusiones y pleitos.
Cuando se daban esos casos, nuestro amigo telegrafista, recurría a su frase, sobreponiendo la amistad, la comprensión y la fraternidad, sobre todas las cosas. Lo importante para èl, era mantener la amistad, la condescendencia y la fraternidad. Ser tolerante. Ahora ya sabemos, en todo encuentro, en todo diálogo o discusión, debemos ser tolerantes y tratar de llegar a acuerdos positivos, para que la sangre no llegue al rio. La despedida o el saludo cordial de cierre se da cuando prevalece la tolerancia, la educación en valores, la moral, urbanidad y el civismo.
Factores de cambio en la actualidad
Los concheños no estamos libres de salvarnos de las nuevas tendencias, en cuanto a la forma de saludar. Uno de esos factores es la globalización, lo mismo que la tecnología, que nos impone el saludo digital (emojis, las siglas) que redefinen la proximidad y la formalidad en las redes sociales. Otro factor de cambio lo vimos con la crisis sanitaria del COVID, donde se saludaba chocando los codos y se nos impedía estar cerca del vecino o del amigo. Todos esos factores modifican las formas típicas de nuestros saludos de antaño.
Emigdio Quintero Casco
Escritor, periodista y maestro normalista Promoción 1964.
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NOTA: Su amable comentario es valioso e importante, para enriquecer este tema educativo, sobre nuestras formas de saludar al otro.