24/08/2014
La correspondencia de Bill W. con Carl Jung
Después de retirarse de la dirección de AA en 1961, Bill acometió una tarea que ya desde mucho tiempo había querido emprender - la de reconocer la deuda que AA tenía con aquellos que contribuían a su creación. Una de esas personas era el Dr. Carl Jung, a quien Bill dirigió una carta el 23 de enero de ]961.
Enero de 1963
Muy estimado Dr. Jung,
Hace mucho tiempo que debía haberle dirigido esta carta de agradecimiento profundo.
Para empezar, permítame que me presente. Me llamo Bill W., y soy uno de los cofundadores de la Sociedad de Alcohólicos Anónimos. Aunque ya habrá tenido usted algún conocimiento de nosotros, dudo que sepa que una conversación que usted tenía, a principios de la década de los años treinta, con un señor de nombre Rowland H., acabó desempeñando un papel decisivo en la fundación de nuestra Comunidad.
Aunque Rowland H. falleció hace ya muchos años, el relato de sus extraordinarias experiencias mientras estaba bajo su atención médica han pasado a ser parte de la historia de AA. Según recordamos, la narración de su experiencia puede resumirse así:
Alrededor del año 1931, al haber agotado todos sus demás recursos para recuperarse del alcoholismo, recurrió a usted como paciente. Creo que usted le atendió durante un año aproximadamente. Le tenía a usted una admiración sin límites y, al terminar el tratamiento, se sentía muy seguro de sí mismo.
Para su gran consternación, tardó muy poco en recaer en la embriaguez. Convencido de que usted era su "tribunal de última instancia", recurrió de nuevo a sus cuidados. Esa fue la ocasión en que tuvo lugar entre ustedes dos la conversación que llegaría a ser el primer eslabón de una cadena de acontecimientos que condujo a la fundación de Alcohólicos Anónimos.
Según puedo recordar, éste fue el relato que él hizo de esa conversación: Usted le dijo ante todo y con total sinceridad que, desde el punto de vista médico y siquiátrico, el suyo era una caso desahuciado. Esta franca y humilde declaración por parte de usted sirvió sin duda alguna como la piedra fundamental sobre la cual se ha venido construyendo nuestra Sociedad.
Por venir de usted, alguien a quien él tenía tanta admiración y en quien tenía tanta confianza, el impacto que le produjo fue tremendo.
Cuando él le preguntó entonces si tal vez hubiera otra esperanza, usted le replicó que podría haberla, pero solo si él se encontrara en condiciones de vivir una experiencia espiritual o religiosa - sea, experimentar una auténtica conversión. Le explicó que tal experiencia, si llegara a suceder, podría remotivarlo, aun cuando le fallaran todos los demás remedios. No obstante, usted le advirtió que estas experiencias, que a veces habían hecho posible que los alcohólicos se recuperaran, eran relativamente inusitadas. Le recomendó que se situara en un ambiente religioso y que fuera optimista. Creo que ésta era la esencia de su consejo.
Poco tiempo después, el Sr.Rowland H. se hizo miembro de los Grupos Oxford, un movimiento evangélico que en ese entonces estaba en el apogeo de su éxito en Europa, y con el cual usted ya se habrá familiarizado. Como usted sin duda recordará, estos grupos subrayaban enfáticamente los principios del autoanálisis, la confesión, y la reparación y la necesidad de dar de uno mismo sirviendo a otros. Insistían enérgicamente en el valor de la meditación y la oración. En ese ámbito, Rowland H. llegó a experimentar una conversión que por el momento le liberó de su obsesión por beber.