Antorcha Villa del Carbón Oficial

Antorcha Villa del Carbón Oficial Página oficial del movimiento antorchista en Villa del Carbón

El pueblo paga las guerrasLos grandes capitalistas deciden, los gobiernos ejecutan y los pueblos pagan. Mientras se dest...
17/08/2026

El pueblo paga las guerras

Los grandes capitalistas deciden, los gobiernos ejecutan y los pueblos pagan. Mientras se destinan miles de millones a armas y conflictos, millones carecen de vivienda, salud y educación. El capitalismo convierte la riqueza social en instrumento de dominación y muerte.

📖 Lee completo el artículo de nuestro dirigente estatal, el Dr. Abel Pérez Zamorano, “Guerra y matanzas: necesidad orgánica del gran capital”. Comprender la realidad es también prepararnos para transformarla.

Guerra y matanzas: necesidad orgánica del gran capital
Por Abel Pérez Zamorano

La ideología dominante promueve la falsa creencia de que las guerras obedecen a causas subjetivas: ideológicas, religiosas o a desarreglos mentales de sus promotores; por ejemplo, hay quienes explican la Segunda Guerra Mundial por las fobias o complejos personales de Hi**er. Ciertamente, muchas guerras adquieren formas religiosas, como las cruzadas o la lucha de Juana de Arco contra los ingleses; incluso hoy se envuelven en una retórica religiosa, como la argumentación bíblica de Israel para masacrar al pueblo palestino. Pero las guerras tienen un origen esencialmente económico. En la comunidad primitiva, las tribus luchaban por territorios y recursos naturales, por un hábitat para sobrevivir; y aunque en la época imperialista esos motivos aún subsisten, fundamentalmente los conflictos son impulsados por la apropiación de plusvalía: su naturaleza es capitalista, clasista.

Cuando nació la propiedad privada y se escindió la sociedad en clases, surgió la lucha entre ellas y apareció el Estado, dispositivo político cuyo fin es proteger a la minoría privilegiada contra la mayoría desposeída y hambrienta. Es un error frecuente y un espejismo que el Estado tiene como misión velar por el desarrollo de toda la sociedad. No es así. Como dijo Marx: “El poder político del Estado moderno no es más que un comité que administra los negocios comunes de toda la burguesía”. Es un instrumento del poder económico.

Y nació así la política: la lucha entre clases sociales o sectores de clase por conquistar y preservar el poder: el control del Estado, propiamente del poder político, para gobernar a toda la sociedad, imponer y aplicar leyes, controlar las fuerzas armadas y la burocracia. También el erario y su distribución, todo guiado por un interés de clase. Si los ricos gobiernan, el presupuesto se distribuirá en su provecho, precisamente como hoy ocurre en la mayor parte del mundo; si los trabajadores controlan el Estado, los recursos públicos se distribuirán, principalmente, en su beneficio. Sin clases sociales no existirían ni el Estado ni la política.

Pero la lucha de clases trasciende las fronteras de cada nación. Se impone en las relaciones internacionales, donde los países ricos someten a los pobres. Y así como dentro de cada país, cuando fallan los medios de control político, el Estado capitalista reprime con las armas a las clases oprimidas, igualmente entre países, los más poderosos someten mediante la guerra a los débiles para saquearlos. “La guerra es sólo la continuación de la política por otros medios”, dijo Carl von Clausewitz.

Así que hoy, decir que a Donald Trump le mueven motivos personales, su megalomanía, su espíritu vengativo o el chantaje de los sionistas, es ocultar el verdadero motivo de sus agresiones, concretamente: el saqueo de materias primas de países débiles y la búsqueda de nuevos y más amplios mercados. Y es que en éstos se realiza la plusvalía, mediante la venta, y si ésta no ocurre, la plusvalía permanecerá en potencia en las mercancías. Esto motiva todas las agresiones de Estados Unidos (EE. UU.), con Trump y sin Trump.

El imperio aduce mil y una excusas para atacar otros países, a Venezuela por los supuestos cárteles, o a Irán con el invento de que fabrica armas nucleares. Cualquier alegato sirve. Su veracidad no importa. Anteriormente, los demócratas en Washington pretextaron que en Irak, Hussein poseía armas de destrucción masiva; o que en Afganistán se destruía la cultura; o en general, que tal o cual país no es democrático, caso de Libia, donde el coronel Gadafi era dibujado como cruel tirano que merecía ser asesinado. EE. UU. lo hizo, hundiendo al país en el caos, como describe el periodista John Lee Anderson en su libro Crónica de un país que ya no existe: Libia, de Gadafi al colapso. A todos esos países EE. UU. debía llevarles “su democracia”, aunque fuera chorreando sangre y montada en un misil.

Y estas guerras capitalistas en busca de más plusvalía las paga la clase trabajadora con dolor humano, pues quienes sufren los mayores efectos son los pobres: ellos son la verdadera carne de cañón (por cierto, en EE. UU. ha crecido en las redes sociales el reclamo de que el hijo de Trump se enrole en la guerra contra Irán).

El pueblo paga literalmente con sangre estas guerras, como ocurrió con el as*****to de niñas (con misiles Tomahawk) en una escuela primaria en Minab, al sur de Irán. Lo dice la prensa estadounidense misma: “Restos de un misil procedentes del mortífero ataque contra una escuela primaria iraní el 28 de febrero –que causó la muerte de 175 personas [debe decir niñas]– presentan las marcas de un arma estadounidense, informa The New York Times tras analizar unas imágenes del mismo […] Según concluyó NYT, los fragmentos contienen números de serie y otros datos coherentes con la forma en que el Departamento de Defensa de EE. UU. y sus proveedores clasifican y etiquetan las municiones” (RT, 10 de marzo). Y el crimen no se debió a un error. En palabras de la relatora especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales, Agnès Callamard: “No hay duda de que la escuela iraní fue blanco de un ataque de EE. UU. Esto constituye una violación absoluta del derecho internacional” (HispanTV, 11 de marzo).

Pero el pueblo también paga las guerras –en este caso el estadounidense– al verse privado de recursos que podrían mejorar su vida si se aplicaran con un criterio humanista. “Los costos iniciales y directos de la guerra contra Irán ya superaron los 10 mil millones de dólares para EE. UU. hace apenas unas horas” (HispanTV, 10 de marzo). Más lo que se acumule. Con ese dinero, cuántas viviendas podrían haberse construido para los estadounidenses sin casa; cuántos hospitales para atender a los más de 27 millones sin seguro médico. En lugar de gastar en potentes misiles, radares gigantes y portaaviones, podría progresar la investigación médica, o bien otorgarse becas para los 45 millones de estudiantes que adquirieron créditos para cursar una carrera, y cuya deuda total asciende a 1.7 billones de dólares.

En la Unión Europea, el pueblo pone también su cuota de sufrimiento para pagar la guerra de sus capitalistas. Por castigar a Rusia, Europa prohíbe la compra de gas y petróleo rusos, imponiendo a los europeos una fuerte inflación y más pobreza al pagar energéticos más caros impuestos por EE. UU. Hoy, el aumento en el precio del petróleo a más de 100 dólares por barril genera inflación, pues si suben los energéticos, sube todo; pero quienes terminan pagándola son los consumidores, pues los empresarios no absorben los altos costos: los trasladan al precio final de los productos.

Como conclusión, y volviendo a lo dicho al inicio, mientras haya clases sociales y países pobres y ricos, habrá guerras, acicateadas en el imperialismo por la tendencia decreciente de la tasa de ganancia en los países ricos. Al emplear más tecnología aumenta la llamada composición orgánica del capital, pues desemplean trabajadores, únicos productores de valor (las máquinas no producen valor nuevo), y esto lo resuelve el capital, en parte, mediante guerras para obtener materias primas y energéticos más baratos, o buscando reducir costos por la fuerza, como en el cruce del Canal de Panamá en condiciones privilegiadas.

Tampoco se alcanzará la paz porque en EE. UU. en lugar de los republicanos gobiernen los demócratas. Está probado: ambos son las dos caras de una misma moneda, el imperialismo rapaz. Tan asesino es Trump como Biden u Obama. Todos cumplen el papel que el sistema les impone. En el fondo, el criminal de última instancia es el gran capital. Los otros son viles ejecutores, sus sicarios.

La paz imperará sólo cuando se eliminen las condiciones que hacen inevitable la guerra, a saber: la existencia de clases sociales con intereses antagónicos y la vertiginosa acumulación de la riqueza. El ansia creciente de acumulación no es tampoco cuestión de pura sicología de los grandes capitalistas: ellos sólo son operadores del capital, los sacerdotes de ese auténtico Moloch eternamente hambriento de plusvalía. Sólo en una sociedad equitativa, de verdaderos hermanos, sin pobres ni ricos, donde todos los seres humanos puedan satisfacer a plenitud sus necesidades, no habrá motivo que empuje a matar por riquezas o para comer. Sólo entonces el hombre ya no será lobo del hombre.

¡ESTUDIAR PARA LUCHAR, LUCHAR PARA TRANSFORMAR!El dia de hoy el maestro Alejandro Navarro se reunió con algunos compañer...
30/07/2026

¡ESTUDIAR PARA LUCHAR, LUCHAR PARA TRANSFORMAR!

El dia de hoy el maestro Alejandro Navarro se reunió con algunos compañeros de Villa del Carbón para estudiar.

No basta con ver los problemas, hay que comprender de raíz esta sociedad para poder transformarla en una mejor y superior, donde el pueblo trabajador viva con justicia y dignidad.

¡Solo un pueblo que estudia, se organiza y lucha, es capaz de cambiar su destino!

28/07/2026

Con profundo pesar, los antorchistas del Seccional Noroeste expresamos nuestras más sinceras condolencias a nuestro compañero Mario Arenas Iturralde por el sensible fallecimiento de su abuelita, Sara Belmont. Nos unimos a su dolor y deseamos a su familia pronta resignación y fortaleza ante esta irreparable pérdida.

Descanse en paz.

28/07/2026

Riqueza y pobreza en el Estado de México
Por Abel Pérez Zamorano

El Estado de México es una de las entidades que más riqueza genera. En términos de aportación al Producto Interno Bruto nacional (PIB), ocupa el segundo lugar, con 9.1 por ciento del total. Si fuera un país, por su PIB ocuparía el lugar número 58 mundial. En 2024 aumentó su PIB por arriba de la media nacional; es la tercera entidad que más impulsó la economía, sólo detrás de la Ciudad de México y Nuevo León. Ocupó el segundo lugar en impulso manufacturero. Es primer lugar en varios subsectores de la industria manufacturera: fabricación de insumos y productos textiles; industria del papel e impresión; fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón, industria química, industria del plástico y del hule. En general, con un 9.5 por ciento, en la industria manufacturera ocupa el segundo lugar nacional, después de Nuevo León. Ocupa el segundo lugar en atracción de Inversión Extranjera Directa (La información anterior procede del documento Desarrollo Económico, Resumen Económico del Estado de México, Gobierno del Estado, diciembre 2025).

Derivado de toda esa inmensa riqueza creada con el esfuerzo de los trabajadores, el gobierno de la entidad ejerce uno de los presupuestos de egresos más elevados del país. Por acuerdo del Congreso del Estado, el Presupuesto de Egresos para este año es de 410 mil millones de pesos, con un incremento de 5.6 por ciento respecto al año anterior, es decir, dispone de ingentes recursos que le permitirían atender de mejor manera las necesidades de los más marginados.

Toda esta bonanza no surge por generación espontánea. La generan los trabajadores: en el estado, 8.1 millones constituyen la población ocupada, y son precisamente ellos los que no reciben sus beneficios, pues siguen en el abandono. Los mexiquenses de más bajos recursos, habitantes de comunidades campesinas y colonias populares, sufren severas carencias en servicios que el gobierno debiera proveer, pero que se niega a hacerlo. Los funcionarios adoptan una visión patrimonialista del poder, asumiendo que los recursos que administran son propiedad suya o del gobierno, pero no del pueblo. Ciertamente, en las zonas residenciales de altos ingresos, la realidad es otra; allí no hay carencias.

De acuerdo con el Coneval, 3.4 millones de personas carecen de acceso a servicios de salud (Medición Multidimensional de la Pobreza, 2024). Considerando una población total de 17.8 millones de habitantes, el porcentaje de mexiquenses sin acceso a servicios de salud es de 19.1, casi uno de cada cinco. Esto por la no afiliación a alguna institución pública o por diversas dificultades para recibir el servicio.

En materia de servicios básicos, las cosas no andan mejor. Según el Coneval, 1.3 millones de personas sufren carencias de acceso a servicios básicos en la vivienda (agua, drenaje, electricidad y combustible). Más de 245 mil viviendas carecen de agua entubada (Inegi); en números redondos, casi un millón de personas. Este problema es particularmente agudo en los municipios de: Ecatepec, Nezahualcóyotl, Chalco, Valle de Chalco, Chimalhuacán, Ixtapaluca y La Paz, entre otros. En municipios y colonias donde, oficialmente, hay agua entubada en las viviendas, en un número difícil de cuantificar, ésta no fluye de forma constante, sino por “tandas”, o cae durante una hora o dos, o llega cada tercer día (por ejemplo, en Chimalhuacán), o con una presión muy baja. Más de cinco millones de mexiquenses reciben agua por tandeo o en p**as, principalmente en los municipios del oriente mexiquense (Comisión del Agua del Estado de México y Conagua). Esto obliga a las familias a mermar su magro presupuesto para comprar agua por su cuenta: alrededor de mil 500 pesos semanales por p**a.

Tocante al drenaje, aunque oficialmente el 96 por ciento de los hogares mexiquenses dispone de este servicio, la realidad está muy lejos de esa cifra optimista. Alrededor de 700 mil mexiquenses sufren problemas recurrentes por inundaciones, con las consiguientes consecuencias en contaminación y daño a su salud. Sufren el problema muy agudamente los municipios del Valle de México, con inundaciones recurrentes en la temporada de lluvias, toda vez que la infraestructura es insuficiente. Los habitantes se ven así en la constante necesidad de estar pidiendo a las autoridades locales el envío del camión vactor para resolver, una y otra vez, el problema de azolve del drenaje, en un cuento de nunca acabar. Esto hace a los vecinos políticamente dependientes de los presidentes municipales en turno, pues les deben “el favor” de enviar la ayuda.

La inseguridad es otra calamidad que sufre la población de escasos recursos. El 70 por ciento de los habitantes considera inseguro vivir en su localidad (Inegi). La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), aplicada por el Inegi en junio de 2025, muestra las ciudades del país con mayor percepción de inseguridad. La encuesta, levantada en diciembre del año pasado y presentada el 23 de enero de este año, consigna en su página 5 la lista de ciudades de México en orden descendente según la percepción de peligro que tienen sus habitantes. Entre las 17 más peligrosas del país, el Estado de México tiene seis (el 35 por ciento): Ecatepec, Chimalhuacán, Tlalnepantla, Cuautitlán, Toluca y Naucalpan, en ese orden.

Éstos son sólo algunos indicadores de la crisis social que se vive en el Estado de México, una verdadera tragedia: un pueblo marginado, rodeado de la abundancia que con su propio esfuerzo él mismo ha creado. Por elemental justicia económica y social, es necesario que se distribuya la riqueza con un criterio de mayor equidad, y esto puede hacerse mediante la reorientación del gasto público en beneficio de los sectores sociales más desprotegidos. No debe ser que ellos la produzcan y no vean sus resultados en sus colonias y viviendas, o que las calles y caminos estén destrozados por falta de mantenimiento a la infraestructura urbana.

Ante esta situación, el Movimiento Antorchista Mexiquense ha venido insistiendo ante el gobierno del Estado, que encabeza la profesora Delfina Gómez Álvarez, para que se atiendan las demandas de las colonias y pueblos organizados en nuestro movimiento. El Comité Estatal del antorchismo ha reiterado una y otra vez su solicitud, encontrando sólo la callada por respuesta. Salvo dos o tres simulacros de diálogo, rotos luego por el gobierno, no ha habido disposición para atender las graves carencias antes reseñadas, entre muchas otras. Sólo cerrazón y desdén hacia las peticiones de los ciudadanos más humildes representados por nuestro movimiento.

Si el pueblo no sabe luchar por sus necesidades, nadie lo hará por él. Es tiempo de que todas las colonias y pueblos que padecen problemas se acerquen a Antorcha para, juntos, reclamar los derechos de los más desprotegidos. Sólo uniendo todas las protestas e inconformidades, como pequeñas corrientes de agua, pero en un solo torrente, será posible hacer que el gobierno escuche y atienda. No existe otro camino.

14/07/2026

En la historia de México, los ricos controlan el poder
Por Abel Pérez Zamorano

Desde la conquista española, la nuestra es una historia de lucha de clases, donde los poderosos en cada etapa han impuesto su dominio económico y político. La conquista, que en estos días glorifican aquí mismo los ultraderechistas españoles y mexicanos, constituyó una inmensa tragedia que ha trascendido los siglos, hasta los días que corren. La más alta civilización entonces existente en América fue arrasada; sus recursos naturales, como la plata y el oro, saqueados; la población indígena fue casi exterminada por sobreexplotación, hambre y enfermedades desconocidas aquí: estudios serios revelan que a finales de la colonia quedaba menos del 10 por ciento de la población nativa existente cuando la conquista. México fue sometido al yugo colonial español durante tres siglos; desde el inicio se impuso a los indígenas el régimen de la encomienda, brutal sistema de esclavitud disfrazada; se les arrebataron sus tierras, se ultrajó a sus familias y se les sometió al bárbaro régimen semifeudal terrateniente traído de España.

Contra esta situación estalló la guerra de Independencia, encabezada principalmente por don Miguel Hidalgo y don José María Morelos. Ambos próceres buscaban crear una república y “echar fuera a los gachupines”, como habían llegado, sin llevarse sus riquezas mal habidas. Los “Sentimientos de la Nación”, leídos en el Congreso de Chilpancingo en 1814, sintetizaron el pensamiento político de Morelos; por ejemplo, “Que la soberanía dimana inmediatamente del Pueblo, el que sólo quiere depositarla en sus representantes dividiendo los poderes de ella en Legislativo, Ejecutivo y Judiciario [ni rastro de monarquía, APZ] (…) Que la esclavitud se proscriba para siempre, y lo mismo la distinción de castas, quedando todos iguales”. Hidalgo proponía (documento emitido en Guadalajara) restituir las tierras arrebatadas a las comunidades indígenas; ello implicaba la supresión de los latifundios.

Lamentablemente estos proyectos, justicieros y progresistas, no se materializaron, porque ambos caudillos fueron pronto asesinados: Hidalgo en julio de 1811, en Chihuahua (a diez meses de iniciada la guerra); y Morelos en diciembre de 1815, en Ecatepec. A la postre terminó imponiéndose el imperio de Agustín de Iturbide, que duró escasos ocho meses, entre 1822 y 1823.

Iturbide, de padre español peninsular, pertenecía a una rica familia de comerciantes y terratenientes de Valladolid (Morelia). Fue un destacado oficial del ejército realista y un feroz enemigo de los insurgentes: le apodaban el “Dragón de Hierro”. En 1814 derrotó a Morelos en Puruarán, Michoacán, donde también aprehendió y luego fusiló a don Mariano Matamoros, brazo derecho del generalísimo. En 1820, en hábil maniobra, el futuro emperador –seguramente de acuerdo con españoles poderosos–, de la noche a la mañana se volvió “partidario de la independencia”; proclamó junto con Vicente Guerrero el Plan de Iguala y terminó apoderándose de la victoria. Con la independencia, bastante relativa y acotada en los Tratados de Córdoba, triunfaron, pues, los ricos, mientras los pobres siguieron padeciendo como siempre, víctimas de los viejos y nuevos terratenientes.

Al caer Iturbide, éstos conservaron el control, que asumió años después otro rico terrateniente: el veracruzano Antonio López de Santa Anna, quien gobernó México en 11 ocasiones, de manera intermitente, desde 1833 hasta 1855, año en que fue derrocado por la revolución de Ayutla. Pero en este movimiento rebelde no fueron los indígenas, los pobres, quienes tomaron el poder, sino los hombres de la Reforma, pioneros del desarrollo capitalista; por ejemplo, buscaban eliminar los latifundios, laicos y eclesiásticos (base de la estructura terrateniente semifeudal), e incorporar la tierra al mercado; una política indudablemente revolucionaria en su momento, pero de corte capitalista y que entonces no prosperó.

Los terratenientes resistieron, lanzaron la guerra de Reforma y trajeron a Maximiliano; pero el latifundio cobró luego renovadas fuerzas, y durante el Porfiriato alcanzó su apogeo; ejemplo de ello fueron las haciendas de Luis Terrazas en Chihuahua, acaudalado terrateniente y político poderoso, cuyas propiedades llegaron a abarcar 2.3 millones de hectáreas. En general, menos del uno por ciento de las familias de finales del Siglo XIX y principios del XX poseían el 85 por ciento de las tierras cultivables. Con ellos gobernó Porfirio Díaz. Eran su base económica y su soporte político. Y sobre esa base se erigió un infame régimen de explotación de los campesinos (la población rural representaba más del 75 por ciento del total), que vivían como peones acasillados en las haciendas.

Contra ese orden terrateniente y luego de progreso capitalista se alzó la Revolución Mexicana de 1910, encabezada por la clase burguesa, con Madero, Obregón y Carranza como líderes más distinguidos. Los campesinos pusieron su sangre para derrocar al régimen. La toma de Ciudad Juárez, encabezada principalmente por Francisco Villa, junto con Pascual Orozco, precipitó la renuncia de Díaz; y la toma de Zacatecas, dirigida por los generales Villa y Ángeles, fue la estocada final a la dictadura de Victoriano Huerta, retoño del porfirismo y criatura del imperialismo norteamericano.

Sin embargo, en 1911, siendo ya presidente, Madero se negó a devolver las tierras a las comunidades, como había prometido a Zapata y a los campesinos del estado de Morelos; éstos desconocieron al gobierno, lanzaron el Plan de Ayala y reiniciaron la lucha armada. Habían sido burlados, una vez más, con falsas promesas. Finalmente, los líderes populares, artífices del triunfo revolucionario, fueron asesinados por el gobierno capitalista: Zapata y Ángeles, en 1919; y Villa, en 1923. Quedó así descabezado el pueblo trabajador y, ¡nuevamente!, el poder en manos de los ricos. Y el pueblo, siempre utilizado y marginado, quedó a la espera, recibiendo promesas, engaños y migajas tranquilizantes, como hasta hoy.

A más de cien años del triunfo de la Revolución Mexicana, México sigue económicamente dominado y políticamente gobernado por la clase rica. Ahora el poder tras el trono lo detentan las poderosas empresas trasnacionales, los monopolios del imperialismo, y también magnates mexicanos que concentran la riqueza, y en grande. Según Oxfam, la fortuna de los 22 milmillonarios mexicanos se multiplicó por 4.2 veces en los últimos treinta años; y agrega que el uno por ciento más rico percibe el 35 por ciento del ingreso y controla 40 por ciento de la riqueza. Esta tendencia acelerada lleva décadas y continúa hoy en un régimen donde pretendidamente los pobres son primero. Pero la realidad de los más humildes sigue siendo la de siempre: pobreza y necesidad en todas sus formas y grados.

Como vemos en esta apretada reseña de las luchas de clases en México, el pueblo ha sido siempre utilizado y marginado, invariablemente condenado a servir a los ricos en la paz como en la guerra. Y la causa es que ha ido siempre a la zaga de las clases acomodadas, sirviendo como carne de cañón, sin constituirse en fuerza independiente, libre de ataduras. La clase trabajadora ha carecido de un partido propio con un claro proyecto de país, suficientemente educado, organizado y disciplinado, capaz de encabezar a las grandes masas para tomar el poder y formar un gobierno estable y fuerte; capaz también de hacerse respetar y de imponer respeto a la soberanía nacional, y de orientar la política económica (impuestos, gasto público, etc.) en favor de quienes se ganan la vida con su trabajo, sin explotar a otros.

Pues bien, el Movimiento Antorchista Nacional ha surgido para construir esa organización que agrupe a todos los explotados que deseen luchar por el verdadero progreso de México y el bienestar del pueblo. Es momento de terminar esta ignominiosa historia de control por los ricos y de abrir paso a una nueva época donde gobierne el pueblo en interés del pueblo. Lograrlo es posible; es cosa de poner manos a la obra.

07/07/2026

Latinoamérica, el ascenso de la ultraderecha
Por Abel Pérez Zamorano

En días recientes, Abelardo de la Espriella, rico empresario colombiano (y con nacionalidad italiana y estadounidense), candidato de la ultraderecha, ganó las elecciones presidenciales y, para dejar clara su orientación política, declaró enfáticamente: “Colombia restaurará su relación con el Estado de Israel como nunca antes. Benjamín Netanyahu le felicitó entusiastamente y Donald Trump dijo que él lo había puesto en la presidencia, mejor dicho, impuesto. Es éste un serio descalabro para el proyecto político del presidente Gustavo Petro, ubicado en “la izquierda”.

También esta semana, en Perú, Keiko Fujimori, otra ultraderechista (en otras palabras, representante de la clase capitalista y del imperialismo) derrotó al candidato de izquierda. Perú fue gobernado durante los años noventa por Alberto Fujimori, y después de un periodo de inestabilidad política gobernó Pedro Castillo (2021-2022), distinguido como izquierdista: fue derrocado con maniobras legales de la derecha y hoy está en la cárcel.

Pero éstos no son hechos aislados. Forman parte de una tendencia que se extiende por Latinoamérica en los años recientes, con derrotas de la izquierda y retorno de la derecha en un movimiento pendular. Permítaseme una breve relatoría de casos destacados, además de los antes referidos. En Argentina, entre 2003 y 2015 gobernaron Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, del Partido Justicialista; en 2015 los derrotó el rico empresario Mauricio Macri; en 2019 volvió el justicialismo, con Alberto Fernández, y terminó derrotado en 2023 por el fascista Javier Milei, respaldado por Estados Unidos (EE. UU.), y que hoy tiene bajo arresto domiciliario a Cristina Fernández. Milei es un fanático sionista. El 10 de marzo, durante una visita a Israel, declaró: “Soy el presidente más sionista del mundo”.

En Chile, desde 2006, gobernó por dos periodos Michelle Bachelet, del Partido Socialista; Gabriel Boric (2022–2026) surgió también de la izquierda, y en este año perdió las elecciones frente a José Antonio Kast, de comprobada ascendencia n**i. En Honduras gobernó Manuel Zelaya (2006-2009), de izquierda, a quien derrocaron con un golpe de Estado suave; recientemente gobernó Xiomara Castro, su esposa (2022-2026); su partido fue derrotado hace unos meses por el derechista Nasry Asfura Zablah, quien tenía baja aceptación en las encuestas, pero descaradamente Donald Trump dijo que lo haría presidente, y lo hizo.

En Brasil, después de los gobiernos de Lula y Dilma Rousseff (del PT) subió Jair Bolsonaro, hoy Lula gobierna nuevamente, pero las encuestas conceden ventaja a Flávio Bolsonaro (hijo del expresidente) para las presidenciales del año próximo. En Uruguay, José Mujica y Tabaré Vázquez (2010-2020), ambos del Frente Amplio, fueron derrotados en 2020 por el neoliberal Luis Alberto Lacalle; actualmente gobierna de nuevo el Frente Amplio. Como vemos, es el tormento de Sísifo. En este contexto, dos revoluciones resisten heroicamente: la cubana y la nicaragüense, que tuvieron un origen precisamente revolucionario, de donde deriva su firmeza.

Tras el retroceso de las izquierdas está sin duda la mano de Estados Unidos, que descaradamente ha desenterrado la doctrina Monroe. En cínico desprecio a la soberanía de las naciones, Trump ha intervenido (incluso militarmente, como en Venezuela) para derrocar presidentes e imponer a sus peones. El imperio se ve presionado a retomar el control de la región debido a su creciente pérdida de presencia en el resto del mundo frente al vigoroso avance de China, Rusia y los BRICS; se debilita, asimismo, en Ucrania, África y hoy en Medio Oriente frente a la resistencia de Irán. Ante ello, ha debido replegarse y atrincherarse en Latinoamérica, su zona de influencia más inmediata.

Pero ésta no es razón suficiente para explicar lo aquí comentado. Con todo respeto y admiración hacia los luchadores sociales de buena fe, sinceros y enérgicos defensores del pueblo, y a los miles de mártires caídos en las luchas sociales, muchos de ellos desconocidos, debo decir que las propias izquierdas, principalmente sus mandos, llevan responsabilidad en lo que hoy ocurre. Concretamente, a mi entender, en tres sentidos. Primero, no han adoptado una política genuinamente popular, resuelta y firme. En la contradicción entre el gran capital y el pueblo han buscado evitar el conflicto; esto, obviamente, con notables diferencias en cada caso; en algunos ha habido intentos un poco más serios de reivindicar los intereses populares. Con esta política se han alejado del pueblo y han generado desencanto en él.

Segundo, no han educado ni organizado a las masas populares en las que deberían apoyarse. Tercero, y como causa de lo anterior, varias de esas izquierdas que, con honrosas excepciones, se cuidan mucho de molestar a los grandes corporativos imperialistas, no han formado en cada país un partido político disciplinado, ideológicamente cohesionado. Blasonan de plurales, diversas, etc., y rechazan la unidad ideológica, considerándola “antidemocrática”, perdiendo así la unidad orgánica y la unidad de acción. Hablar de Lenin es mencionar al mismísimo diablo. Es “dictadura”. Son “izquierdistas”, pero antileninistas, y en el pecado les va la penitencia, pues es sabido que sin las masas organizadas es inconcebible un cambio social profundo, y sin un partido que las encabece, organice, discipline y eduque, no puede haber masas organizadas en acción con un objetivo político y económico claro, con proyecto de nación socialista.

Y en su propia concepción han llevado el castigo: la fractura interna. En Ecuador, gobernó con el sello de la izquierda Rafael Correa (2007-2017); fue sucedido por su discípulo Lenín Moreno, quien nada más llegando a la presidencia se alió con los neoliberales y empezó a atacar a su mentor, al grado que éste debió huir del país. Esto abrió paso al triunfo de Daniel Noboa en 2023, connotado ultraderechista, abiertamente proyanqui. En Bolivia también se fracturó el Movimiento al Socialismo, de donde habían surgido los gobiernos de Evo Morales (2006-2019), derrocado por un golpe suave y hoy perseguido por la justicia, y después el de su correligionario Luis Arce (2020-2025). La confrontación entre ambos abrió paso el año pasado al triunfo del actual presidente Rodrigo Paz, destacado aliado de EE. UU.

Así, la izquierda se ha desdibujado y extraviado, viéndose reducida a una vaguedad, perdiendo expectativas de un triunfo definitivo y sólido capaz de lograr un cambio estructural, precisamente lo que no se ha atrevido a hacer, prefiriendo nadar entre dos aguas; la inviable política de quedar bien con Dios y con el diablo.

Y aunque sólo sea instintivamente, el pueblo percibe cuando sus líderes no se comprometen seriamente con él y termina prestando oídos al discurso de la derecha, siempre al acecho, en espera de su oportunidad. La moraleja de esta historia vale para Morena aquí en México, toda vez que también se autodefine de izquierda. Peligrosamente, todo indica que está deslizándose por la misma pendiente, desatendiendo las necesidades de las masas populares que claman por soluciones urgentes y efectivas a sus graves y añejas carencias. De continuar esta tendencia, crece el peligro de que la ultraderecha acaso logre tomar el poder, así sea paulatinamente. Morena habrá sido responsable de ello.

Pero no nos olvidemos de la dialéctica ni veamos los hechos como algo fatal. Las derrotas aquí referidas son episódicas. Exhiben, sí, la incapacidad de la izquierda tradicional para encabezar la lucha de las grandes masas empobrecidas. Pero la dolorosa situación de las naciones latinoamericanas no sólo no se resuelve: se agrava. Pobreza, hambre, explotación, injusticia social, mala salud, atraso educativo, aquejan a nuestros pueblos; la desigualdad crece en la medida en que la riqueza se acumula en manos de unos cuantos potentados y de las trasnacionales depredadoras. Nada de esto se ha resuelto por las izquierdas, y menos por los oligarcas que hoy se regodean con sus efímeras victorias.

La situación social latinoamericana exige un cambio estructural definitivo, un cambio de clase social en el poder, tanto en el control del Estado como en el de la riqueza social. Exige la creación de partidos políticos auténticamente dispuestos a dar la lucha por el poder para el pueblo y cortar las uñas a las trasnacionales imperialistas. La verdadera y definitiva transformación de Latinoamérica está por hacerse, y se hará. Los pueblos sabrán abrirse paso y reivindicar sus derechos. Que el imperialismo y sus paniaguados no canten victoria.

Dirección

Villa Del Carbón, Centro
Villa Del Carbón
54300

Página web

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Antorcha Villa del Carbón Oficial publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Atajos

Compartir