29/05/2026
Los invitamos a leer la opinión de la Dirigente en Chiapas Lulis Guzmán
Hoy nos habla de los altos costos de la canasta básica y los bajos salarios que perciben los trabajadores, una lucha por sobrevivir todos los días.
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Más inflación vs menores salarios en Chiapas
La definición de una canasta que considere los bienes y servicios básicos que permiten cubrir las necesidades esenciales de alimentación, vestido, salud, vivienda y educación de la población, se ha ajustado a través del tiempo. A inicios del siglo XX, Rowntree sugirió la conveniencia de trazar una “canasta alimentaria” para diversos tipos de familias, a partir de los requerimientos de calorías y proteínas de los trabajadores. Tomando en cuenta los productos de mayor consumo (como aceite vegetal, arroz, frijol, azúcar, carnes de res, pollo y cerdo, verduras, leche, huevos, etc.), establecer una canasta alimentaria que permitiera medir la incidencia de la pobreza en la población, esto marcó el inicio de una de las metodologías que se utilizan en la actualidad para trazar las llamadas “líneas de pobreza”.
Hoy, la conformación de la canasta básica varía de acuerdo al ámbito rural y urbano por dos productos, y es estimada por mes para cuatro miembros, considerando que el promedio de personas por familia en México es de 3.67. Sin embargo, los cifras oficiales chocan de frente con la realidad del mercado. Bajo el esquema de Profeco (que contempla 24 productos esenciales), los precios oscilan entre los $789 y los $910 pesos por semana para una familia de cuatro integrantes, manteniendo el gobierno un tope referencial de $910 pesos. La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) advierte que este costo es, en realidad, de $2,100 pesos.
En mayo, de acuerdo al mes anterior, la inflación aumentó 4.45% , un ligero respiro frente al 4.549% de abril, pero aún muy lejos del objetivo de variación anual del Banco de México (3%). Mientras tanto, la ANPEC estima un aumento de inflación anual alimentaria del 8.9%, un dato crítico que destaca la urgencia de actualizar las líneas de la pobreza del INEGI. Tan solo en mayo, los productos que más aumentaron fueron el chile poblano, el serrano, la papa y el jitomate. Este último lleva tres meses subiendo de precio en todo el país. En estados como Chiapas, donde el rezago social y la falta de infraestructura encarecen aún más la vida en las colonias populares, el impacto de estos aumentos es devastador para las familias trabajadoras.
Frente a esto, el anuncio del aumento al salario mínimo a nivel general, el único del año, parece un sueño guajiro para sacar al mexicano de la pobreza, pues éste, para 2026 es de 315.04 pesos diarios, equivalente a aproximadamente 9 mil 500 pesos mensuales.
El gran engaño radica en que este aumento salarial se diseña tomando en cuenta la inflación general del país del año anterior, mientras que en el año en curso el precio de los alimentos aumenta a un ritmo mucho más acelerado; es decir, el poder adquisitivo de cada trabajador es menor cada día.
Para que una familia promedio pueda cubrir adecuadamente la canasta básica, se requieren más de 1.29 salarios mínimos. Si a esto le sumamos los costos de vivienda, transporte, educación y servicios básicos, el salario de una sola persona sigue siendo absolutamente insuficiente para sacar a un hogar del umbral de pobreza urbana.
Aunque el informe que rinde la CONASAMI, de acuerdo con la Línea de la Pobreza, afirma que el salario mínimo rinde para 1.94 canastas básicas, esta métrica es engañosa. Asume, erróneamente, que el salario mínimo debe mantener a un individuo aislado. Pero si analizamos esto desde la perspectiva del obrero, donde el sostenimiento y la reproducción de la fuerza de trabajo recae en todos los miembros de la familia, la ecuación se rompe por completo ante los gastos adicionales como renta, transporte y servicios. En este contexto, aunque el salario ha tenido incrementos importantes en los últimos años, no resulta suficiente para sostener a una familia.
Aumentar el salario por decreto no frena el alza de los precios. Ahora, los jefes y jefas de familia tienen que seguir decidiendo entre comer, mandar a sus hijos a la escuela o curarse. Así se manifiesta una de las principales contradicciones del capitalismo: un sistema de producción masiva que le arrebata el poder adquisitivo a la misma fuerza laboral que genera toda la riqueza.
Pero el verdadero problema es estructural. Es decir, el modelo político-económico en el que vivimos garantiza que estas condiciones de explotación sobre la clase trabajadora no sólo se reproduzcan, sino que cada día se vayan agudizando más y más, puesto que los dueños del capital, son quienes verdaderamente se llenan los bolsillos con el trabajo que no le pagan al obrero.
La verdadera urgencia del pueblo mexicano rebasa la simple alternancia de colores en el poder. Lo que se exige es la consolidación de un nuevo modelo, uno auténtico, que no solo hable en nombre de la clase trabajadora, sino que nazca dentro de sus bases; una dirigencia forjada en la lucha diaria que defienda a quienes producen la riqueza y frene los privilegios de quienes la acaparan.
Únicamente a través de esta transformación profunda será posible edificar una sociedad justa. Una donde el fruto del esfuerzo se traduzca en salarios verdaderamente justos que permitan a las familias prosperar y alcanzar un bienestar real, rompiendo la condena de apenas subsistir.
Este es el desafío histórico y la misión obligatoria de los millones de mexicanos para quienes la lucha diaria por llevar el pan a la mesa es, simple y llanamente, una batalla por la vida misma.