09/02/2026
V lunes TO,
09 de febrero del 2026
Cuantos tocaban a Jesús quedaban curados.
Del santo Evangelio según san Marcos 6, 53-56
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos terminaron la travesía del lago y tocaron tierra en Genesaret.
Apenas bajaron de la barca, la gente los reconoció y de toda aquella región acudían a él, a cualquier parte donde sabían que se encontraba, y le llevaban en camillas a los enfermos. A dondequiera que llegaba, en los poblados, ciudades o caseríos, la gente le ponía a sus enfermos en la calle y le rogaba que por lo menos los dejara tocar la punta de su manto; y cuantos lo tocaban, quedaban curados.
Palabra del Señor.
REFLEXIÓN: En el gesto casi “mágico” de estos enfermos, podríamos descubrir ya el primer paso de una religiosidad natural, deseosa de convertirse en creencia cristiana y madura. Al buscar tocar al menos el manto de Jesús –para así quedar curados– su intención era entrar en contacto con aquel Rabí de Nazaret, en quien la gente sencilla veía actuar la fuerza divina. Con este tipo de «fe», como condición previa, estarían estrechamente relacionados sus milagros. Éstos habrían de convertirse en «signos» de la salvación que la llegada del Reino de Dios a todos ofrecía.
BEATO LUIS MAGAÑA SERVÍN, Mártir Mexicano*
Nació en Arandas, Jalisco, el 24 de agosto de 1902.
Fue un cristiano íntegro, esposo responsable y solícito; mantuvo sus convicciones cristianas sin negarlas, aun en tiempos de prueba y persecución. Fue miembro activo de la Asociación católica de la juventud mexicana y de la archicofradía de la Adoración nocturna del Santísimo Sacramento, en su parroquia.
Contrajo matrimonio con Elvira Camarena Méndez el día 6 de enero de 1926; tuvo dos hijos, Gilberto y María Luisa, que no conoció. El día 9 de febrero de 1928, un grupo de soldados del Ejército Federal, capitaneado por el general Miguel Zenón Martínez tomó la población de Arandas.
De inmediato dispuso fueran capturados los católicos que simpatizaran con la resistencia activa en contra del Gobierno; uno de ellos fue Luis. Cuando llegaron a su domicilio, no pudieron aprehenderlo por haberse ocultado debidamente; fue reemplazado por su hermano menor.
Al enterarse del acto, Luis se presentó ante el mismo general Martínez, solicitando la libertad de su hermano a cambio de la suya. Estas fueron sus palabras: “Yo nunca he sido rebelde cristero como ustedes me titulan, pero si de cristiano se me acusa, sí, lo soy, y si por eso debo ser ejecutado, bienvenido y en hora buena.
¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!”.
Sin mayores preámbulos, el militar decretó la muerte de Luis; momentos antes de ejecutarse la sentencia, en el atrio de la iglesia parroquial, Luis pidió la palabra:
“Pelotón que me ha de ejecutar: quiero decirles que desde este momento quedan perdonados y les prometo que al llegar ante la presencia de Dios será por los primeros que pediré”
dicho lo cual, exclamó con voz potente:
“¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!”.
Eran las tres de la tarde del 9 de febrero de 1928.
Un abrazo, Dios les bendiga. “Comunicados con Cristo,
para Comunicar a Cristo”
Comisión Diocesana de la Pastoral de la Comunicación
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México.