24/05/2026
¡LA TRISTE GESTIÓN DE 6 AÑOS!
La administración de Geraldine Ponce ha sido una decepción para miles de tepicenses. Durante su primer periodo como presidenta municipal, pasó más tiempo pidiendo licencias y ausentándose del cargo que atendiendo los problemas reales de la ciudad. Incluso la mamá de Alejandro Galvan terminó cubriendo sus funciones mientras Tepic seguía acumulando abandono.
Se habló de un supuesto saneamiento del río con una inversión cercana a los mil millones de pesos, pero la ciudadanía sigue preguntándose dónde quedó ese dinero, porque los resultados simplemente no existen. Mientras tanto, cada año el basurero de El Iztete vuelve a incendiarse y, en cada temporada de lluvias, Tepic se convierte en un caos por inundaciones provocadas por obras deficientes y una mala planeación urbana.
A eso se suma la intolerancia a la crítica. Media ciudad está bloqueada de sus redes sociales solo por cuestionarla, exhibir inconsistencias o señalar temas incómodos, como la polémica casa de millones de pesos que causó indignación entre la población. Y lejos de mostrar cercanía con la gente, su lenguaje corporal y actitud suelen reflejar desprecio, soberbia y desconexión con la realidad que viven los ciudadanos.
También quedaron en promesas múltiples proyectos anunciados con bombo y platillo: el Mercado Juan Escutia, la Plaza Principal, el Cerro de la Cruz, el puente de Colosio, eventos y hasta una feria que nunca terminó de consolidarse como se prometió.
Lo preocupante es que ahora, en su segundo periodo, parece que el objetivo principal será hacer campaña permanente desde la presidencia municipal, gastando millones en publicidad y redes sociales para fabricar una percepción de aprobación que no coincide con lo que se escucha en las calles.
Tepic tenía potencial para convertirse en una ciudad moderna, competitiva y bien planeada. Hoy, lamentablemente, luce rezagada, estancada y administrada por un grupo político más preocupado por la imagen que por resolver los problemas reales de la población.
Y esa es la verdadera tragedia: no solo perder dinero, sino perder años de progreso.