07/04/2026
Vi un TikTok de una chica que terminó llorando porque su esposo no llegó con un Sprite. Así contado suena ridículo… hasta que entiendes todo lo que hay detrás.
El tipo se fue “a cortarse el cabello”, desapareció horas, se quedó tomando con amigos y fue alargando su domingo como si nada. Mientras tanto, ella estaba en casa, sola, con una bebé, haciendo comida, esperando. Sosteniendo todo.
Y no, no está llorando por un refresco.
Está llorando por la desigualdad brutal que atraviesa la vida cotidiana de las mujeres. Porque mientras ellos pueden improvisar su tiempo y decir “se me atravesó algo”, nosotras no podemos ni desconectarnos un rato sin que todo se nos venga encima.
Eso es carga mental. Eso es trabajo de cuidados. Eso es una estructura donde alguien siempre tiene que pensar en todo… y ese alguien casi siempre somos nosotras.
Y todavía tienen el descaro de decir “¿ocupas algo?” como si la responsabilidad fuera opcional, como si no fuera su obligación también sostener la vida. No es ayuda: es incompetencia instrumentalizada. Es saber que, al final, alguien más lo va a resolver.
Y sí, ese alguien vuelve a ser ella.
Por eso se rompe. Porque no es el Sprite. Es el cansancio acumulado, es la falta de empatía, es la imposibilidad de soltar, es darse cuenta de que ni en lo mínimo hay corresponsabilidad.
La maternidad, en este sistema, no se comparte: se impone.
Y no, no es exageración.
Es hartazgo. 💜