28/05/2026
“Luvina es un lugar muy triste. Usted que va para allá se dará cuenta. Yo diría que es el lugar donde anida la tristeza.”
Luvina/Juan Rulfo
La primera vez que arribé a la comunidad he de confesar que me sentí con el pecho abarrotado de esas emociones, considero propias, que experimenta un párvulo incursionista en el arte de la enseñanza; perplejo pude contemplar y percibir esa sensación de formar parte de esa realidad que veía lejana, de estar en esa comunidad enclavada en la mixteca alta en la cual tendría que impartir clase, desempeñar mi trabajo y a decir de Freire: aprender del cuerpo de las tramas…
Lo cierto es que al llegar a Canama, me sentí como el protagonista de uno de los cuentos de Rulfo, envuelto por ese realismo mágico tan propio que evoca al describir sus paisajes pero tan marcados por la enigmática soledad; era lunes, inicio de semana, pero mi predisposición y buena actitud tambaleó al llegar y contemplar anonadado que el lugar yacía inamovible, silencioso y carente de esos ruidos cotidianos que hacen y de algún modo, caracterizan un espacio, supe desde el primer momento en que lo contemplé, que mi estancia ahí resultaría compleja, no tanto por las condiciones que presentaba y ofrecía, sino por la influencia que la soledad podía ocasionar en mí.
Y es que la cotidianidad de la comunidad se basa precisamente en su retiro, ahí se escucha el murmullo del viento y el crujir del suelo mientras deambulas por las calles, encontrándote tal vez algún canino alebrestado, o tal vez percibes el cacareo de una gallina al alertar tu presencia o el mugir de un toro que yace amarrado rumiante y sereno y, en alguna ocasión, el característico saludo tan propio de la región: “ta ku ni xhishi/ta ku ni xsh*to” (que viene equivaliendo a lago así como: “buenos días tía o tío), puntualizando aquí que esta escritura la plasmo así como la escuché en su momento y así como Dios me da a entender; lo cierto es que “el lugar donde hay jabón” (esa referencia me dieron respecto al significado del nombre de la comunidad proveniente del mixteco, aclaro que no tuve la curiosidad de investigar la relación propia del mismo), es un sitio bonito, mágico en el cual puedes descubrir el misterio del solitario.
Con estos pensamientos que se pierden entrelazados a mis ya vagos recuerdos, confieso que no logro evocar del todo el preciso momento en que lo conocí, pero fue por conducto del profe Martín quien me lo presentó justamente a las afueras de la Escuela Primaria “Cuauhtémoc”:
-El es el profe Donato- me dijo mientras nosotros estrechábamos nuestras manos con esa propia gestualidad característica del mexicano.
Como es de esperar, al principio existía esa desconfianza propia de interactuar con un extraño, pero la convivencia comenzó a darse de manera natural al compartir el espacio que los comités habían destinado para los maestros: un par de cuartos que estaban justo sobre la tienda comunitaria Diconsa, misma que si no mal recuerdo estaba abierta solamente un día a la semana.
Así comencé a tratar con mi amigo, quien confesó a los pocos días, que al igual que yo, comenzaba a incursionar en el gremio magisterial cubriendo un espacio heredado por su señora madre. Creo que de las primeras cosas que dieron pauta para entablar conversación fue el hecho de enterarnos que en esos espacios que ahora compartíamos, meses anteriores habían albergado algunas personas originarias de Santo Domingo Yosoñama, comunidad que ha mantenido un conflicto agrario con el municipio de San Juan Mixtepec.
-Pa’ saber si viven los amigos que estuvieron aquí profe- comentábamos mientras contemplábamos el tono grisáceo de las tardes que transcurrían día a día.
De a poco, íbamos entablando amistad con los padres de familia y vecinos de la comunidad, y es que, Donato con ese estilo tan propio que suele caracterizarlo, su sencillez, humildad y la facilidad que tiene para hacer amigos, no dudó ni un segundo en aceptar la invitación que los “xhitos” tuvieron a bien hacernos un día: ser partícipes de la reta de basquetbol que se armaba muy esporádicamente en ese lugar y que llegó a convertirse en algo rutinario y periódico desde que descubrieron que los maestros subían a jugar. Lo cierto es que jamás he tenido habilidad para el deporte, pero mi amigo es apasionado indiscutible del baloncesto y para nosotros la cosa era clara: salir a jugar aparte de distraernos representaba darle vida a ese lugar y ese espacio, era poder hablar y convivir con su gente, era reír y compartir el refresco, era sencillamente hacer comunidad…
A lo largo del año compartimos varias experiencias, algunas de risa, otras de chamba y otras de esas que te dejan la boca reseca y el sabor amargo por lo que representan, como aquella en la cual veníamos a prisa en su fiel vw pointer con el tiempo encima, porque era el primer día de la semana y había que estar puntal para el desempeño de nuestra jornada. Así, estando en Tlaxiaco, decidimos tomar la vía rápida para llegar a Canama, sorpresa nuestra fue no encontrar carro alguno que circulase a esas horas, pero aun con la zozobra continuamos hasta darnos cuenta que era tarde ya para emprender el regreso pues justo en la desviación de “Tres cruces”, estaban algunas tablas con clavos y alambres de púas con la finalidad de pincharles las llantas a los vehículos que desafiaran la ruta. Por ese instinto de supervivencia, mi amigo esquivó dichas trampas, aunque el golpeteo seco nos hizo pensar que su carro pagó el costo de esa travesía, misma que nos preparaba otra sorpresa al entroncar con la primera comunidad que pertenece al municipio, puesto que nos detuvieron los tíos, armados y recelosos cuestionándonos sobre el motivo por el que nosotros andábamos por ese camino.
-¿Qué no saben qué otra vez está el conflicto?- nos preguntaban al mismo tiempo que nos pedían nuestras identificaciones y se comunicaban por radio para verificar si efectivamente era verídica la información respecto a los datos que estábamos proporcionando.
A pesar de haber sido relativamente corto el lapso que compartimos, nuestra amistad prevaleció a lo largo del tiempo, al grado que de repente me lo encontraba por el corazón Tlaxiaco y teníamos a bien compartir un buen pulque, cuando se podía degustar bajo el fresno a un costado del atrio de la iglesia, y creo que fue en uno de esos encuentros donde tuvo a bien invitarme para acompañarlo en su boda por allá del 2017 en su natal “Lázaro Cárdenas” comunidad perteneciente al municipio de Santiago Yosondúa, en la cual, como era de esperarse, al ser un hipófilo, llegó a caballo el tipo en compañía de su esposa e hijo y de otros jinetes que completaban la cuadrilla.
Pese a que le he perdido la pista, en algunas movilizaciones sindicales, he tenido la oportunidad de saludarlo, incluso si no mal recuerdo, la última vez que íbamos a manifestarnos con rumbo a la ciudad de Oaxaca, me mostró que se había amputado parte de uno de sus dedos de la mano derecha, esto como consecuencia del trabajo en su rancho, por el amor a su tierra y por preservar su herencia de su padre y la esencia de su gente.
Hace unos meses, al enterarme de su triunfo como Presidente Municipal de Santiago Yosondúa, pensé para mis adentros que definitivamente era un asunto meritorio para alguien que definitivamente sabe estrechar lazos de amistad, sea por el baloncesto, los caballos, el desempeño de su profesión y el trabajo mismo que ha hecho a nivel de su comunidad y de las circunvecinas que conforman su territorio.
Curiosamente hace unos días al encontrarme estacionando mi viejo vocho fuera del perímetro de la escuela, me desconcertó el claxon de una patrulla y más aún cuando alguien clamó mi nombre al mismo tiempo que se orillaba y descendía del vehículo.
-¿Cómo estás mi amigo?- preguntó a tiempo que estrechaba mi mano- ¡qué gusto verte!- dijo de forma sincera con esa sonrisa tan propia de su persona.
-Bien amigo, hay andamos, el gusto es mío- respondí mientras contestaba efusivamente su saludo.
Intercambiamos algunas palabras y por invitación suya nos fuimos al changarrito de enfrente, a la tiendita de la tía Queta a tomarnos un refresco.
-Vieras que ya no te conocía, dijeran los tíos: pario se ve que comes con manteca- dije a razón de entablar conversación y refiriéndome a su complexión corporal actual.
-Sí mano, varios de los compas ya me han dicho que estoy agarrando cuerpo de autoridad- exclamó riéndose.
-Y ahora, ¿qué te llevó a incursionar en la política amigo?- le pregunto con intriga.
-Amigazo, vieras que allá como es por usos y costumbres y cada comunidad propone a uno, pues me eligieron mano, yo no quería, siempre había pensado que es un rollo todo esto y déjame decirte que no estaba equivocado y más ahora que me dieron el cargo de más responsabilidad, pero hay andamos, no queda de otra que darle- me dijo.
-Creo que las cosas pasan por algo amigo y considero que si te dieron la confianza es precisamente por eso, pero cuéntame ¿cómo te va?- pregunté.
-Te confieso que no me creía cuando me dijeron que yo encabezaba las votaciones e incluso cuando dieron el veredicto del triunfo, pero una de las primeras cosas que pensé y que se la compartí a mi esposa Liz, era el hecho simple de que al asumir el cargo iba a poder atender el reclamo que me había estado haciendo mi nena: poderla llevar o recogerla a su escuela, cosa que para nosotros los maestros nos resulta algo difícil - comentó mientras suspiraba.
-¿Y luego?- repliqué.
-Pues pasa que ahora con este cargo está más complicado, con decirte que ahora es cuando menos tiempo paso con ellos, pero pues que le hacemos.
-Entiendo- comenté,-¿y con la gente cómo te va?- continúe cuestionando.
-Pues hay de todo amigo, pero vieras que una de las cosas más chingonas que puedes apreciar al estar de este lado, es la gratitud de la gente al sentirse apoyada de algún modo, hay veces que las tías y tíos grandes, así como en Mixtepec, ¿te acuerdas?- pregunta.
-Esas cosas no se olvidan amigo y me da gusto saber que te llenan esos gestos, porque eso me da cuenta de que no has perdido los pies del suelo- respondo francamente.
Intercambiamos algunas palabras más en una plática amena y ligera, para posteriormente despedirnos y tomarnos una foto para evocar el momento.
-Pues amigo, tengo que irme apoyar con el adorno para el evento del día de las madres acá en mi escuela- le dije- ya platicamos un rato y sabes de antemano que acá tienes un amigo y tu humilde casa- expresé con sinceridad.
-Sí mi amigo, nosotros también así andamos en chinga, pero no nos despedimos, estamos en contacto y dijeran allá en mi rancho: un ánimo grande nomás…
Hoy mientras somos partícipes de la movilización magisterial en CDMX y leo una reflexión referente al último libro que estoy leyendo (Las uvas de la ira/John Steinbeck): ¿Dónde dejamos las emociones que nos atraviesan mientras las páginas están abiertas? ¿En el estante, junto al libro cerrado? ¿O en la vida que seguimos habitando? Me di el tiempo de redactar y compartir estas líneas hoy por motivo de su cumpleaños y porque se las prometí a mi estimado Donato Martínez Rosas, amigo entrañable e incluso puede que alguna manera hasta seamos parientes por ese apellido que con orgullo compartimos y finalmente, como ya bien escrito está:
Todos juntos haremos la historia
¡A cumplir! ¡A cumplir! ¡A cumplir!
😎