10/09/2026
La Casa del Púas Olivares en la Bondojito — El Barrio que Nunca Abandonó Pese a Ganar 4 Títulos
Rubén Olivares ganó cuatro títulos mundiales de boxeo. Entró al Salón de la Fama antes que cualquier otro mexicano y llegó a ganar más de 2 millones de dólares con sus propios puños. Y sin embargo, hoy sigue viviendo a unas cuadras del terreno donde de niño su padre le regaló un costal viejo para alejarlo de la pobreza.
México lo conoce como el púas. Años después de esa fortuna, terminó vendiendo sus propios cinturones mundiales en un tianguis del centro de la Ciudad de México. Pero mientras la fama y el dinero iban y venían, hubo algo que Rubén nunca soltó, el barrio de Bondojito, donde empezó todo. En los próximos minutos le voy a contar cómo un niño que cargaba tabiques con su padre se convirtió en campeón del mundo, cómo llegó a perderlo casi todo y qué fue lo único que decidió no perder jamás.
Si le gusta conocer estas historias tal como pasaron, sin inventar nada, suscríbase al canal. Aquí no contamos leyendas para asustar ni para juzgar. Las contamos para no olvidar de dónde salieron los ídolos que le dieron orgullo a México. Vamos al principio. Rubén Olivares Ávila nació el 14 de enero de 1947 en Iguala, Guerrero.
Tenía apenas 3 años cuando su familia empacó lo poco que tenía y se mudó a la Ciudad de México. Eran los años en que miles de familias del interior del país llegaban a la capital buscando lo mismo, trabajo, un techo, una oportunidad que no existía en sus lugares de origen. La familia Olivares se instaló al oriente de la ciudad en un pedazo de tierra que entonces era casi un descampado en lo que hoy conocemos como la colonia Bondojito dentro de la alcaldía Gustavo Amadero.
No había glamur en ese lugar. Había calles de tierra, casas construidas a medias, tendederos de ropa entre patio y patio y familias que salían a trabajar antes de que amaneciera. El padre de Rubén era albañil y como tantos padres de esa generación, no conocía otra forma de sacar adelante a una familia numerosa que no fuera la fuerza del propio cuerpo.
Todas las mañanas se llevaba a Rubén a las obras para que le ayudara a cargar material, mezclar cemento, subir tabiques de un nivel a otro. Por las tardes, cuando el cuerpo se lo permitía, el niño iba a la escuela primaria. No hubo juguetes de sobra en esa infancia. Hubo trabajo, hubo hambre en algunos días y hubo sobre todo la calle...
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