07/05/2026
El Ometochtli: El Rugir del Conejo sobre el Asfalto de Morelos
En el Morelos de ayer, el tiempo no se medía en minutos, sino en el eco de un motor que se anunciaba a la distancia. Para quienes vivimos esa época, el Ometochtli no era solo un transporte; era el cordón umbilical que unía el valle de Yautepec con la mística Tepoztlán y la capital del estado.
Una Travesía de Paisajes y Pericia
El viaje comenzaba en el corazón de Yautepec, en la zona de la calle Virginia Fábregas. Subir a ese camión era prepararse para una travesía de contrastes: desde el calor intenso de nuestros campos de caña, hasta sentir cómo el aire se volvía fresco y húmedo al serpentear hacia las faldas del Tepozteco.
¿Quién no recuerda la destreza del chofer al tomar las curvas de la carretera federal? El camión avanzaba con paso firme, atravesando Ahuatepec y Ocotepec para finalmente descender a Cuernavaca. Era un recorrido donde el aroma a diésel se mezclaba con el de las flores de los patios y el polvo de los caminos que hoy ya son memoria.
Ingenio al Servicio del Pueblo
Detrás de esas carrocerías verdes y crema, había un compromiso con la seguridad. En aquellos años, la Cooperativa se esforzó por traer unidades con una configuración mecánica robusta, diseñada específicamente para nuestra geografía volcánica.
Eran máquinas con sistemas de frenado y suspensiones reforzadas para soportar tanto el peso de la carga como las pendientes pronunciadas de la zona. Esta búsqueda de un transporte seguro fue lo que dio origen a la organización de sus terminales, buscando puntos de orden que dignificaran el viaje del pasajero y protegieran la vida de quienes cruzaban "la pera" cada día.
Más que Hierro y Pintura
A bordo del "Ometochtli", la vida pasaba frente a las ventanas:
El estudiante con sus libros bajo el brazo.
La marchante con sus canastos listos para el mercado.
El turista asombrado por la imponente pirámide que vigilaba desde las alturas.
Al ver hoy estas imágenes del emblemático número 20, es imposible no viajar en el tiempo.
¿En qué lugar te gustaba sentarte para ver el paisaje? ¿Qué recuerdo te trae el sonido de su motor subiendo hacia Tepoztlán?
¡Ya llovió, pero el recuerdo sigue vivo!