30/07/2026
❞𝐓𝐨𝐝𝐨𝐬 𝐥𝐨𝐬 𝐩𝐮𝐞𝐛𝐥𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐚𝐧 𝐬𝐮𝐟𝐫𝐢𝐝𝐨 𝐢𝐧𝐣𝐮𝐬𝐭𝐢𝐜𝐢𝐚𝐬, 𝐭𝐚𝐫𝐝𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐭𝐞𝐦𝐩𝐫𝐚𝐧𝐨 𝐥𝐮𝐜𝐡𝐚𝐧 𝐩𝐨𝐫 𝐬𝐮 𝐥𝐢𝐛𝐞𝐫𝐭𝐚𝐝❞.
Prof. Veudi Vivas Valdez.
𝐂𝐫𝐨𝐧𝐢𝐬𝐭𝐚 𝐕𝐢𝐭𝐚𝐥𝐢𝐜𝐢𝐨 𝐝𝐞 𝐂𝐨𝐳𝐮𝐦𝐞𝐥
En este CLXXIX Aniversario del inicio de la Guerra de Castas, justo es recordar aquella gesta heroica de Emancipación del sojuzgado pueblo maya, para conmemorar este acontecimiento, comparto con ustedes un discurso pronunciado hace algunos años e incluyo algunas imágenes de los principales protagonistas y documentos históricos relacionados con el tema.
Desde el 26 de julio de 1847, al ser fusilado en Valladolid el cacique de Chichimilá, Manuel Antonio Ay, los acontecimientos en el oriente yucateco anunciaban el estallido social que duraría 54 años, dejando profundas cicatrices que han trascendido hasta nuestros días. La historia de la epopeya de un pueblo sojuzgado y explotado durante más de 300 años, en el que ambos bandos perdieron, como en todas las guerras.
Muy estudiadas y conocidas han sido las causas del conflicto, la opinión de los historiadores se divide, culpando a uno y otro bando, haciéndolo responsable de los mayores salvajismos, en mi humilde opinión si de algo se le debe culpar a los mayas, es por su alianza con las autoridades y empresarios beliceños, que aprovecharon la circunstancia apoyando a los rebeldes con armas y alimentos a cambio de la explotación de riquezas forestales, lo que permitió que la guerra durara muchos años y que pudo significar una gran pérdida de soberanía del territorio nacional, que se confirmó en los Tratados Mariscal-Spencer, en los que el Gobierno acepta establecer la frontera hasta la desembocadura del Rio Hondo, oficializando así el desmembramiento del territorio beliceño. Por lo demás sin culpar o disculpar a ningún bando, sabemos que en las guerras siempre se cometen las mayores atrocidades.
Aquella mañana de julio de hace 179 años el poblado de Tepich, se convirtió en una enorme hoguera, símbolo de la destrucción que se generaría por largos años, en los que ambos contendientes dieron muestra de barbarie y salvajismo, los unos con el torpe afán de perpetuar su dominación y supremacía y los otros cobrando afrentas e injusticias acumuladas durante siglos, desde la Conquista, pasando por la Colonia y la Independencia sin que las condiciones de explotación variaran. Había estallado la Guerra Social Maya. Después de que Antonio Trujeque dos días antes quemara la zona de la población maya del pueblo, Cecilio Chí devolvió el golpe destruyendo el centro del pueblo que era la parte habitada por los blancos. Salvándose únicamente una persona de nombre Alejo Arana, quien dio avisó a las autoridades de Tihosuco y ellos a su vez a los de Valladolid de que el pueblo de Tepich ya no existía.
El maya quería su libertad e independencia tanto en lo civil como en lo económico, el sistema tributario heredado de la colonia se agravaba más con el despojo de las tierras que ancestralmente habían cultivado y que el gobierno cedía a los latifundistas para desarrollos agropecuarios, principalmente caña de azúcar que dejaban al indio sin medios de subsistencia. A esto se sumaban las contribuciones personales y los altos pagos de derechos por bautismos, bodas, defunciones y el diezmo que la iglesia cobraba, así no le quedó al campesino maya más camino que la guerra, una guerra de vencer o morir y lo que pudo ser una manifestación de inconformidad se convirtió en una guerra de exterminio por ambos bandos.
En esta guerra de características peninsulares, como en todas las confrontaciones bélicas aun cuando los blancos terminaron triunfando, es válido decir que ambos perdieron, puesto que los mayas ni lograron su libertad, ni obtuvieron la anhelada justicia que fue una de sus motivaciones, ni mucho menos acabaron con la población blanca y los triunfadores, entre otras pérdidas, terminaron con dos desmembramientos, al formarse dos nuevos Estados, Campeche en 1863 y Quintana Roo en 1902, ambos a costa de territorio yucateco, como consecuencia indirecta de aquel conflicto. También podemos considerar la pérdida del territorio beliceño, como parte de las negociaciones para cortar el abastecimiento de armas a los rebeldes.
Para los cozumeleños es de suma importancia el conocimiento de este capítulo de la historia, pues la actual población se formó en los primeros días de aquella guerra, con los que huían del peligro, así las primeras familias que poblaron nuevamente el antiguo rancho San Miguel, provenían de Yucatán, de la zona donde se dieron los combates de más intensidad: Valladolid, Chemax, Tihosuco, Sabán, Ichmul, Peto, Temozón, Espita, Calotmul, Tizimín, Motul, Telchac, Dzilam, Río Lagartos y otras muchas poblaciones, que son los lugares de origen de aquellos antepasados nuestros.
Hoy a más de un siglo y tres cuartos de aquella conflagración, los descendientes de los últimos rebeldes, habitantes de la conocida zona maya quintanarroense, que abarca los Municipios de Felipe Carrillo Puerto y José María Morelos, apenas van recibiendo los frutos de aquel heroico sacrificio: Escuelas y servicios básicos que en algo mejoran la calidad de vida de los descendientes de una gloriosa raza, creadora de una gran cultura, aquellos adoradores de Itzamná, Kukulcan, Ixchel, Chac, etc. Constructores de Uxmal, Chichén Itzá, Dzibichaltún, Cobá, Calotmul, Konhunlich, Tulum, El Rey, San Gervasio (Tantun), etc., que hoy orgullosamente y con la frente en alto deben manifestarse con todo derecho libres, como quintanarroenses y mexicanos.
𝐏𝐚𝐳; 𝐉𝐔𝐒𝐓𝐈𝐂𝐈𝐀 𝐘 𝐋𝐈𝐁𝐄𝐑𝐓𝐀𝐃
Cozumel, Q. Roo a 30 de julio de 2026