18/05/2026
Breve Historia del Dr. Javier A. Gómez
Creador de la tintura de yerbas Alecos y su origen.
En el año de 1939, Don Javier Apolinar Gómez Vázquez, un rico hombre oriundo de un pequeño poblado del Estado de Jalisco, donde nació el 4 de Julio de 1902, volvía a las andadas en busca de oro, le gustaba ser gambusino. Tiempo atrás había descubierto un gran filón del metal dorado en el Desierto de Altar, Sonora, pero unas lluvias inusuales lo desaparecieron. Esto no mino el ánimo de don Javier y continúo en busca de una nueva veta.
En este lapso conoció a un indígena Yaqui al cual ofreció recompensarlo si lo ayudaba a encontrar oro. “¿Para qué buscas oro amarillo, hombre blanco, cuando hay oro negro? –“¿Te refieres al petróleo?”, respondió don Javier. El indígena que era curandero, chamán de su tribu, le dijo: “No, no petróleo, oro negro, semilla de jojoba”. Don Javier preguntó al Yaqui para que servía esa semilla. Éste la rompió y de su interior salió un transparente líquido aceitoso, luego mostrándole su cabellera negra y sedosa le dijo: -Aceite, bueno para el cabello. El hombre blanco asombrado preguntó que otro uso daban a la semilla: -“Quema, produce lumbre y para curación untada para curar”, respondió.
Por muchos años se dedicó a estudiar la herbolaria de los indios Seris, Apaches y Huicholes. La combinación de ellas dio como resultado el “Shampoo de Jojoba del Dr. Javier A. Gómez”. Éste resultó un éxito en México y Estados Unidos convirtiendo a don Javier en hombre millonario.
En 1974 la introdujo en la NASA (Administración del Espacio y Aeronáutica del Gobierno de Estados Unidos) sustituyendo al aceite de es***ma de ballena que se utilizaba para lubricar los brazos de los módulos espaciales y para lo cual sacrificaban a estos cetáceos. De esta forma el Dr. Javier A. Gómez contribuyó a salvar las ballenas de la extinción. Esto le mereció el “doctorado Honoris Causa” por parte de una universidad norteamericana.
Sus investigaciones dieron como resultado su “Agua Milagrosa”, la cual otorgaba gratuitamente a todos sus pacientes, a los que sanaba de manera asombrosa. Curó cientos de quemados, cerró centenares de llagas, desparasitó decenas de niños y atendió cientos de enfermos.
El Dr. Javier Apolinar Gómez falleció en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, el 8 de septiembre de 1992, a la edad de 90 años.