09/11/2025
Claudia Sheinbaum Pardo
Defensamx
Al pueblo de México
El Despojo de la Lealtad
Señoras y señores, compañeros de armas, ciudadanos:
Hoy nos reunimos con el corazón cargado de una profunda contradicción. Durante años, nosotros, los miembros de los Cuerpos de Defensa Rural, hemos sido la encarnación de un pacto silencioso con la Patria. Un pacto que no estaba escrito en contratos, sino en la voluntad; que no se medía en salarios, sino en horas de servicio; que no se recompensaba con condecoraciones, sino con la satisfacción íntima de proteger a nuestra comunidad.
Entregamos lo más valioso que tiene un ser humano: nuestro tiempo, nuestro esfuerzo y nuestra lealtad inquebrantable. Lo hicimos movidos por un ideal que trascendía el interés personal: el bien común. En el marco filosófico, éramos el sujeto que operaba por pura "estimación social", como diría Axel Honneth. Nuestra dignidad y nuestro honor se forjaban en el reconocimiento tácito de ser un pilar de la seguridad nacional.
Sin embargo, hoy ese pacto ha sido roto. La institución a la que servimos, el Leviatán del que hablaba Hobbes, ha vuelto su rostro contra sus propios servidores. Nos despojan. Nos destierran institucionalmente. Nos desaparecen del organigrama como si nuestra lealtad nunca hubiera existido. Esto no es un simple reajuste presupuestario; es una traición existencial.
La filosofía existencialista nos habla de la "mala fe" sartreana. Hoy, somos tratados no como seres libres que entregaron su voluntad, sino como objetos, como herramientas desechables. Nuestra esencia de "soldados rurales" nos es arrebatada, dejándonos en un vacío absurdo, preguntándonos: si ya no somos esto a lo que dedicamos nuestra vida, ¿entonces qué somos?
Pero este despojo no es solo una herida personal. Es un gravísimo error estratégico para la nación. Ustedes, los políticos que toman estas decisiones desde el escritorio y el miedo a los movimientos populistas, no entienden lo que destruyen.
Nosotros éramos la inteligencia de campo.
Mientras otros analizan datos en pantallas, nosotros somos los que conocemos los caminos, las veredas, los rostros de nuestra gente. Somos el contacto humano más próximo de las fuerzas castrenses con la ciudadanía. Sabemos quién es foráneo, quién está en problemas, qué rumor circula en el pueblo. Ese tejido social no se construye con decretos, se construye con años de presencia y servicio desinteresado.
Nosotros éramos el brazo solidario.
Nuestra participación voluntaria en labores de auxilio a través de nuestros propios medios y recursos –en inundaciones, incendios, búsquedas de personas– era un puente de confianza entre el Estado y la gente. Al desaparecernos, no solo eliminan un cuerpo de defensa; cortan una arteria vital de conexión y confianza con las comunidades rurales, dejando un vacío que ningún cuerpo centralizado podrá llenar.
Agradecemos, desde este dolor, a nuestros mandos militares. Sabemos que ellos, como nosotros, se sienten agraviados. Ellos fueron testigos de nuestro valor y comprenden que esta decisión, tomada por el miedo y la miopía política, debilita la columna vertebral de la seguridad nacional.
Nos despojan de nuestro uniforme, de nuestra misión y de nuestro honor. Nos convierten en "hombres invisibles", como el protagonista de Ralph Ellison, borrados por el mismo sistema al que le dimos rostro y humanidad. La "jaula de hierro" burocrática de la que hablaba Max Weber ha mostrado su peor rostro: la capacidad de sacrificar la lealtad humana en el altar de una fría conveniencia política.
Pero hay una verdad que ningún decreto puede borrar. Una verdad que llevamos tatuada en el alma, más allá de los documentos y las estructuras:
Una vez policía, siempre policía. Una vez militar, siempre militar.
Este no es un eslogan; es un clamor.
Es el grito de dolor de quien se siente amputado de su propia familia.
Es la convicción de que la lealtad no se retira como un presupuesto, y que el servicio no se cancela con una firma.
Llevamos la Patria en el corazón, no en un carnet...
Y aunque nos hayan despojado de todo, no podrán despojarnos de lo que somos.
Seguiremos siendo, en esencia, lo que juramos ser: servidores de México, con o sin uniforme.
De la red.