30/05/2026
Sin vivienda no hay estudio
Huajuapan de León, Oaxaca. Llegan de distintos puntos de Oaxaca, pero también de Puebla, Veracruz, Guerrero y hasta de la Ciudad de México. Cientos de jóvenes cada año se inscriben en la Universidad Tecnológica de la Mixteca (UTM) con la ilusión de sacar una carrera. Pero una vez que logran entrar, muchos se topan con lo mismo: no tienen dónde vivir, o lo que encuentran es tan caro que termina por echarlos de la escuela.
La UTM tiene actualmente entre mil 900 y 2 mil alumnos. De ellos, entre el 85 y 90% vienen de fuera, es decir, entre mil 615 y mil 700 jóvenes que dejan su comunidad y no cuentan con un lugar digno para quedarse mientras estudian. No es un detalle menor: para muchos, la renta es el primer gran muro.
Y los precios no ayudan. Un cuarto individual cuesta de mil 200 a 2 mil pesos al mes; un departamento compartido puede llegar a los 4 mil 500. Para familias campesinas u obreras, eso es sencillamente imposible. Al final, muchos terminan eligiendo entre pagar una habitación o comer.
No hay cifras oficiales recientes que midan cuántos dejan la carrera por esto, pero organizaciones estudiantiles han documentado que cerca del 30% abandona en los primeros semestres. La razón de fondo suele ser la misma: no alcanza para la renta, la comida y los servicios. Derechos básicos como la educación quedan supeditados a un techo que no llega.
Esta situación no es nueva. El Movimiento Antorchista lo ha señalado en varias ocasiones. En otras regiones del país han impulsado albergues y casas del estudiante. En la ciudad de Oaxaca funcionan la “Rufino Tamayo” (varonil), la “Clara Córdova” (femenil) y el albergue “Tlacaélel”, donde decenas de jóvenes recogen no solo cama y comida, sino internet, estudio, talleres y deportes.
Precisamente la casa “Tlacaélel” se abrió con esa idea: darle chance al estudiante oaxaqueño de bajos recursos de terminar la universidad. Y eso es lo que hace falta en Huajuapan.
Frente a autoridades que voltean a otro lado, los estudiantes de la UTM no tienen de otra más que organizarse. No se trata de pedir un lujo, sino algo necesario: un albergue que les permita estudiar sin tener que sacrificar lo básico. Porque sin un lugar donde llegar, por más ganas que se tengan, la carrera se vuelve cuesta arriba. Y muchos, simplemente, terminan renunciando.