07/08/2026
Una forma de contagiar alegría haciendo un pequeño recuerdo, veamos:
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1915. A Villa le acababan de decir que Siete Leguas ya no podía seguir. Tenía una pata lastimada de una bala, estaba flaco, viejo de tanto correr entre balazos.
Villa se acercó, lo abrazó del cuello y se rió. Por primera vez en meses, se rió de verdad. No la risa del general que gana. La risa del niño que recuerda de dónde viene.
Le dijo al oído: "Mi viejo, ¿te acuerdas cuando éramos dos mu***os de hambre y nadie daba un peso por nosotros? Mira hasta dónde nos llevó tu trote".
Los dorados que vieron eso dijeron que Villa parecía que estaba abrazando a su padre, a su hermano, a su hijo... todo al mismo tiempo.
Horas después tuvo que dejarlo ir. Lo dejó con una familia de campesinos en Parral, con la promesa de que lo cuidaran.
Dicen que Villa volteó tres veces en el camino. Dicen que Siete Leguas relinchó hasta que ya no lo vio.
Esta foto te enseña algo que la escuela no enseña.
El hombre más temido de la Revolución, el que tenía un ejército de 50 mil hombres, el que hacía temblar a generales... sonríe como niño cuando abraza a quien lo quiso sin interés.
Tú también tienes un Siete Leguas en tu vida.
Quizá es tu madre que te esperó despierta.
Tu padre que te enseñó a trabajar.
Tu esposa que te aguantó cuando no tenías nada.
Tu amigo que no te dejó solo cuando todos se fueron.
Tu caballo, tu perro, que te esperó aunque llegaras tarde y de mal humor.
¿Ya le dijiste hoy que gracias a él llegaste hasta aquí?
No esperes a tener que dejarlo ir para abrazarlo bonito.
Abraza hoy. Sonríe hoy. Agradece hoy.
Porque un día vas a voltear tres veces en el camino y ya no va a estar.