21/10/2022
Álbum familiar
Rolando García
Hacía más de diez años que no había vuelto a este rincón del Totonacapan, un pueblo que conserva su aire de provincia con gente amable y trabajadora, aquí donde los cielos aún son claros, los ríos corren y las aves trinan. Una gran alegría me inunda al bajar del autobús, mirar su alto quiosco y sus verdes árboles que me protegen del inclemente sol. Veo alejarse al autobús muy rápido, aprovecho para tomarle una foto.
El principal objetivo de visitar Joloapan en mi niñez, era venir a honrar al Santo entierro con mi familia, al que todos los feligreses le dedicaban sus p***s, agradecimientos y oraciones. Las manos se frotaban en su féretro de madera y cristal. Un mar de veladoras se derramaba por el piso y las escaleras, el olor a copal y hiervas medicinales recorría el recinto. Las palomas entraban por las ventanas y aleteaban sobre nuestras cabezas al no encontrar donde posarse.
Con el tiempo, descubrí que Joloapan tenía otras atracciones como: su río, el puente colgante, las ferias y su fuente. El comer en los puestos del parque, caminar por sus calles mirando las casas con tejas, me daba un sentimiento de tranquilidad, de paz. Ahora que he vuelto, noto que casi nada ha cambiado, eso me agrada, es como decir que así la dejé. Pero tengo una extraña sensación, algo que no cuadra, el cielo se ha nublado muy rápido, se ve más solitario el pueblo, el Cristo me parece más triste, la fuente está seca. Quizá volvi en un día incorrecto o es que acaso solo lo he soñado. Tal vez he mirado las viejas fotos de color sepia.
Creo que es momento de regresar, compraré los billetes de viaje, haré las valijas y pondré la cámara para continuar con el álbum familiar, a hora que se acercan los días de Mu***os.