05/09/2026
Operación Barbarroja, Grupo de Ejércitos Centro, el Saliente Yelnia
El 30 de julio, el general Gueorgui Konstantínovich Zhúkov fue relevado de su puesto como jefe del Estado Mayor General por insistir en el abandono de Kiev y en que las fuerzas soviéticas en Ucrania fueran retiradas detrás del río Dniéper, un suceso que podría haber acabado muy mal para algunos, pero Stalin lo tenía en gran estima y lo envió a la región de Smolensko para que se hiciera cargo del recién creado Frente de Reserva. Formada por el 34.º, 31.er, 24.º, 43.er, 32.º y 33.er ejércitos, esta fuerza se situó entre los frentes del Centro y del Oeste y, en parte, tras la retaguardia de este último como línea de defensa secundaria para las presionadas unidades soviéticas que cerra-ban el camino a Moscú. Sin embargo, la tarea que se la había encomendado era, ante todo, ofensiva, pues tenía que eliminar el saliente alemán en torno a Yelnia.
Tras ceder los asuntos del Estado Mayor General al maris-cal Borís Mijáilovich Sháposnikov, Zhúkov partió hacia la re-gión de Gzhatsk para ocupar su puesto. Contento con su nuevo estado mayor, algunos de cuyos miembros conocía desde antes de la guerra, le gustaba menos el mayor general Konstantín Ivá-novich Rakutin, jefe del 24.º Ejército –con siete divisiones de fusileros, una de tanques y una mecanizada, cinco regimientos de artillería y ocho regimientos contracarro– y responsable del saliente de Yelnia, ya que, si bien estaba satisfecho con su in-forme de situación, añadió que los "preparativos operacionales y tácticos son claramente insuficientes", una carencia que atri-buía a "muchos oficiales y generales que anteriormente habían servido en las tropas fronterizas del Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos (NKVD)". Se trataba de una referencia velada a los primeros días de la guerra, cuando Stalin, temeroso de un derrumbe total del frente, nombró a varios generales procedentes del aparato de seguridad interno como jefes del segundo escalón de fuerzas en el eje occidental, un signo claro de su falta de fe en la habilidad del Ejército para resistir el avance alemán. Como oficial del Ejército regular, Zhúkov tenía pues motivos sobrados para temer y odiar a estos ejecutores de la voluntad de Stalin.
En lo que al saliente de Yelnia se refiere, había sido una fuente de intranquilidad para ambos contendientes desde que los alemanes capturaron la localidad el 19 de julio, ya que eran conscientes de su importancia como punto de partida de una nueva ofensiva contra Moscú. Así, cuando decidieron pasar a la defensiva en esta zona, los soviéticos empezaron una serie de implacables ataques en los que la artillería del Ejército Rojo resultó particularmente efectiva, causando bajas importantes a los defensores; tantas que, ya a finales de julio, Guderian empezó a cuestionarse la utilidad de conservarlo, pues si el alto mando no tenía la intención de renovar el avance hacia Moscú, entonces la posición "solo suponía el peligro de sufrir bajas continuas y elevadas". Sin embargo, siempre con la esperanza de reanudar el avance hacia la capital soviética, el alto mando del Ejército eligió mantener la posición, y la lucha continuó.
Zhúkov no tardó en llegar a la conclusión de que las fuer-zas soviéticas en la zona aún no estaban listas para iniciar una ofensiva importante y calculó que le harían falta entre diez y doce días para acumular los efectivos necesarios para la tarea; es decir, no iba a poder atacar antes de mediados de agosto. Sin embargo, el día 6, la Stavka ordenó al Frente de Reserva que "siguiera con su enérgica y decisiva ofensiva en torno a Yelnia, con el fin de rodear y destruir la agrupación enemiga allí situada". Para ello, el sector sería reforzado con medios de artillería del Frente del Oeste y apoyo aéreo de la reserva de la Stavka, pero la orden también implicaba que, a pesar de su deseo de preparar la operación con detalle, el mando insistía en que Zhúkov siguiera manteniendo la presión sobre los alemanes continuando los ataques. Fue el principio de un patrón que se repetiría una y otra vez. La insistencia de Stalin en lanzar ope-raciones de envergadura en plazos irrazonablemente cortos fue un problema que acosaría a los comandantes soviéticos durante toda la guerra. Así, el Ejército Rojo siguió atacando, pero con poco éxito, de modo que el día 18 de agosto la Stavka se quejó de que "la operación en torno a Yelnia se está alargando" y sugirió modos de mejorar la situación. Zhúkov contestó tres días después con un plan para detener la ofensiva hasta el 24 de agosto para reponer sus fuerzas, a lo que el alto mando res-pondió afirmativamente a lo largo de la jornada. Sin embargo, volvieron a insistir sobre este tema el día 25 con una directiva que subrayaba la misión del Frente de Reserva de destruir el saliente de Yelnia por medio de "un ataque concéntrico" con un ataque de apoyo del 43.er Ejército, más al sur.
La ofensiva soviética comenzó la mañana del 30 de agosto, pero no hizo muchos progresos. Sin embargo, esta vez los alemanes se habían cansado de sufrir bajas desmesuradas para conservar Yelnia y, en todo caso, ya habían decidido retirarse a una línea más corta y más fácil de defender. En la mañana del 6 de septiembre las fuerzas soviéticas entraron en la localidad y se dio por terminada la operación. Tras la captura de Yelnia la situación en el eje de Moscú pareció estabilizarse cuando ambos bandos cayeron en un punto mu**to por agotamiento. De acuerdo con ello, el 10 de septiembre la Stavka ordenó al Frente del Oeste que pasara a la defensiva, con la condición de que creara una reserva de entre seis y siete divisiones para formar un "grupo de maniobra" de cara a un futuro ataque. Ese mismo día se disolvió la Dirección Estratégica del Oeste, pues el alto mando soviético consideró que la situación en el eje de Moscú estaba lo suficientemente estabilizada como para controlar los frentes directamente y Zhúkov, tras haber cumplido su misión, fue transferido al norte para dirigir el Frente de Leningrado, donde los alemanes amenazaban con entrar en la ciudad. El mariscal Timoshenko, por su parte, fue relevado del mando tanto del Frente como de la Dirección Estratégica del Oeste y enviado al sur para hacerse cargo de la Dirección Estratégica del Sudoeste con la desesperada tarea de tratar de solucionar la situación en la región de Kiev, mientras el mariscal Semión Mijáilovich Budionni, antiguo comandante de la misma, era enviado al norte para reemplazar a Zhúkov al mando del Frente de Reserva. Finalmente, el coronel general Iván Stepánovich Kónev, quien había demostrado su capacidad como jefe de un ejército, fue ascendido al mando del Frente del Oeste.
Puede decirse que, con la decisión de detener los ataques y pasar a la defensiva, la batalla de Smolensko había terminado. Ambos bandos habían sufrido pérdidas elevadas. Los cuatro frentes soviéticos involucrados –Oeste, Centro, Reserva y Briansk, más la Flotilla Militar de Pinsk– sufrieron un total de 759 974 bajas en dos meses de combate, de las que 486 171 fueron mu**tos, desaparecidos o prisioneros, lo que supone una media de 12 063 al día. Las pérdidas de material también fueron severas. El Ejército Rojo se dejó 1348 carros de combate y cañones autopropulsados, junto con 9290 piezas de artillería y morteros y 903 aviones de combate. En lo que a las bajas alemanas se refiere, sin duda fueron mucho menores, pero significativas, y el soldado del Ostheer empezó a adquirir cierto respeto por su oponente del Ejército Rojo.
Tácticamente, parecía haber quedado justificada la práctica soviética de lanzar ataques constantes a lo largo de todo el frente, aunque su coste fuera extremadamente alto, y en retrospectiva, el Heeresgruppe Mitte tuvo suerte de aguantar estos embates pues al entregar la iniciativa al enemigo en el eje de Moscú y desviar fuerzas a los flancos también cedió la gran ventaja que tenía en la guerra de maniobras y se puso al mismo nivel que su oponente. Los alemanes volverían a cometer ese mismo error un año después en Stalingrado, al renunciar a la movilidad para meterse en una intensa lucha urbana durante semanas, con desastrosos resultados. A nivel operacional y estratégico, los soviéticos creyeron haber ganado la batalla, al menos en la medida en que la decisión alemana de detener temporalmente el avance hacia Moscú pueda ser considerado como una victoria. Los cambios organizativos narrados más arriba indican que el alto mando soviético pensaba que, exceptuando ofensivas menores por ambos bandos, los combates en este sector habían terminado para ese año, y que lo que seguiría era una guerra de posiciones. Estas esperanzas quedaron frustradas por la ofensiva sorpresa alemana del 30 de septiembre al 2 de octubre, que destruyó varios ejércitos y acercó a los alemanes peligrosamente a la capital.
Los alemanes también llegaron a la conclusión de que habían obtenido la victoria, no solo porque consiguieron repeler las feroces contraofensivas soviéticas a lo largo del frente, sino porque su decisión de renunciar a una ofensiva inmediata hacia Moscú a cambio de combatir en los flancos pareció quedar justificada por la tremenda victoria que obtuvieron al este de Kiev. Sin embargo, como demostrarían los acontecimientos, esta victoria se consiguió retrasando dos meses la ofensiva contra Moscú, lo que significaba que era muy posible que hubieran podido tomar la capital en septiembre si no hubieran cedido voluntariamente la iniciativa estratégica. Sin embargo, salvo en caso de derrumbe completo del sistema soviético, esto no habría sido suficiente para ganar la guerra ya que estos hubieran seguido combatiendo, aunque con menos efectividad. En realidad, lo que negó la victoria a los alemanes no fue el resultado de la batalla de Smolensko sino el propio concepto de llevar a cabo una guerra corta y victoriosa contra una potencia continental moderna.
Fuente: Desperta Ferro Ediciones. (2023). Barbarroja (II): El Grupo de Ejércitos Centro.
En la imagen: El coronel Pavel Vasilyevich Mironov (con casco), comandante de la 107.ª División de Fusileros, conversa sobre un mapa con Georgy Konstantinovich Zhukov, comandante del Frente de Reserva, en las posiciones de la 107.ª División de Fusileros cerca de Yelnya. A la izquierda de Zhukov se encuentra el escritor Vladimir Petrovich Stavsky. El primero de la izquierda es el mayor general Ivan Ivanovich Birichev, comandante de la 103.ª División de Fusileros, septiembre de 1941.
Autor: Pavel Troshkin.