09/09/2024
Cuando encontré a Alejandra me provoco mucha indignación, jamás pensé que alguien pudiese sobrevivir tanto tiempo en esas condiciones. Me provoco mucha tristeza y vergüenza, no podía creer las condiciones tan deplorables en las que se encontraba.
Me dolió mucho darme cuenta de la falta de empatía que su propia familia tenía hacia ella ¿Cómo pudo nuestro padre ser tan descuidado con ella? Durante 30 años le di el beneficio de la duda por ser el hombre que coopero con mi llegada a este mundo. Jamás pensé que el descuido de nuestro padre llevara a mi hermana a vivir tan deplorablemente. Claramente ese hombre nunca tuvo un sano juicio, ni tomo las mejores decisiones en su vida. Yo creí haber sanado la ausencia de mi padre, la realidad es que nunca me había dolido tanto su ausencia, hasta ese día. En ese momento se materializo el abandono que sufrí, mi padre tomo la decisión de romper a nuestra familia con sus terribles y erróneas decisiones. Porque no fue solo romper la familia que había decidido crear, rompió la dignidad humana de Alejandra mi hermana. Permitió que durante 25 años Alejandra sufriera de una manera inimaginable.
Cuando la vi, me vi en ella, a pesar de que nuestras madres son personas sumamente diferentes, encuentro un parecido innegable entre su semblante y el mío.
No era Alejandra, era yo la que estaba postrada en una cama con heces, orines y suciedad, en ese cuarto se desprendía un olor insoportable, me encontraba dentro de un tejaban sucio en el cuál las ratas eran la única compañía caían del techo para refugiarse en algún rinconcito de ese tejaban, parecía que el clima se coordinó con esa situación tan amarga para darle ese toque gris, noche fría, húmeda, lluviosa recuerdo escuchar las gotas golpear el techo de lámina, goteaban y hacían charcos alrededor de la cama sucia. Inspeccione cada rincón de ese lugar tan lúgubre, desordenado y sucio. Nunca había sentido tanto asco en mi vida.
Ni si quiera pensé, no pensé, no use mi cerebro, no tenía ni idea de cómo iba a lograr ayudarla, solo supe que tenía que sacarla de ahí. No tenía ningún plan, pero si la dejaba ahí varada con su suerte, esa escena tan obscena sacada de la peor película de terror que mis ojos hayan podido ver, me iba atormentar por el resto de mi vida. Y la vida es tan cruel que estoy segura que de alguna manera eso se repetiría. Tenia que rescatarla.
Sin pensarlo, tome a Alejandra en mis brazos, le puse una colcha encima, la cargue con tanta facilidad por su extrema desnutrición y salimos juntas de esa obscenidad.
Esto no es el principio, no es el clímax, ni el fin de nuestra historia.
Es un fragmento de una historia surreal que no podemos normalizar porque nadie merece vivir en condiciones deplorables, nadie merece sentir hambre, nadie merece ser vulnerado de esa manera.