18/08/2025
Hola a todos, les comparto una pequeña historia, para que no se me duerman.
MAMÁ MIQUELITA
Para entrar en detalles con este interesante tema, tenemos que hacer algunas regresiones a los tiempos de los arrieros, para los lectores que no tengan idea de esta temática, no hay que estresarse, ya que en el transcurso de la narrativa irán apareciendo detalles que los ilustrarán sobre estos personajes que, aparte de transportar alimentos y toda clase de productos necesarios en el hogar, generaban empleos estacionarios a otras personas, pero no sólo empleos, también una serie de conflictos, así es de que lo mejor es respirar tranquilos y disfrutar de ciertos conocimientos olvidados por las nuevas generaciones.
Seguramente los que han tenido a bien seguir mis narrativas, se han dado cuenta que por lo general las enfoco a nuestro querido terruño. Así que ponte cómodo y disfruta este platillo lleno de controversias.
El ser humano ha buscado la manera de abrirse paso en la vida de alguna manera, para ello ha utilizado el comercio como su principal salida, les comento esto porque nuestra historia nos traslada, como ya lo mencioné en el párrafo anterior, a los arrieros. ¿Quiénes eran estos? Personas que hacían jornadas muy largas, para llevar todo tipo de necesidades en los hogares mexicanos. Su mercancía era transportada en animales de carga, entre los que destacaban recuas de burros y mulas, primero Dios, tendremos la oportunidad de escribir exclusivamente de ellos en otro artículo.
El transporte de carga en bestias fue importante negocio hasta fines del siglo pasado, tanto para los que trasladaban los productos como para el pueblo en general, ya que era la única manera de acarrear todo lo que la tierra producía. Fueron muchas las industrias que a la sombra de esta actividad se beneficiarían, entre ellas: la talabartería, utensilios de cuero que eran muy usados en esos tiempos, la fustería, muchos productos de madera eran transportados en las recuas, sobre todo para las familias adineradas, así como todo lo relacionado con la jarcia, la herrería, fondas y mesones. Los mesones en esa época eran lo que hoy es un hotel, ahí se atendía a las personas como a los animales; por cierto, en Tende hubo muchos de ellos, algunos mencionados ya en artículos anteriores y que en la posteridad los mencionaré los faltantes.
Podíamos mencionar que, en esta época, el tiempo no era un factor a considerar, mucho menos las distancias; ya que en esos tiempos no se vivía el ritmo apresurado como se vive en la actualidad con el reloj en mano, sino de las circunstancias que se les iban presentando. Como lo dice Servando Otoll en su libro: “para el viajante todo debía ser parsimonia, tranquilidad, mucha paciencia al desplazarse por los serpenteantes caminos que partían llanuras, bordeaban ríos, se hundían en las barrancas, trepaban a saltos las empinadas laderas y llegaban al final de la jornada a pequeñas poblaciones, donde en la mayoría de las viviendas se desprendía el humo de los techos de paja y uno que otro de teja, anunciando la preparación de alimentos, para el arriero no había otra mira más que tumbarse a descansar, en algún espacio disponible, para continuar muy de madrugada al cobijo del polvo, viento, lluvia y sobre todo, bajo el ardiente sol.
Como les venía contando, estos personajes llevaban y traían enseres a los pueblos, principalmente de los que se carecía. Pertenecían a la clase humilde, su principal capital eran sus animales; cuentan los conocedores, que transitaban por caminos inhóspitos, en algunos lugares el espacio era tan reducido que la travesía se hacía en fila, para no sufrir un despeñadero. Todo era de acuerdo a la distancia y la ruta elegida para su destino. Por ejemplo, los arrieros de Tendeparacua, cuando iban hacia el Sur, lo hacían por la ruta Teremendo, cruzando la sierra del Tzirate, para llegar a Quiroga, de ahí a Patzcuaro, algunos de ellos de ahí regresaban, mientras otros proseguían hasta el puerto de Acapulco, principal concentración de los productos provenientes del extranjero, ya que ahí atracaba un barco proveniente de China, llamado por los mexicanos, como “Nao”, primer navío en cruzar por el Atlántico desde el Continente Asiático.
En párrafos anteriores mencioné que esta actividad generaba otros empleos y que acarreaba alguno que otro problemilla, pues uno de estos dos sucedió en Tende, les cuento:
Según datos de mi hermana Ofelia, que a su vez fue contado por los abuelos paternos, por cierto, dedicados a esta actividad de arrieros, le contaron lo siguiente:
_ En el pueblo vivía una dama de nombre Micaela, mejor conocidas las damas con este nombre como “Micailas”, pero los pobladores le decían a nuestra protagonista “Miquelita”, haciendo alusivo al diminutivo cariñoso. Esta dama se dice que llegó con una hermana de por allá de las tierras de Uruapan, como lo hicieron muchos de otros lugares AQUÍ vinieron con la ilusión de hacerse de algunas tierras para sembrar, al final quedó, como siempre sucede, con un oficio diferente a la expectativa. Para desgracia de las damas pasaditas en años, estás, no eran apetecibles para el s**o opuesto, cosa que le sucedió a “Miquelita”. Lo raro del asunto, los años de esta dama no eran tantos, como para hacerle el desprecio, porque fluctuaba entre 25 o 30, está raro, porque es cuando las mujeres están en plena madurez. El caso es que para los “machitos” de esos tiempos esas damitas ya no eran apetecibles.
Como diría el dicho: “A lo que truje, Chencha”.
Los paisanos arrieros vieron en “Miquelita” una opción para que les cuidara sus críos, mientras ellos se ausentaban del terruño. Para Micaela eso le llegó del cielo, ya que, a falta de cariño de mayores, de menos lo encontraría de forma maternal en aquellos pequeños.
Sin darse cuenta que esta actividad le acarrearía muchos conflictos, sobre todo en la manutención de esos infantes.
Cuenta mi hermana:
_ Seguramente se las vio difícil para darles de comer, ya que muchos de los padres nunca regresaron a reclamarlos. Como todo en la vida, siempre hay personas que se apoderan de lo que has ganado con mucho esfuerzo, así les pasaba a muchos de los arrieros, eran asaltados por maleantes y en ocasiones les quitaban lo que traían y además hasta la vida, pobres, exhala un suspiro, para continuar contándome.
_ A veces, regresaba nada más la madre de los niños, para dejarle algún dinero y se volvía a ir con el argumento de que tenía que seguir con esa actividad para seguir viviendo. En otras ocasiones, el no regreso era porque la mujer se había ido con otro arriero de mejor ver y con mejor recua
Sin darse cuenta “Miquelita” estaba formando la primera “Guardería” o tal vez la primera “Casa Cuna” en Tendeparacua o quizá en todo el país.
_ Según los comentarios de los abuelos, sigue mi hermana con su narrativa, llegó a reunir entre 12 o más niños y por ende, el problema para alimentarlos se fue acrecentando. Ese enorme detalle nunca la doblegó. Buscaba la manera de alimentar a esas criaturas. En temporada de lluvias se hacía sus buenas siembras, donde todos colaboraban. Los de mayor edad contribuían con el azadón y los más peques juntaban la basura y desquelitaban.
Cuando había una fiesta en el pueblo y era invitada, se los llevaba a todos, sin antes ponerlos guapos, de acuerdo a sus posibilidades y de advertirles que tenían que acomedirse en algunas actividades a donde iban. así lo hacían, porque eran unos infantes muy bien portados y con buenos principios.
Con el paso del tiempo, se dio cuenta de que aquellos niños, se habían convertido en adolescentes y unos más, en jóvenes, por lo que la atracción en ambos s**os fue evidente. Ella fue muy cuidadosa en llevar un registro de identidad de cada uno, sabía quiénes eran parientes y quienes no; así como buena madre de todos, los reúne y les comunica lo creía correcto:
_ Haber hijos, todos ustedes saben que la mayoría de ustedes se quieren como hermanos, de lo cual me siento muy orgullosa de que así sea. La mayoría posee apellidos diferente, eso significa que son de padres diferentes. El que los haya reunido, es para decirles que, si entre ustedes crece el interés de tener una relación de noviazgo, por mí no hay ningún inconveniente, pero eso sí, todo tiene que ser como lo manda Dios, ¿está claro? La mayoría asintieron con su cabeza de haber comprendido el mensaje, otros lo hicieron por decir que lo habían entendido, aunque no haya sido así.
Desafortunadamente para su servidor no pude encontrar más datos sobre esta gran señorita “Miquelita” que pueda proporcionar, por ejemplo. Los nombres completos de los niños; si algunos de ellos llegaron a formar pareja sentimental, lo que sí fue un hecho, a todos les dio educación escolar hasta donde le fue posible; también los adoctrinó en la cuestión religiosa, por lo que esto le valió que la gente del pueblo le dedicara una frase, que con el tiempo se hizo popular. “Todos somos hijos de mamá Miquelita”.
Salvador Cervantes Robles.