13/03/2026
Crónica PILARES Humorística desde la Comunidad.
Título: Entre aplausos arriba y cansancio abajo: cuando el triunfo de unos se construye con el desgaste de otros
Durante los últimos años, los Puntos de Innovación, Libertad, Arte, Educación y Saberes (PILARES) se han consolidado en la Ciudad de México como espacios donde miles de personas han encontrado oportunidades para aprender, enseñar, organizarse y fortalecer la vida comunitaria en barrios históricamente marginados. Talleres, asesorías, actividades culturales, científicas y deportivas se volvieron parte de la cotidianidad de muchas colonias.
Sin embargo, detrás de ese crecimiento existe una realidad que la comunidad conoce bien. Mientras el proyecto se expandía y ganaba visibilidad institucional, las condiciones de quienes sostienen su funcionamiento cotidiano prácticamente no cambiaron.
La operación de los centros ha dependido durante años de figuras llamadas “beneficiarios facilitadores de servicios”: maestras, maestros, talleristas y promotores que realizan labores educativas, culturales, científicas y comunitarias fundamentales para mantener vivos los espacios. Con el tiempo, a estas tareas se sumaron responsabilidades administrativas cada vez mayores: registros permanentes de actividades mediante la boleta de atenciones, control de horarios, envío de evidencia fotográfica, reportes constantes y cumplimiento de jornadas que muchas veces superan lo establecido.
La realidad en territorio es clara: miles de personas mantienen abiertos los PILARES bajo esquemas de apoyo temporal, sin estabilidad, sin reconocimiento de antigüedad y sin los derechos que corresponderían a quienes realizan funciones sustantivas dentro de estos espacios comunitarios.
Durante siete años esta situación ha sido señalada en múltiples momentos por quienes participan en la vida cotidiana de los centros. Aun así, mientras la estructura administrativa crecía, la deuda con quienes sostienen el trabajo diario ha quedado pendiente.
En este contexto ocurre el reciente cambio en la conducción del programa. Para algunos podría verse como un simple movimiento administrativo. Desde la comunidad, sin embargo, también se interpreta como el resultado de años de tensiones acumuladas, de demandas no escuchadas y del desgaste de quienes mantienen el proyecto funcionando desde abajo.
También se comenta en territorio que este nuevo nombramiento responde, en parte, a las dinámicas institucionales que comienzan a reorganizarse rumbo a los grandes eventos internacionales que vivirá la ciudad, particularmente el próximo Copa Mundial de la FIFA 2026. En ese reacomodo de estructuras y visibilidad internacional, algunos cargos se mueven, se transforman o se proyectan hacia nuevas responsabilidades.
Pero mientras los nombramientos cambian en los niveles superiores, en el territorio permanece una pregunta que sigue sin resolverse: ¿cuándo llegará el reconocimiento real para quienes han sostenido el trabajo comunitario durante todos estos años?
Porque la historia de PILARES no pertenece únicamente a quienes aparecen en las estructuras directivas. Pertenece, sobre todo, a la comunidad que todos los días abre los espacios, acompaña procesos educativos, organiza actividades culturales y mantiene vivos los centros en cada barrio.
Por ello, frente a esta nueva etapa, desde la comunidad surge una felicitación que también es un recordatorio: el espíritu que dio origen a PILARES no puede separarse del reconocimiento pleno de quienes lo hacen posible.
No se trata de una discusión personal ni coyuntural. Es una reflexión colectiva sobre el rumbo de un proyecto que nació para fortalecer la educación, el arte, la ciencia y la organización comunitaria en los territorios.
Mientras tanto, los festejos parecen concentrarse arriba, donde los cambios de cargo suelen venir acompañados de nuevas oportunidades dentro de estructuras institucionales cada vez más amplias.
Abajo, en cambio, continúan el trabajo cotidiano, las clases, los talleres, las asesorías, los registros, los reportes… y también el cansancio acumulado de quienes han sostenido el proyecto durante años.
Frente a la designación de una nueva dirección general, la expectativa es clara: que quien asuma esta responsabilidad cuente con la sensibilidad crítica y pedagógica suficiente para comprender los orígenes comunitarios de PILARES.
Que entienda que estos espacios no nacieron como vitrinas administrativas ni como escenarios de simulación institucional, sino como lugares donde la educación, las ciencias, las humanidades, el arte y la organización social pueden convertirse en herramientas reales para transformar la vida en los barrios.
Solo así será posible recuperar el espíritu que dio origen a este proyecto: colocar nuevamente en el centro a la comunidad, a la pedagogía y al trabajo colectivo, por encima de una lógica operativa que reduce el esfuerzo comunitario a reportes, indicadores o imágenes de un mundo ideal que pocas veces coincide con la realidad del territorio.
El futuro de PILARES dependerá, en gran medida, de la capacidad de su propia comunidad para defender ese sentido de origen.