06/04/2026
Tuve que ir a reconocer el cu3rp0 de mi hijo. Ha sido el peor día de mi vida. Claramente le dije a mi hijo que no se comprara una moto, no me hizo caso.
Él tenía poco de entrar a trabajar en Santa Fe, le quedaba lejos y como al año me dijo que quería irse en moto para no perder tiempo. Nunca he sido alguien que limite las decisiones de mi hijo, pero eso me daba cosa.
Total que fue y se compró una moto muy bonita a crédito. No sé mucho de motos pero era Italika. Él tardó en agarrar confianza en salir, notaba que se daba vueltas cerca y me decía que tenía que correrla antes de sacarla más lejos.
Yo por dentro rogándole a Dios que no le pasara nada. En esas salidas se cayó y llegó muy raspado, yo sentía feo por él y traté de razonar con él de que la vendiera o que solo la usara recreativamente. Él me decía que solo fue una leve caída.
Noté que la dejó de usar un buen rato y también la mandó a arreglar. Y luego la vendió para comprarse otra moto más grande, él me decía que era mejor. Ya estuvo así como un año, iba y venía, se me había quitado el miedo, ya era normal abrirle el zaguán o escucharlo irse.
En la temporada de lluvias él normalmente llegaba tarde porque esperaba a que se bajara el tráfico, era normal que llegara como a las 10 pm. Pero un jueves dieron las 11 pm y no llegaba, las 12 y no me contestaba, tampoco le llegaban mis mensajes de WhatsApp. Cualquiera sabe cómo se siente esa preocupación.
Dieron la una, las dos de la mañana y yo ya no me podía sentar. Caminaba de un lado a otro en la sala marcándole, pero todo mandaba a buzón. A las 3 de la mañana por fin sonó mi celular. Era un número que no conocía. Contesté rápido pensando que era él pidiendo ayuda porque se le había descompuesto la moto o algo así.
Pero me contestó la voz de un hombre. Me preguntó si yo era familiar del dueño de ese celular. Le dije que sí, que era su mamá. El oficial me dijo que mi hijo había tenido un accidente, que necesitaban que me presentara en el Ministerio Público lo antes posible. Yo le preguntaba si estaba bien, si lo habían llevado a un hospital, pero solo me repetía que fuera para allá.
Sentí que se me fue el aire. Llegué a la delegación temblando, no sé ni cómo le pagué al taxi. Mi hermano me alcanzó allá. Un policía me pasó a una oficina y me empezó a pedir los papeles de mi hijo.
Yo le suplicaba llorando que me dijera dónde estaba, que quería verlo, que necesitaba saber cómo estaba. Me hicieron esperar un rato que se me hizo eterno, firmar unos papeles, responder preguntas que ni entendía.
Hasta que un señor se sentó frente a mí, me vio con lástima y me dijo que lo sentía mucho, pero que mi hijo no había sobrevivido al impacto. Me explicaron que, por la lluvia y la velocidad, la moto derrapó y se estrelló contra el muro de contención, que el casco no fue suficiente.
Después de eso me pasaron a reconocerlo. No quiero ni acordarme de ese cuarto del SEMEFO. Ver a mi muchacho ahí, en una plancha, lleno de raspones. Es algo que te destruye por dentro y de lo que nunca te recuperas.
Luego nos explicaron que teníamos que contactar a una funeraria para que se encargara de todo. Yo no entendía nada en ese momento, solo seguía lo que me decían. Horas después fue cuando ya nos lo entregaron en su caja y ya lo pudimos velar y todo lo que ya saben que se hace.
Hoy mi casa está vacía. Ya no escucho el ruido de su motor en la calle ni tengo a quién calentarle la cena en las noches.
Escribo esto porque todos los días veo a muchachos manejando como locos, metiéndose entre los carros, pensando que son de hule y que a ellos no les va a pasar nada.
Y a ustedes como mamás, se los digo de corazón: si sus hijos quieren una moto, háganles ver el peligro. La vida se te va en un segundo por no querer llegar tarde o por ganarle al tráfico. Ojalá sirva a alguien para hacer conciencia y que ninguna otra madre tenga que esperar a su hijo en la madrugada para que nunca llegue.
Si tienes una historia fuerte que quieras contar o que le sirva a alguien. Me la puedes enviar por Messenger.