03/06/2026
3-junio-1926
El sentido del voto de los católicos.
Durante el mes de mayo de 1926, el Episcopado mexicano publicó una carta pastoral en donde invitó a los católicos ejercer sus derechos y libertades políticas, ante la proximidad de las elecciones legislativas de julio de ese año. Esta proclama fue interpretada por algunos fieles para formar un partido católico nacional o abstenerse de participar en las próximas elecciones. Como antecedente, el 21 de mayo, el obispo de Durango, José María González y Valencia publicó otra carta pastoral en donde señaló el deber cívico de los católicos para defender su religión a través de los medios cívicos y pacíficos posibles. Ante esta situación, el 3 de junio de 1926, el diario Excélsior publicó un informe anónimo de algunas organizaciones católicas en donde se orientaba el voto de los feligreses ante las próximas elecciones:
Aun cuando los católicos, como católicos, no pueden organizar un partido de carácter confesional, ni pueden tomar parte en cuestiones de índole política —por prohibírselo tanto las normas dictadas por la Santa Sede y por el episcopado nacional, como las disposiciones terminantes de la Constitución de 1917—, están ahora dispuestos a hacer a un lado la indiferencia con que hasta hoy han visto las cuestiones electorales, absteniéndose sistemáticamente de ir a los comicios, porque tienen poca fe en la efectividad del sufragio y como ciudadanos de la República se hallan en la mejor disposición para trabajar activamente por el triunfo de aquellos candidatos a senadores y diputados, de cualquiera agrupación política, que manifiesten expresamente su voluntad de contribuir por cuantos medios estén a su alcance a la reforma de los artículos constitucionales que afectan a las creencias religiosas como son los relativo al culto y a la instrucción primaria.
Estos informes nos fueron proporcionados ayer en los círculos católicos, donde se nos manifestó, además, que ya se están haciendo las gestiones necesarias para el logro de los fines indicados. En efecto, numerosos propagandistas han salido de esta ciudad con destinos a diversos puntos del país, llevando instrucciones precisas de sus directores para que, en cuanto surjan candidatos a senadores y diputados en los distritos electorales que les han sido encomendados, se pongan al habla con ellos y, en el caso de que manifiesten su conformidad para la reforma de los artículos constitucionales señalados, les ofrezcan el apoyo efectivo de todos los elementos que no están conformes con los preceptos constitucionales que se pretende cambiar, en sentido favorable para la libertad de conciencia y de pensamiento.
Juzgan los católicos que este es el medio más eficaz de que disponen para lograr sus deseos, puesto que su fuerza electoral es a todas luces digna de tomarse en consideración, y en el caso de contar en las dos cámaras con un grupo suficiente de senadores y diputados, católicos o no católicos, pero de un criterio ampliamente liberal, les será fácil obtener la ansiada reforma constitucional. La determinación de tomar parte activa en las próximas elecciones para senadores y diputados es una consecuencia, de acuerdo con los informes que hemos obtenido, de la Carta Pastoral colectiva lanzada últimamente por el Episcopado mexicano, la cual fue publicada íntegramente por Excélsior; pues al tratar los señores arzobispos y obispos, en ese importante documento, el tema político, hicieron hincapié en la necesidad que todos los católicos tienen de cumplir con su deber sagrado de entregarse de lleno a la política, como ciudadanos en pleno uso de sus derechos.
Se tuvo en un principio la idea de organizar un partido político independiente, en el cual tendrían cabida no sólo los católicos, sino todos aquellos ciudadanos que comulgaran con los principios liberales sustentados por la agrupación; pero considerando que ya no habría tiempo para organizar ésta en debida forma, haciéndola capaz de llevar al triunfo a sus candidatos, se llegó a la conclusión de prestar ayuda, según hemos dicho, a todos los candidatos que estén dispuestos a trabajar por la reforma de la Constitución de 1917, de acuerdo con las aspiraciones de los católicos, sin tomar para nada en consideración el grupo político a que pertenezcan.
La premura antes las elecciones, el artículo 130 de la Constitución de 1917 y la propia ley electoral de 1918, hicieron imposible la creación de un partido católico, por lo que, los dirigentes católicos aconsejaban a los fieles abstenerse de votar, ya que, los partidos mayoritarios, la Alianza de Partidos Socialistas de la República (APSR) y el Partido Laborista Mexicano (PLM), apoyaban la política del presidente Plutarco Elías Calles. Otros católicos propusieron acercarse a las candidaturas independientes que fueran afines a su lucha de tolerancia religiosa. De acuerdo con el historiador Javier MacGregor Campuzano, en su artículo “Elecciones federales intermedias en el Distrito Federal: el camino hacia la reelección presidencial, julio de 1926”, no hay datos confiables para medir el número de participación en estas elecciones, pero se puede afirmar que se registró un alto abstencionismo, lo que reflejó la poca confianza del ciudadano hacia el desarrollo democrático del país.
📸 Miembros del Partido Católico, retrato de grupo. 1913. © (642492) SECRETARÍA DE CULTURA. INAH.SINAFO.FN. MÉXICO.