15/03/2022
Clavijero; entre la ilustración y la pared.
En este breve texto comentaremos la Disertación número 6 de Clavijero, un texto que sin duda alguna deja ver la maravilla que resulta ser este novohispano ante el mundo de su tiempo, ante el intelecto de su momento y sobre todo, ante el eurocentrismo en la ilustración.
Clavijero es por sí mismo un hombre en realidad interesante, sin embargo, inherente a él, la realidad política de Nueva España lo obligó a crear la maravillosa obra que hoy comentamos; Historia Antigua de México. La Historia de este novohispano residente de Bolonia y otros lugares de Italia –tras ser expulsado junto con los demás jesuitas de todos los territorios del imperio español- es en realidad una respuesta cuanto menos contundente al abismo de desinformación sobre América que los Intelectuales ilustrados estaban creando en Europa. Justamente lo dice Clavijero en el prefacio de su Historia, él escribe “… para reponer en su esplendor a la verdad ofuscada por una turba increíble de escritores modernos sobre América”1. Sería faltar a la verdad si habláramos de la ilustración sin hablar del eurocentrismo y racismo aplicado hacia américa, y es precisamente ese racismo al que confronta Clavijero en su Disertación VI.
A lo largo de toda su obra el autor hace un cotejo de fuentes que hacen relucir todo el trabajo de investigación que hizo para poder realizar su escrito, en realidad podríamos concebir a Clavijero como un hombre erudito pues algunas de las obras a las que hace referencia son sencillamente inaccesibles para él dado que fue expulsado de Nueva España. Clavijero tiene todo un amplio espectro de fuentes para escribir como textos de conquistadores y religiosos que tuvo la fortuna de conocer en Nueva España, e incluso en esta disertación llega a citarse a Montesquieu.
En cuanto al contenido temático de la Disertación VI encontraremos una exquisita crítica al trabajo Investigaciones Filosóficas de Cornelius de Paw, quién lo que hace en realidad no es una investigación filosófica sobre América, sino un tremendo discurso que pretende envilecer al continente y a sus habitantes. Para hacer ésta crítica a los escritos de de Paw, Clavijero hace meticulosamente un examen para cada uno de los puntos que llevan a de Paw a conjeturar que todos los americanos son “bárbaros y salvajes”, y “…los juzga inferiores en sagacidad e industria a los pueblos más toscos y groseros del antiguo continente”2. La realidad es que para cada uno de los puntos en los que de Paw juzga inferiores a los nativos americanos hay una respuesta totalmente contundente de Clavijero que refuta las palabras del filósofo holandés, quien por cierto, nunca tocó América.
De Paw les juzga de bárbaros a los americanos porque no utilizaban moneda, Clavijero responde con varios puntos entre los que destacaré una cita fundamental:
-“Los Atenienses, dice el mismo Montesquieu, porque no hacían uso de los metales, se servían de bueyes en lugar de monedas, como los romanos de ovejas”.3
Esto es, que en realidad los pueblos civilizados pasan por diferentes procesos históricos en los que tienen, a su vez, evoluciones económicas tales como el uso de bueyes en vez de una moneda acuñada por el busto de un rey. De aquello deriva el siguiente fragmento: “Si por moneda se entiende un signo representativo del valor de todas las cosas, como la define el mismo Montesquieu, es cierto e indudable que los Megicanos […] se servían de moneda en su tráfico.”4
Clavijero quiere decir lo que para nosotros resultaría casi obvio pero que para el filósofo holandés es un misterio; los americanos utilizaban objetos, que no monedas de metal acuñadas, como dinero. Y es que es algo básico entender que, en sus historias económicas, cada cultura tiene un sistema de mercado que, por primitivo que sea, guarda diferencias y semejanzas con los de otras culturas. Dicho lo cual no existe un solo fenómeno de mercado entre las culturas, por lo que cada una manifiesta relaciones diferentes con su mercado, entre ellas la relación del dinero o moneda.
Entre muchas otras de sus críticas a las sociedades antiguas de américa de Paw expone la falta de hierro entre los nativos. Clavijero confronta; si bien es cierto que el uso del hierro no era un arte presente en culturas americanas, si lo era el uso de muchísimos otros metales entre los que se encuentra el cobre y el oro. Es decir, la ausencia del hierro no marca ausencia de la industria de la metalurgia entre estas culturas, por lo que hacer una valoración denigrante a los americanos a causa de esto es algo sencillamente absurdo, ya nos recuerda Clavijero mismo que los europeos recibieron la industria del hierro de los asiáticos5 -como los americanos de los españoles-, y no por ello eran sus pueblos bárbaros o incivilizados.
Otro de los apartados a mencionar por de Paw en su afán por denostar a las culturas americanas es el de la ausencia de la construcción de buques de gran capacidad, puentes de piedra y cal para las construcciones. La contestación de Clavijero es devastadora, así que la parafrasearé en 3 puntos:
1. Los “megicanos” o pueblos aztecas del valle de México no construyeron nunca buques de gran capacidad porque no tuvieron nunca necesidad de ello, no había pueblos a los cuales ir a conquistar montados en un gran navío. Escribe Clavijero: “Los Romanos, apesar de haber fundado su metrópoli, tan próxima al mar, estuvieron 500 años sin construir buques, hasta que la ambición de ensanchar sus dominios…”6
2. Los “megicanos” de hecho si construían edificios como puentes de piedra y/o construcciones igualmente complejas en ámbitos arquitectónicos al tener arcos (arte que, según de Paw, no existía entre los nativos), prueba irrefutable de ello son los “temazcallis”.
3. Finalmente la conjetura del filósofo holandés respecto a la nula fabricación de cal entre los pueblos americanos, que es cuanto menos una aventurada e ignorante afirmación, se desmorona en tanto que Clavijero hace mención de los adornos de las casas y edificios en las ciudades americanas. “En las obras de Bernal Díaz, de Gómara, de Herrera, de Torquemada, y de otros […] Españoles que entraron en la ciudad de Cempoala, [se ve que] creyeron que eran de plata los muros del palacio principal”7, por ser estos adornados y acabados con cal.
Finalmente, para no alargar demasiado este comentario, Clavijero hace examen a la crítica hecha por de Paw respecto a las lenguas autóctonas de los americanos. Para nuestro autor escribir es “significar, representar, o dar a entender las cosas, o las ideas a los ausentes, y a la posteridad, con figuras, jeroglíficos o caracteres”8. Comúnmente vivimos en la idea de que escribir es tomar una hoja de papel e imprimir sobre ella, con tinta, palabras que formen un texto. Sin embargo esto no es siempre así, escribir resulta igualmente civilizado si se hace en un papel con tinta y pluma, escribiendo en alfabeto latino que si se hace en una estela con cincel, ma****lo y pigmentos naturales, en un idioma lagofonético. Es decir, pensar que una sociedad es lerda por no escribir como lo haría un europeo o descendiente de ellos es un despropósito. Ambas formas de escritura tienen el mismo fin, aun cuando cambien sus medios. Con esto entendemos que los idiomas americanos y sus respectivas escrituras no son en lo absoluto sencillas, salvajes o bárbaras, sino que en realidad son complejas y tienen sus propias características de gramática. Por cierto que el primer libro de gramática de lengua náhuatl, el Arte de la lengua mexicana, de Andrés de Olmos, llevaba escrito ya doscientos años por entonces.
Clavijero hace comentarios también en torno a las pinturas y el arte de los “megicanos”, en tanto que de Paw las refiere como “toscas representaciones de obgetos”. Lo cierto es que en el arte y pinturas de tradición nahua cada elemento pictórico tiene un significado y una técnica, que no son sencillas de apreciar desde una corte en Prusia.
Aunado a esto, nuestro autor muestra también tablas y catálogos con cientos de palabras en Náhuatl, exponiendo en cada apartado los errores en la interpretación hecha por de Paw en torno a la lengua “Megicana”.
Ya por último, Clavijero es sin duda un autor brillante, un más que digno exponente del criollismo novohispano y naciente nacionalismo. En el fondo es cierto que escritores como De Paw, y otros europeos ilustrados, escribían sus obras con los prejuicios racistas y eurocentristas del siglo XVIII. Y aunque aquello no excluye a escritores hispanos (de todo el imperio), si los hay quienes no se doblegan ante una corriente tan potente como la ilustración, pero que incurre en semejantes anacronismos.
-1 Clavijero, Don Francisco Javier, “Prefacio”, en Historia Antigua de Megico, trad. de José Joaquín de Mora, Vol. 1, Londres, R. ACKERMANN, STRAND, 1826, p. 11.
-2 Clavijero, “Disertación VI”, en SCRIBD: https://es.scribd.com/document/322791808/Disertacion-VI-Clavijero, 2016, Consultado por última vez el día 2 de marzo de 2022, p. 347.
-3 Ibid. p.348.
-4 Ibid. p.349.
-5 Ibid. p.352.
-6 Ibid. p.353.
-7 Ibid. p.354.
-8 Ibid. p.355.
Bibliografía de consulta:
- Clavijero, Don Francisco Javier, “Prefacio”, en Historia Antigua de Megico: sacada de los mejores historiadores Españoles y los Manuscritos y de las Pinturas Antiguas de los Indios; dividida en diez libros: adornada con mapas y estampas e ilustrada con disertaciones sobre la Tierra, los Animales y los Habitantes de Megico, trad. de José Joaquín de Mora, Vol. 1, Londres, R. ACKERMANN, STRAND, 1826, pp. 11-15.
- agonzalez_505074, “Disertación VI”, Clavijero, en SCRIBD: https://es.scribd.com/document/322791808/Disertacion-VI-Clavijero, 2016, Consultado por última vez el día 2 de marzo de 2022, pp. 347-399.
-La autoría del texto le pertenece a Hijos de la Nueva España-
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