25/05/2026
Hace más de un siglo en el Centro Histórico 🦁
El Primer Viaje en Automóvil en León año de 1904.
León, Guanajuato: Recuerdos en el Tiempo
León, principios del siglo XX. Si hoy ver un automóvil es algo tan cotidiano que casi no llama la atención, hace más de un siglo todo era distinto. Corría el año 1904 cuándo, por primera vez, ruedas mecánicas recorrieron las calles empedradas y estrechas del centro de la ciudad, dicho vehículo cada vez que pasaba, la gente se detenía, abría los ojos con asombro y se señalaban entre sí, como niños ante algo mágico. Sin saber bien cómo llamarlos, empezaron a decirles los coches eléctricos, nombre que nacía de la sorpresa más que del conocimiento técnico.
En ese año la novedad se transformó en la gran atracción de la región. Un grupo de amigos compró un automóvil Ford y decidió ponerlo a disposición del público los domingos y días de fiesta. Lo estacionaban justo en la Plaza Principal, el corazón de León, y allí se formaban filas larguísimas: adultos, jóvenes, familias enteras, todos esperando con impaciencia el momento de subir. El precio era de 50 centavos por persona, una suma que muchos juntaban con esfuerzo, moneda tras moneda, durante toda la semana, solo para vivir esa experiencia inimaginable.
El recorrido tenía una ruta fija, grabada para siempre en la memoria de quienes lo vivieron: salían por la Calle Real de Guanajuato hoy conocida como Calle Madero, seguían por la Calzada, llegaban hasta el Bordo del Río del Malecón, bajaban por la Calle de Pachecos, que ahora lleva el nombre de 5 de Mayo, y volvían al punto de partida. Duraba unos treinta minutos, y para todos, era la aventura más grande que se podía vivir en León.
Así lo cuenta un joven de esa época, cuya voz llega hasta nosotros como un tesoro del pasado:
“Por fin llegó el día que esperé toda la semana. Era domingo por la tarde, y después de estar formado un buen rato, llegó mi turno. Subí al coche, y al instante escuché ruidos fuertes, un estruendo que anunciaba que el motor arrancaba. Salía mucha humareda, pero yo estaba lleno de alegría, no me importaba nada.
Salimos por la Calle Real de Guanajuato, y por donde pasábamos, todos nos miraban, como si fuéramos personajes de un cuento. Al llegar a la Calzada, el conductor aceleró: íbamos a 30 o 40 kilómetros por hora, una velocidad que parecía volar. El coche no tenía parabrisas, y el viento nos golpeaba la cara, la humareda nos cubría, así que todos nos cubríamos la boca y la nariz con pañuelos para poder respirar. Pero nadie se quejaba, solo sentíamos emoción.
Cuando llegábamos al tramo cerca del Río del Malecón… ¡tronó una llanta! Tuvimos que detenernos en seco. El conductor se puso a trabajar, pero no tenía repuestos, ni gato, ni herramientas fáciles de usar. Solo tenía piedras, con las que levantó el vehículo poco a poco. El arreglo duró dos horas largas, pero para nosotros no fue un problema: nos sentíamos afortunados, tocábamos la bocina que sonaba con un sonido grave y fuerte: poooooo… poooooo… y nos reíamos, orgullosos de estar viviendo algo único.
Cuando terminamos y volvimos a la Plaza Principal, sentí que había hecho la excursión más grande de mi vida, una aventura que duró toda la tarde. Y durante toda la semana siguiente, no hablé de otra cosa: conté cada detalle a mis compañeros de escuela, y mi historia se convirtió en la más escuchada y admirada entre todos.”
Este relato no es solo una anécdota: es la huella de un cambio que transformó a León, Guanajuato. Aquellos primeros viajes no fueron solo paseos en automóvil; fueron el encuentro de una ciudad con el progreso, el momento en que lo desconocido se volvió parte de la vida cotidiana, y cada rincón, la Plaza Principal, la Calle Madero, el Malecón, la Calle 5 de Mayo guardó para siempre la memoria de los primeros pasos sobre ruedas mecánicas en esta tierra guanajuatense.
León Ciudad de Recuerdos.
Enrique Arrieta Mx 2010.
Añoranzas y recuerdos de León.
Federico Pöhls y Rincón Gallardo. 1957.