10/08/2020
Decían que el coronavirus iba a sacar lo mejor de nosotros mismos...
¿Os acordáis hace tan solo unas semanas cuando tuvimos esa sensación fugaz de unión y respeto entre seres humanos? ¿Cuándo parecía que habría un antes y un después en el trato que tendríamos entre humanos? Si, yo también lo tuve. Y qué bonito fue mientras duró...
Pero hemos vuelto a la realidad, a nuestra realidad. Nuestra generación, al igual que las generaciones que nos han precedido y (muy probablemente) las generaciones venideras, nunca hemos recibido una educación con esas características que tanto anhelamos. Esto es muy sencillo. Si somos educados en la irresponsabilidad, la competitividad y en el miedo, seremos irresponsables, competitivos y miedosos ; si por el contrario somos educados "desde otro lugar", quizás con valores más humanos, es muy posible que, entonces si, podamos divisar nuevos horizontes más esperanzadores.
Si desde un gesto de humildad y honestidad con nosotros mismos somos capaces de quitarnos todas esas "tonterías" que llevamos encima fruto de un pasado de adoctrinamiento, es muy posible que lo primero que sintamos es pena de nosotros mismos. Pena, porque detrás de tanta "mala palabra", detrás de tanto desprecio, de tanta indiferencia, de tanto debate absurdo y discusiones que no llevan a ninguna parte, detrás de tanta irresponsabilidad, detrás de todo eso, se esconde encarcelado la verdadera esencia que da sentido a nuestras vidas y a nuestra existencia, que no es otro que la relación con el todo a través del amor. Camino este que todavía espera ser descubierto.
Soy de los utópicos convencidos que todo esto únicamente se arregla con sistemas educativos que se acerquen más al ser humano. Tener prisionera la luz que mueve y da sentido a nuestra existencia es un lujo que, tarde o temprano, nos acabará pasando factura.
Son momentos difíciles, más para aquellos proyectos educativos y familias fieles convencidas en estructurar un nuevo mundo desde una nueva escuela, desde una nueva educación. Compañeras y compañeros, la realidad nos demuestra que somos más necesarios que nunca y que este es nuestro momento.